LOS CRÍMENES DE RIO NEGRO La muerte de Enrique Delepiani, compadre y amigo de Funes

LOS CRÍMENES DE RIO NEGRO  

LA AMISTAD DE FUNES: Asesinato del Señor Enrique Delepiani en la noche del 8 de mayo de 1913, por Tomás Funes y sus forajidos, en Rio Negro.

(Narración del testigo ocular Paula Soto)

Tomado del diario EL LUCHADOR de Ciudad Bolívar del lunes 30 de junio de 1913.


Transcripción: Miguel Guape


NOTA DEL TRANSCRIPTOR: Los anteriores 5 artículos de la seria LOS CRÍMENES DE RIO NEGRO habían sido transcritos y publicados hace 4 años. Se añade este último (inédito) a la serie, dado su valor testimonial.

Tomás Funes, sin crédito en el comercio, en años pasados estaba completamente quebrado, cuando Enrique Delepiani, le tendió mano bondadosa, dándole un crédito de consideración, y solo de esa manera pudo seguir trabajando. Las relaciones comerciales entre ambos eran conocidas y se limitaban: para Funes a recibir las mercancías que Delepiani subía anualmente al Territorio; para Delepiani, a esperar el pago de ellas que era condición estipulada, que debía efectuarse en goma a precio de la plaza, en San Fernando, y en los meses de abril o Mayo.

El 18 de noviembre de 1912, llegó Delepiani, a San Fernando de Atabapo, con sus mercancías, las cuales casi en su totalidad y en la misma forma y bultos que habían sido enfardelados en Ciudad Bolívar, fueron entregadas a Funes, por el empleado de Delepiani Pedro Celestino Pérez. De modo pues que a la cuenta sin saldar del año pasado, se sumaba esta nueva cantidad, alcanzando toda la deuda alrededor de ciento veinticinco mil bolívares, pagaderos en esta cosecha.

Delepiani estaba listo para venirse desde principios de abril y me había varias veces manifestado, la extrañeza que le causaba de que sus deudores de San Fernando, a pesar de los repetidos cobros, no le habían hecho ningún abono. Pero como aún no habían bajado las gomas del “Casiquiare”, y como él sabía que la cosecha había sido mala, y que casi todos los negociantes de la región estaban muy mal de situación, él tenía necesariamente que esperar, para no bajarse con las manos vacías, y sobre todo para recoger la cuenta de Funes que era su deudor principal.

Mientras tanto, y para no perder el tiempo, Enrique Delepiani se ocupaba en beneficiar once reses, que él mismo había ido a comprar a la “Isla del Tiro” casa del señor Víctor Aldana.

El 7 de mayo en la tarde, el Coronel Manuel María González, estuvo a ver a Delepiani. Era la primera vez que este tétrico personaje entraba en su casa, y yo pude observar, mientas conversaban, el cuidado que tenía González en estudiar con la vista la disposición de la casa y el patio. Este solicitaba de Delepiani, le aceptara un vale de cien pesos, del señor Salomón Khasen, o si no, que le facilitara cien pesos en efectivo que con urgencia necesitaba. González sabía perfectamente que los diarios de las tres reses ya beneficiadas estaban en poder de Delepiani y le extrañó mucho su negativa.

Tomás Funes personalmente, algunos días atrás, había invitado a Delepiani para tumbar al Gobernador, pero Delepiani, según lo aseguró más tarde, después de cometido el crimen, el mismo Funes díjole, “que él seguiría pagando todos los impuestos establecidos sobre la goma, por crecidos que fuesen” y que “era prudente de todas maneras que tuviera paciencia y que esperaran, porque probablemente el Gobernador modificaría sus procedimientos”. Tratando así de hacerlo desistir de sus propósitos subversivos, sin sospechar siquiera, que estos consejos y esta negativa fueron el único pretexto para que se dictara su muerte, y que desde ese momento su nombre figurara ya en la lista de las víctimas con el número tercero, inmediatamente después del Gobernador Pulido y de su Secretario.

El 8 de mayo en la mañana bajó del “Casiquiare” el Gobernador; Jacinto Gaviní, dueño de la lancha donde Pulido bajaba, venía con él. Delepiani se alegró mucho de este regreso porque auguraba que pronto bajaríamos para Ciudad Bolívar, y que lo haríamos hasta Maipure en esa misma lancha de vapor.

A las 8 de la noche, de ese mismo día, Delepiani, tranquilo y despreocupado, estaba en la esquina del señor Sulbarán, esperando a algunos amigos, cuando principiaron los primeros tiros, que dieron principio a la horrible carnicería humana.

Delepiani atravesó corriendo varios solares y regresó a su casa muy alarmado por lo que podía suceder, diciéndome que no me asustara, pues los gritos que se oían en la calle, aclamaban a su compadre Funes. Por completo ignoraba el plan sedicioso, confiaba mucho en la amistad que le aparentaban, y creía en la hidalguía de los hombres, no imaginándose jamás que su buen amigo y compadre Tomás Funes, su protegido, lo sacrificara tan cobardemente.

Hízome cerrar las puertas y ventanas, apagar las luces y me recomendó no la abriera a nadie. Estaba vestido de dril blanco y calculando que se viese obligado a abandonar la casa, en el caso que tuviese que huir, para que no se le distinguiera, quiso cambiarse esta ropa; púsose un pantalón de color y se ató un pañuelo de seda al cuello.

Muy ansioso e intranquilo, parecíale oir afuera, en el alar de la casa, las pisadas de algunas personas que andaban cautelosamente, y como en ese momento notara en el patio, en una enramada, un farol prendido, me dijo que fuera a apagarlo.

Un instante después, a mi regreso de esta operación, vi a Delepiani, que atravesaba la sala, dirigiéndose hacia la puerta de la calle para abrirla. Le supliqué que no lo hiciera; pero él me dijo que era el Coronel Manuel María González, su amigo que lo llamaba de parte de su compadre Funes. Púsose su revolver en la cintura y echado de menos un winchester que a dos pasos tenía, bien cargado, sin siquiera ponerse el saco, abrió la puerta y salió al dintel, para atenderle a las voces amigas que le solicitaban. Manuel María González con voz de trueno, al verle afuera, le grita: “Ud. está preso”, a lo que Delepiani responde sin temor alguna “que está a su orden” y sorprendido por la actitud inesperada del que minutos antes llamaba a su puerta, en nombre de la amistad, se deja quitar el revólver y queda completamente desarmado en manos de sus asesinos.

“Ya saben lo que tienen que hacer con este hombre”, le dice González a los facinerosos, que en la oscuridad de las tinieblas se llevan a la infortunada víctima.

En seguida, a diez o quince pasos de distancia, oí que reventaron dos tiros y el grito desgarrador de Delepiani que me hizo creer que le habían matado. Este era el propósito, pero los dos tiros que por detrás le hicieron, no acabaron con su vida, causándole dos heridas que no le impidieron correr hacia el río y botarse al agua, tal vez con el fin de sustraerse de sus perseguidores, haciéndoles creer que se había ahogado.

Con el hombro destrozado y chorreando sangre, pudo arrastrarse, rato después, hasta la casa de la señora Petra Uber que quedaba próxima. Allí llamó y le acogieron con bondad, le acostaron en un chinchorro y le dieron a beber árnica y agua que él pidió. Delepiani pudo lavarse las heridas con árnica, y se despojó completamente de toda la ropa, la cual estaba totalmente empapada de agua y de sangre, y se quitó un escapulario que cargaba al cuello, que le molestaba las heridas, para que le fuese remitido a su madre.

La señora de la casa le prestó solícitos cuidados al pobre herido y éste le manifestó que la persona que lo había herido por detrás, era un tal Casimiro Sarra (Avispa) y que él creía no llegar vivo hasta el día.

Allí hubiera amanecido y hubiera muerto tranquilo y asistido por la buena señora, si sabedor Funes de que aún vivía no hubiese mandado a buscarlo para darle amparo y protección. Las personas encargadas de esta fúnebre comisión fueron Wendehake, Emiliano Manrique y un catire Borrego; los tres acompañados de un joven Martín Navarro, que se había refugiado en una casa no lejos, y que esta misma comisión había reclutado, allí oculto, llegaron en solicitud de Delepiani. Hubo que buscar una vara para amarrar el chinchorro y después colocar en él al herido. Esta operación duró cierto tiempo, mientras él se quejaba mucho del dolor y le suplicó a Navarro le ayudase con sus manos a sujetar la cabeza, pues la herida del hombro derecho le hacía sufrir mucho, y todavía confiado insistió con los comisionados, para que lo llevaran a la casa de su compadre Funes.

Allí lo llevaron, pero Funes a pesar de que Delepiani, le tendía la mano, y le repetía que él era su amigo, que lo salvara, se hizo el de la vista gorda y mandó a llevarle en casa de Carlos Tovar, en el cuarto de Enrique Odremán, cuñado de Delepiani.

Mientras este último recorría en esa noche horrible, su triste odisea, González, al verle desaparecer de su casa de habitación, se precipitaba en ella, espada en mano, gritando: “dónde está la mujer”, haciéndome huir despavoridamente, y con las manos aún llenas de sangre de las primeras víctimas descerraja el baúl de Delepiani y los míos y se apodera de todos los documentos de importancia; el libro mayor, del reloj de oro. Y de todo el dinero que en ellos había y que alcanzaba alrededor de trescientos pesos. Todos los documentos y constancias relativas a la deuda de Tomás Funes, de Jacinto Gaviní y de otros comerciantes del Territorio fueron sustraídos. El pretexto de la muerte de Delepiani había sido su negativa de acompañarlo al levantamiento, el único móvil el robo y la única causa la prosperidad efectiva y su independencia de carácter.

En el cuarto de su cuñado Odremán, Enrique Delepiani pudo descansar en una hamaca; estaba solo y temiendo que sus verdugos le persiguieran hasta allí, trancó la puerta del lado adentro, de la mejor manera que pudo. No se había equivocado en sus tristes predicciones: así como a la una de la noche, el gran ejecutor de Funes, Manuel María González con otros asesinos, acudieron a ensañarse sobre su inocente y ya casi exánime víctima. Abrieron la puerta a los culatazos y se precipitaron en el cuarto.

Entonces el moribundo, les suplicó por su madre, por sus hijos, por la amistad que le ligaba a Funes, que le dejaran morir tranquilo, que le permitieran escribir, que él sabía que no sobreviviría muchas horas a sus heridas. Todo fue inútil, le hicieron poner de pie, y envuelto en la hamaca, la cual habían trozado al nivel de las cabulleras, y que debía servirle de sudario, lo arrastraron, sugetándole por las axilas, porque ya no podía caminar, hasta cerca de la zanja que debía sepultarlo.

Avispa, Juan Emilio Prieto, Sifontes y otros más fueron los infames ejecutores de González, en el camino un tal Medina les gritó, “cuidado como dejan ir al preso”, mientras González le decía: “componga el paso”.

El preso era ya un agonizante, cuando el mismo Medina y Sifontes le dieron dos tiros para rematarlo. Fue enterrado aún caliente envuelto en la hamaca en la misma zanja junto con diez víctimas más, entre los cuales estaban Baldomero Benítez, Roberto Pulido y Antonio Espinoza.

Cd. Bolívar: 24 de junio de 1913.

Paula Soto.

 

100 AÑOS DEL FUSILAMIENTO DE TOMÁS FUNES

100 AÑOS DEL FUSILAMIENTO DE TOMÁS FUNES

HISTORIA HEMEROFRÁFICA DE AMAZONAS I

LOS CRÍMENES DE RÍO NEGRO

Tomado de:

EL LUCHADOR

Diario de la tarde

   Ciudad Bolívar, 1° julio de 1913

   Año VIII              NÚMERO 2.858

Relación de Pedro Ignacio Solano

 

Transcripción de

 Miguel Guape*

 

NOTA DEL TRANSCRIPTOR: El presente documento hemerográfico forma parte de una relación pormenorizada de los hechos del 8 de mayo de 1913, cuando Tomás Funes tomó el poder en Amazonas a sangre y fuego, eliminando esa noche a toda la camarilla gobernante. Fueron reflejados en la prensa nacional y de Ciudad Bolívar. Esta relación de alguien que participó y fue testigo presencial de los hechos, continuará con otros  que también estaban presentes y los describieron para la posteridad. Nuestro actual estado Amazonas siempre, a través de la historia, ha sido un emporio de violencia, robo y saqueo que aún continúa. Estos hechos tuvieron una gran resonancia porque Funes mató a gente blanca. Pero hay que remarcar que hubo una tal violencia y crímenes contra el indígena que causó un genocidio silenciado por los historiadores, porque simplemente no nos consideraban algo importante.

A continuación la relación del Sr. Solano:

El 9 de mayo me encontraba en Maipures con Di Loreto y su señora, Eurasio Rodríguez y Epifanio Marcano listos para salir para San Fernando. Allí fuimos detenidos por las fuerzas de Néstor Pérez Briceño1 montantes a cuarenta hombres armados de Winchesters, que llegaron en el vapor de Gaviní2. Briceño bajó hacia Atures, regresando a los cuatro días con dos prisioneros que eran Manuel María Baldó y Pedro Pulido3, con quienes nos embarcaron al segundo día con rumbo a San Fernando, al llegar a este punto fuimos conducidos inmediatamente al cuartel general de Tomás Funes, quien nos puso en libertad, dejando a Baldó a Pulido y a Manuel Antonio Nese presos. Al día siguiente supe que habían fusilado a Baldó a Pulido y a un joven de nombre Hernán Trujillo, en el sitio llamado Don Diego. Al llegar al cuartel donde había más de quinientos hombres bien armados me hicieron cortar al rape el pelo, a pesar de que me oponía a ello.   Supe al llegar de regreso a Maipures que habían matado a Don Víctor Aldana4 y a tres hombres de apellido Leal y a un  señor de nombre José Dolores. El ejecutor de todos estos fusilamientos es el General Manuel González5   y los asesinos son dos muchachos llamados Avispa y Medina.

Los fusilamientos los ordena el general Tomás Funes, Jefe de las fuerzas quien me firmó un pasaporte como Jefe del Territorio Amazonas anteponiendo a su firma las palabras “Dios y Federación”.

Según oí diciendo en Maipures, la muerte de Don Víctor Aldana obedeció  a que le encontró el General González, una nota en el bolsillo del saco al saludar González a Aldana, notó que de uno de los bolsillos del saco de Aldana, salía un papel y entonces se lo sacó, resultando que era la lista de todos los sacrificados por Funes y sus compañeros, y esto fue suficiente para que en el acto lo fusilaran. A Mariano D´ Julio lo mataron porque sospechaban que había abierto una correspondencia dirigida a Maestrachi el jefe de Atures. El general Funes dice en pleno campamento que si el Gobierno no le manda un Gobernador como ellos lo desean, cualquiera que manden sin las  condiciones que ellos exijen “lo despegan” (palabras textuales de Funes). Que los únicos gobernadores que aceptarán son el general Manamá, Doroteo Flores, Tavera Acosta y Bernardo Guevara6, por ser según voz general estos individuos los únicos que les pueden presentar garantías, porque ya conocen cuáles son sus procederes ajustados a la ley. Fuimos puestos en libertad por Funes quien nos permitió regresar a Ciudad Bolívar, pues según él, este movimiento no tiene ningún fin político, sino el de hacer respetar en lo porvenir los intereses de los trabajadores en aquellas regiones, intereses sujetos a la codicia de los Gobernadores. Esto dicen ellos, supongo que fuera para que los oyéramos, pero ignoro qué fin se proponen tántos hombres armados y resueltos a todo. Regresé junto con mis compañeros el 4 de junio, llegando a esta ciudad el 27 de junio, horrorizado de todo lo que ví durante los quince días, en que se me dió el pueblo de San Fernando por cárcel, como están muchas personas que han subido hasta allá, encerrados dentro del Cacure.

 

Ciudad Bolívar; 1º de julio de 1913.

P. Igo. Solano

 

NOTAS

 

1.   Se hace la transcripción y se respetan la redacción y ortografía original.

 2Las llamadas las hace el transcriptor y son las siguientes:

 1Néstor Pérez Briceño. Matón de Funes. Fue Gobernador y murió envenenado, quiezás con autoría de Funes.

Jacinto Gaviní: el primero con ese apellido que vino al Amazonas. Participó al lado de Funes en los hechos sangrientos del 8 de mayo de 1813. Fue asesinado en Brasil por el facineroso de esa nación Higinio Antonio de Albuquerque el 19 de agosto de 1919 en Mandiguá, cerca de San Gabriel de Cachoeira. 

Manuel María Baldó y Pedro Pulido: Cuñado y hermano del gobernador asesinado Roberto Pulido.

Víctor Modesto Aldana: Cauchero de larga trayectoria en Amazonas. Fue gobernador accidental en 1904.

General Manuel Ma González: Segundo de Funes. Luego sería mandado a matar por su mismo jefe.

Manuel Maestrachi Afanador de Ciudad Bolívar: Jefe de Atures. Estuvo al lado de Funes. Fue muerto en forma trágica el 11 de octubre de 1915 en Babilla Flaca, al frente de Puerto Carreño- 

CASA DEL CONGRESO DE ANGOSTURA. AHÍ FUNCIONA, AL LADO DE LA GOBERNACIÓN Y FRENTE A LA PLAZA BOLÍVAR DE LA CIUDAD, EL ARCHIVO HISTÓRICO DE GUAYANA, DONDE REPOSAN LOS DOCUMENTOS DE NUESTRA HISTORIA REGIONAL AMAZONENSE, COMO ANTIGUO ENTE POLÍTICO PERTENECIENTE A LA PROVINCIA DE GUAYANA.

Ciudad Bolívar,  septiembre de 2017.


NOTA  Este Artículo fue publicado el 6 de septiembre de 2017.en http://www.cronistadeatures.com.ve/2017/09/historia-hemerofrafica-de-amazonas-los.html

Ha sido ampliado 

*Cronista del estado Amazonas

 

Escritores Amazonenses

Escritores Amazonenses
Abel David Barrio Matos





HISTORIA GENERAL DEL ESTADO AMAZONAS (4) CAPÍTULO II NUESTROS LIBERTADORES Hipólito De La Cueva, Libertador de Amazonas (II)

Con fecha 14 de enero de 1820 De La Cueva escribe sendas cartas al Gobernador de Guayana Alonzo Uzcátegui y al Vicepresidente del Estado Juan Germán Roscio donde hace un resumen de su gestión hasta la fecha: (Ver Anexos 1)

1.- (…En cumplimiento de los deberes de mi encargo, incluyo a Ud. un estado de la fuerza que se halla a mis ordenes en esta frontera…).

 Lamentablemente este importantísimo documento no fue encontrado en el AHG. En él debe estar asentado parte de los integrantes originarios que vinieron desde Apure a libertar Amazonas. El grueso de las fuerzas estaba presente en el Fuerte San Felipe, frente a San Carlos de Rionegro, a orilla del río Guainía, en fronteras con Brasil, quien tenía presencia militar en el fuerte de Maravitanas. 

2.- (…remito igualmente dos flecheras q. he hecho construir por su orden directa…).

En esos tiempos Rionegro había carpinteros de rivera que ejercían su libre profesión. Cuando estuvo gobernando De La Cueva, Amazonas también colaboró con la guerra de independencia.

En el Correo del Orinoco de entonces también apareció la reseña que:

(“Además de las seis flecheras enviadas a Apure en 1819. Cuevas remitió a Angostura dos más, armadas y elaboradas por la gente de Río Negro”). (AHG - Hemeroteca - Correo del Orinoco Nº 1 - Angostura sábado 27 de junio de 1818).

3.- (“… he de hacer conducir a esa ciudad una cabulla que he agenciado pª. proveer las muchas necesidades q. padecen la Compª. de esta guarnición q. se encuentra en el lugar mas distante de todo el Departamtº…”).

 Como bien hace notar, las necesidades eran muchas y echa mano a los pobres recursos de entonces que se podían comercializar, en este caso las “cabulla de Rionegro”, reputados mecates hechos artesanalmente de la fibra del chiquichiqui y de uso en la navegación para amarrar los barcos. Tenían las ventajas de ser muy livianos (flotaban) y muy resistentes: no se deterioraban con el ambiente agresivo del agua.

De La Cueva le buscó la mejor solución al problema de la comida, como veremos a continuación: 

4.- (…“del Apure auxiliaron con doscientas reces. Que conduje al pueblo de Maypures a mitad del invierno pp hasta ahora no han sido de ninguna utilidad, pues el transito y la nueva savana  lo inutilizaron de modo q. aun todavía no se puede contar con el q. ha quedado; por lo que he tenido que seguir sufriendo los gastos indispensables, q. U. sabe he costeado desde que se funa el destacamento”…).

 De La Cueva introdujo ganado vacuno en Amazonas con miras al auto abastecimiento en una zona que carecía de lo más elemental, como la comida. Sabiamente y como buen llanero la llevó hasta las sabanas de Maipures, parte extensiva del Arauca, zona ganadera por excelencia y región entonces venezolana. La visión de permanencia y pertenencia de nuestro Libertador se pone de manifiesto en este y otros hechos que buscaban solucionar los ingentes problemas de una región pobre, abandonada y deprimida.

 La ganadería de subsistencia, que no de explotación y exportación, es uno de los rubros indispensables para el autoabastecimiento de Amazonas (hoy día con mayor razón); así se ha demostrado a través de la Historia que gente pensante y previsiva actuó en consecuencia. Los jesuitas fueron los primeros en llevar ganado hasta Carichana y Atures (futura Puerto Ayacucho), en el siglo XVIII. Los misioneros, adonde quiera que fueran para la evangelización, llevaban la ganadería por delante. Lamentablemente fueron expulsados de Latino América. La Comisión de Límites también introdujo ganado por la ruta río Cuchivero – río Erebato – río Ventuari – San Fernando de Atabapo, según también hemos visto. La ganadería aparece nuevamente en el censo1 del Gobernador de Guayana Manuel Centurión de 1766: los jesuitas, recién expulsados, habían dejado 350 reses en Maypures y ¡6.434 en Carichana!: y eso era Amazonas. Para 1773, siete años más tarde, el censo arrojó: 250 reses en Maypures, 7.692 en Carichana y 353 en Atures.

Cuando pasó Humboldt, menos de 30 años más tarde, en 1800, nada de esto existía.

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1 AHG – Documentos Grabados en discos DVD - FOTOGRAFIAS de Documentos, Cartas Geográficas y Cuadros Estadísticos Relacionados con el Gobierno de Don Manuel Centurión en la Provincia de Guayana - Tomo 13.

Para aquel entonces, las órdenes religiosas presentes eran los misioneros Capuchinos de Andalucía y los Franciscanos Observantes. La ganadería en Amazonas,  en  pequeñas  cantidades y distribuida estratégicamente en su geografía, es un hecho que se justifica plenamente, ya que el Amazonas no soporta la introducción de grandes masas humanas, debido a la fragilidad de los suelos que no permiten las grandes deforestaciones para la agricultura y la cría en forma intensiva. Otra limitante es la escasez de la fauna y su equilibrio como fuente primaria de proteínas para la población residente. Por lo tanto, la ganadería in situ, en cada comunidad o poblamiento, es una de las soluciones. Actualmente se puede observar que hay ganadería en pequeña escala en Manapiare y La Isla de Ratón, contribuyendo con la dieta en esos sitios.

Después de 1820, tendremos que esperar hasta 1843, cuando Pedro Joaquín Ayres, como Director del Distrito de Reducción de Indígenas, introdujo de nuevo la ganadería con las mismas intenciones: el autoabastecimiento.

La ganadería de Maypures, en esa época, puede considerarse como el único bien de valor en el mercado en Amazonas y por lo tanto una fuente de corrupción para los sucesivos gobernantes, según lo veremos en el desarrollo de esta Historia. Incluso, hubo gobernantes que fueron denunciados y enjuiciados por este hecho.

 Al salir De La Cueva de su mandato y ser sustituido por Manuel Echeverría, éste fue el primer acusado, por ante un tribunal militar, por hechos criminales que deben constar en el extraviado expediente de la causa. Lamentablemente los papeles principales fueron sustraídos  y/o extraviados y no se encuentran en el AHG; existen  algunos  documentos  donde se  hace referencia  al   caso,   y  se  puede  inferir  algo  al  respecto. Cabe entonces preguntar: ¿acaso la acusación tenía algo que ver con el ganado, que era la única riqueza tangible del Amazonas de entonces? Porque, como veremos, los impuestos recaudados eran insignificantes.

5.- Con la misma fecha, 14 de enero de 1820, escribía al Gobernador: (Ver Anexo 2)

“Desde el tres de Agosto del año ppdo. que llegué a este Departamento me encargué de la administracn de la Hacienda publica… Creo debe estar en su noticia que los Españoles jamas impusieron a estos habitantes dro. alguno: bien fuese considerando su miseria o pr. estar estas poblaciones comensando a formarse, aquí no se pagaba tributo, diezmo ni alcabala los indios solamte”…“pr. lo q. no esta en su noticia otra contribucn. que la de su sexo, eceptuados los artículos de 1ª nececidad seria de tan poca cantidad q comparada con el resultado, nos redundaría, mas mal, que bien. Estos motivos me han estimulado a no conprehender los naturales, y solamente a los comerciantes, y lo pongo a la alta consideracin. de U. pa. su inteliga. y  pa. q.  en consideracin. de lo expuesto, determine lo q. tenga a bn…El C. J. Antonio Gonzalez entregará a esa Tesoreria ochenta y cinco ps.  que hasta ahora he recaudado, reservando las cuentas hasta mi ida a esa Capl. y dándome recivo pa. mi resguardo”.

Rionegro no producía ninguno de los rubros que generaban riquezas en Venezuela: cacao, tabaco, ganado, etc.; tampoco había gente que las produjera y así permanecimos hasta el final del siglo XIX, cuando vino el boom del caucho. De ahí el planteamiento de nuestro gobernante de exonerar a los indígenas de los impuestos y endosárselos a los comerciantes, los cuales eran muy pocos, además.

6.- Otro punto importante para el Amazonas de la época es que durante tres décadas más o menos estuvo sin efectivo, cuando la moneda oficial era la Macuquina del antiguo régimen español y la Macuquina acuñada en Caracas en la segunda época de la República; pero en Rionegro no circulaba y las pocas transacciones comerciales se hacían con el trueque de mercancías.  De la Cueva trató de remediar la situación con la introducción de la Yagualera, moneda que había sido acuñada por José Antonio Páez en Barinas, con miras a hacerla circular en los llanos, donde existía el mismo problema. Privado de recursos en la Provincia de Barinas, aislado y sin un signo de conversión para el comercio, se vio obligado a acuñar moneda. Se enfrentaba con la situación de que esta moneda había sido declarada ilegal en el resto de Venezuela. Las averiguaciones condujeron más tarde a encontrar en Barinas la fuente del dolo y el General Páez era el responsable.

En efecto, el 18 de junio del mismo 1818, Bolívar dictó un decreto de tres artículos sobre la materia:

 “Articulo 1º.- La moneda acuñada en la Provincia de Barinas no circulara en ninguna de las otras Provincias de Venezuela, en atención a que le falta la ley, el peso y la perfección del signo.

Articulo 2º. - Tanto en aquella provincia, como en las demás de la República se prohíbe la circulación de otra moneda que la de cordón de oro y plata: la Macuquina del antiguo régimen Español, y la Macuquina acuñada en Caracas en la segunda época de la República.

Articulo 3º.- Sin embargo de lo dispuesto en el artículo precedente, en beneficio del crédito de la Provincia de Barinas, y para evitar los perjuicios que sufrirán la moneda mientras se amortiza por el Gobierno”. (AHG - Hemeroteca - Correo del Orinoco Nº 1 - Angostura sábado 27 de junio de 1818).

El problema del circulante de la moneda en Rionegro era crítico y trató de solventarlo de alguna manera. En el último año de su mandato, en oficio del 14 de enero de 1820 al Gobernador de la Provincia de Guayana De La Cueva manifiesta al Gobernador que: (Ver Anexo 1)

Como este departamto. fue libertado de orden del Ejto. de Apure y permanecimos algún tiempo bajo sus órdenes inmediatas, se mantubo la moneda Yagualera; pero habiendo variado ya esta circunstancia, y persuadido de q. siguiendo en su vez se introduciria mucha más a estos pueblos donde debe estar prohibida, mande que las pesetas no tuviesen sino el valor de un real cada una; evitando de este modo la introducción y la total perdida de los que la habían recivido, a quienes queda igualmte. el recurso de llevarla o mandarla al Apure y en usarla sin demerito; lo que aviso a U. para su aprobación o ulterior determinación…”.

 De este párrafo se infiere que definitivamente nuestra libertad vino de Apure. Si bien el Capitán Hipólito De La Cueva Afanador era guayanés de origen, peleaba durante la guerra de Independencia a las órdenes de Páez en los llanos de Apure. Fue Páez quien dio luz verde a nuestro Libertador de invadir esta región. Tuvo que armar su propio ejército y financiarlo, según exposición escrita.

Durante largo tiempo tuvimos ese problema de la circulación de la moneda y hubo gobernantes como Manuel Echeverría que propuso al Gobierno de Guayana la libre circulación de la moneda brasileña en la región, aunque su proposición al parecer quedó en el aire.

7.- En el año de 1818 la viruela comenzó a causar estragos en la Provincia de Guayana y se extendió hacia Rionegro. El Periódico Correo del Orinoco Nº 56 - Angostura 25 de marzo de 1820 reseña el caso:

 “En 1819 una epidemia de viruela asoló los pueblos amazonenses y con la prontitud del caso se hicieron llegar a Cuevas las vacunas en número tan suficiente que remitió por su cuenta al comandante portugués una porción para aquel territorio, convirtiéndose el oficial venezolano en un pionero de la integración con el Brasil”.

De La Cueva da noticias del caso, desde San Fernando de Atabapo, en su carta del 14 enero de 1820:

La Bacuna, aunque tarde, llego útil y produjo un efecto saludable en los pueblos que aun no estaban contagiados de la mala viruela todavía se conserva la semilla”. (Ver Anexo 1).

8.- También incentivó las relaciones comerciales y militares del lado brasilero y se intercambiaron varios rubros como cuerdas de chiquichiqui (cable de Rionegro), brea y cacao a cambio de lo cual recibirían ropa, plata, tabaco y sal. Ofrecía también carne y queso traída de Apure. Como se puede observar, en los comienzos de la era Republicana, las relaciones de Rionegro eran con Apure, porque de allá vino y se decidió nuestra Independencia y, posteriormente, pasamos a ser parte de la Región Guayana.

9.- Cuando en 1817 entraron nuestros Libertadores con De La Cueva a la cabeza para liberar al Amazonas del dominio español, fueron expulsados y/o huyeron los misioneros Franciscanos; presente y fresca aún estaba en sus mentes la reciente masacre de los Misioneros Capuchinos Catalanes del Caroní. Debían, además, jurar obligatoriamente fidelidad a la República, cuando todos eran realistas. Ante esta huida, solamente quedó la presencia del sacerdote de la parroquia de Solano, el P. Observante Juan Sebastián Márquez, quien, posteriormente, también debió abandonar Rionegro, porque, al año siguiente, De La Cueva solicitó del Gobierno que le enviara un sacerdote:

 “...es de primera necesidad que Ud. mande un sacerdote, para que bautice y case a tantos infieles que carecen de esta caridad”. (Tavera Acosta, Río Negro, Caracas 1954. Citado en: Ramón Iribertegui - Ángel Martín, La Iglesia en Amazonas, Publicaciones ISSFE, Los Teques 1994, pág. 51).

 La petición de De La Cueva fue concedida y en 1819 llegó a estas tierras el P. Clemente Pérez, pero murió ese mismo año. En misiva del 14 de enero de 1820 da cuenta al Gobernador del deceso: (Ver Anexo 1)

“El tres de septiembre llegaron a esta los peones q. condujeron al Capuchino Pro. Clemente Pérez q. habia ido en solicitud de un mueble y familia pr. q. le había acordado el destino, quienes me informaron su muerte e inmediatamte. procedi a inventariar lo que había dejado en poder de su sacristan y agente en este pueblo (C. J. Antonio Perez quien presento lo siguiente - una xxdia (ilegible) y un calix sobredorados - una lampara  con un cabo de oleos - y unas vinateras todo en plata - veinte y una pza de ropa - decir de multitud de libros parroquiales y de su uso - un reloj de palo de campana descompuesto - seis y medio almudes de sal - unos restos de botica - una silla con su herraje de plata la que ha reclamado Perez pr. ser de su propiedad y aun mas añade que el difunto le era deudor de doscientos pesos. Este inventario firmado de los testigos q. lo presenciaron y lo q. en el se expresa queda en mi poder hasta la determinación de U. menos la sal que remito a Sn. Carlos pa. distribuirla a la tropa.

 La rectitud de nuestro Libertador lo indujo a inventariar todo lo que dejó el occiso. Lo sustituyó el P. Mateo Manzaneda a quien volveremos a encontrar en el devenir de esta Historia. En el Rionegro gobernado por De La Cueva no había curas ni iglesias. 

Los primeros religiosos que llegaron al Amazonas fueron los jesuitas hacia el siglo XVII, quienes fundaron la población de Atures (futuro Puerto Ayacucho), como ya vimos. La Expedición de Límites, ante la negativa de los jesuitas de acompañarlos para adentrarse en el Amazonas, llevó consigo al Padre Fray José Antonio de Jerez de los Capuchinos de Andalucía, quienes aquí misionaron durante años. Fundaron durante su permanencia los pueblos Santa Bárbara, San Antonio, S. Francisco Solano, S. Miguel de Davipe y S. Bartolomé. La Expedición de Límites había fundado ya San José de Maipures, San Fernando de Atabapo, San Carlos de Río Negro, Maroa y La Esmeralda.

 Una vez finalizada La Expedición, en 1771 los Capuchinos abandonaron Rionegro, ante el acoso y limitaciones extremas del Gobernador de la Provincia de Guayana Manuel Centurión. Pero a petición del propio Centurión, al año siguiente se encargaron de las misiones del Medio y Alto Orinoco los Franciscanos de Píritu, quedándoles confiado el inmenso espacio que iba desde Angostura hasta el Brasil, comprendiendo todo el Amazonas. En el año 1780, eran 19 los pueblos atendidos por los Franciscanos en el Orinoco y Río Negro. Con la expulsión de éstos en 1817, salvo esporádicas visitas, la actividad de la Iglesia en el Amazonas desapareció prácticamente hasta 1933, con la llegada de los Salesianos.

La presencia de algunos sacerdotes, no siempre muy edificante, chocó fuertemente con un sistema establecido en las bases de la extorsión y explotación del indígena, lo que los llevó a desanimarse y dejar el campo de trabajo. De La Cueva también acusa a los Frailes de tales prácticas y abuso al indígena y los denuncia en su carta del El 14 de enero de 1820 al Gobernador: (Ver Anexo 1)

el despotismo frailesco, estando sujetos a la arbitrariedad de los ministros de sus respectivas misiones: estos thetrareas (incomprensible: tal vez sea theotrarcas) los concideraban como seres destinados pr. el cielo pa. contribuir a su felicidad temporal y los ocupaban pr. turnos en el servicio de sus personas familias y negocios”.

En abril de 1820, De La Cuevas ejercía aún el cargo de Gobernante del Departamento Alto Orinoco y de Río Negro y durante el lapso del resto de ese año fue sustituido por el Capitán Manuel Echeverría. Indudablemente que De la Cueva fue uno de nuestros buenos gobernantes, el primero de la Era Republicana y de la corta lista de los excelentes mandatarios en la Historia de Amazonas. Como puede apreciarse, fue fructífera la labor desarrollada por nuestro Libertador en el tiempo en que permaneció en estos lugares. La posteridad amazonense le debe un justo reconocimiento.

El desconocimiento de la Historia Regional nos lleva a ignorar a nuestros héroes, en este caso, al Libertador de Amazonas. Salvo la honrosa excepción del nombre del edificio de la Alcaldía de Atures, Hipólito De La Cueva es un ilustre desconocido en Amazonas. Antes, el 99% de los amazonenses desconocíamos quién era. Ahora, con su flamante nombre en la sede de la Alcaldía, ese número debe haber bajado del 90%. Para eso sirve la Historia.

 Este se debe al Historiador-Alcalde L. J. González Herrera, un político que tenía un profundo conocimiento de la Historia de Venezuela, como debería tenerlo todo gobernante de Amazonas. Este nombre debería estar presente en la toponimia de la región, en escuelas, plazas, calles, etc., como un homenaje a tan esforzado patriota. También se debería enseñar en las escuelas quién fue el Libertador de Amazonas.

Ojalá los futuros gobernantes se enteren de la Historia de Amazonas y dejen de ponerlos los nombres de locas y carretilleros a los lugares importantes de la ciudad. Eso habla de su pobreza mental.

Nuestra principal Avenida Perimetral tiene una estatua de “la loca Rosa”, como una persona relevante de nuestra historia. Sus méritos son muy cuestionados para colocar ese monumento en un lugar tan importante de nuestra Ciudad y desdice mucho del gobernador que ordenó ponerlo. No es la primera vez que se escribe sobre tal mamotreto.

 Al respecto ver:

https://www.blogger.com/u/1/blogger.g?blogID=6851714899663881388&useLegacyBlogger=true#editor/target=post;po

Con razón afirmaba un ayacuchense: “en esta ciudad le levantan estatuas a las locas ¿será que no hay otras personas?”. Tiene razón este señor. También debería añadir que le ponen el nombre a un comedor popular, por ironías de la vida, de un señor que murió de hambre e indigente. El actual cronista de la ciudad quiere cambiarle el nombre a la calle Piar, cuando este Prócer fue el Precursor de la Independencia de Amazonas, según lo hemos visto. Eso es desconocimiento de nuestra historia regional, al no tener noticias de nuestros héroes ancestrales y valorarlos.

Observamos con pesar el nombre puesto a ciertas escuelas de educadores que no lo merecen, por irrelevantes, para no decir otra cosa: Juan Ivirma Castillo fue alguien que, además de despreciar a Amazonas, vivía más en las cantinas que en las escuelas; murió en su ley, al volcarse en su auto en estado de ebriedad extrema. (Barrios L., C. JosafathA modo de una Autobiografía – Maturín 2014: 2); Álvarez Piña era alguien que vivía más en las farras y galleras que en los salones de clase (Grabación personal al Prof. César Alayón).

Los amazonenses deberían averiguar quién fue Evelio Roa y qué hizo para llevar tal nombre una de nuestras importantes calles: sobre todo porqué se lo puso un arbitrario gobernador.

A través de esta historia se expondrán diferentes personajes que fueron fundamentales en nuestra región y ¡ojalá! alumbre el entendimiento a los futuros gobernantes y pueblo en general, cuando vayan a nombrar nuestros sitios importantes.

La enseñanza de nuestra Historia debería comenzar en la escuela, donde se exponga y valore a nuestros héroes. Los programas escolares deben tomar en cuenta a gente como nuestro Libertador, a quien, como dijimos, la posteridad amazonense debe reconocerle sus méritos.

La importancia de este trabajo radica en que salen a flote personajes desconocidos y olvidados de nuestra Historia Regional.

Luego de meritorios servicios, al finalizar la guerra, se le ascendió al grado de Coronel del Ejército. En 1830 estaba radicado como ganadero y político en Barinas. Se desempeñó como ayudante del Gobernador de la Provincia de Apure General Cornelio Muñoz (1835 – 1837). En 1837 luchó contra los Farfán en San Juan de Payara (Apure) al lado de José Antonio Páez. Siempre perteneció a las huestes del Partido Conservador de Páez y, por lo tanto, perteneciente al partido de los godos. En 1857 fue representante de Barinas, junto con 7 miembros más, a la Convención de Valencia, previo al comienzo de la Guerra Federal, representando al Partido Conservador. El Libertador de Amazonas aún vivía en Barinas, donde fue designado Gobernador en 1859, bajo el tercer mandato de Páez como Presidente de Venezuela y debía tener alrededor de 70 años, cuando luchó contra Ezequiel Zamora en esa cruenta y fratricida guerra.

Derrotado, defendiendo a Barinas, el anciano comandante Hipólito De La Cueva, se va para la ciudad de Mérida y allí en la fría mañana de los Andes del 10 de junio de 1859 presenta un documento ante las autoridades donde expresa:

“Allá dejamos todo, nuestras esperanzas, sueños y riquezas materiales. La que llegó a ser la sultana de los llanos y segunda ciudad de Venezuela, su grandeza, se diluyó en las llamas criminales por la infidencia de muchos de sus hijos, engañados en la asonada de una revolución mal concebida por las feraces argucias de unos aventureros que exterminaron la paz y el bienestar nacional”. (Alberto Pérez Larrarte, Historiador/Cronista de Barinas- Disertación en el Auditorium de La Alcaldía de Atures - diciembre 2016).

El Cronista Larrarte, nos continúa describiendo los pasos dados por De La Cueva en Mérida:

Como hombre de armas decide combatir desde la serranía a las fuerzas federales, comandada por el coronel Natividad Pettit; el general Ezequiel Zamora no puede con la sierra; los peñascos y callejones le son adversos y los godos andinos, aventajados por conocer el terreno, le enfrentan como perros furiosos; pero se retraen maliciosamente por saber lo verraco que son los federales.  Es un primer triunfo que les alienta; pero el fracaso de esta expedición no amilana a las fuerzas revolucionarias; más bien les ánima y hace que el ejército federal ordene otra expedición, comandada está vez por el general Pedro Aranguren.

Pero el general Aranguren corre con la misma suerte del general Natividad Pettit, siendo fusilado en una de las frías mañanas de los Andes, cuando cae la niebla de la borrasca  andina, en la mapora de la plaza Bolívar de Mucuchíes;  allí aún está, no la seca ni el tiempo, tal vez para que quede como fiel testigo de este infortunado suceso. El Comandante Hipólito De La Cueva, a pesar de su ancianidad, no da tregua, ni cuartel y comanda con el coronel Fulgencio Ferrer el combate de la Bellaca. Cuenta el general Leopoldo Ferrero que fue un combate bárbaro, demostrando en él la sagacidad estratégica de los federales. Al entrar los bandos en pelea, los centralistas caen inmediatamente bajo la bóveda de fuego que vomitaba la trinchera. Fue una larga jornada de fuego limpio; los godos creían tener una posición infranqueable y esto atormentaba a los federales, quienes pasaron más de cuatro días combatiendo. Media hora después se dominaba aquel bastión natural, se coronaba la altura al son angustioso de la corneta que tocaba fajina y fuego y adelante; el enemigo huía, y estaba ganada la brillante acción de La Bellaca, retirándose el coronel Hipólito de La Cueva en completa derrota y no paró hasta la ciudad de Mérida, dejando en poder del general Zamora parte de su parque, prisioneros y su crédito militar. Esta es parte de la vida de este hombre que los amazonenses y barineses deben reconocer e ilustrar en sus libros de historia.” (ibid).

La huella de nuestro Ilustre y Legendario guerrero y Libertador de Amazonas se pierde en la Historia y entre la niebla, los frailejones y picos de La Sierra Nevada de Mérida.

En Amazonas el Palacio Municipal de La Alcaldía del Municipio Atures lleva el nombre del Prócer de la independencia de Amazonas HIPÓLITO DE LA CUEVA. Este edificio fue diseñado por el Arqº Néstor R. González Mazzorana y construido por el primer Alcalde Electo del Municipio Atures L. J. González Herrera quien, como buen conocedor de la Historia, le puso el nombre. Para eso sirve conocerla.

Continuará...

CAPÍTULO III

ORIGEN DEL CANTÓN RIONEGRO

NOTA: Este Artículo forma parte de un libro sobre la Historia de Amazonas.

El Libro: HISTORIA GENERAL DEL ESTADO AMAZONAS – Tomo II, ha sido finalizado. Está a la disposición de los amigos amazonenses y venezolanos en general que quedamos en el territorio de Venezuela. Quien lo solicite a través del correo miguelguape@gmail.com le será enviado de manera gratuita.

A los que viven en el exterior, venezolanos o no, les será vendido. 

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