HISTORIA DE AMAZONAS: 1830 - 1834 José Antonio Páez y nuestras fronteras

Historia de Amazonas: 1830 - 1834

J A Páez y nuestras fronteras

Miguel Guape

El año de 1830 fue decisivo en el devenir de Venezuela: se dio la división de La Gran Colombia, con cambios estructurales y políticos profundos. La sustitución de unos mandatarios por otros resultó inevitable a la luz de los resultados de las luchas internas de las facciones por el poder político entre los partidarios de la separación liderados por Páez y los unionistas amparados bajo la bandera de un Simón Bolívar moribundo. Tanto en Venezuela como en la Nueva Granada hubo enfrentamientos y conatos de guerra, como el alzamiento del General José Tadeo Monagas en Oriente en pro de la unión que, al final, se apaciguó con el parlamento de los enfrentados Páez y Monagas: la sangre no llegó al río.

Esta situación tuvo sus repercusiones en el Cantón Rionegro y, por lo tanto, nuevas autoridades aparecieron al cambiar a nuestro Gobernador de Guayana José De La Cruz Paredes, quien era proclive a los unionistas, en un mundo en el cual la división ganaba terreno.

En 1830 es nombrado Teodoro Pereira como Corregidor del Cantón Rionegro. El Gobernador de la Provincia de Guayana era Juan Antonio Mirabal. Pereira era un militar que había empezado su carrera desde los inicios de la República y siempre, como servidor público, había desempeñado varios puestos administrativos. En mayo de 1822 lo encontramos como Jefe de Aduanas del Apostadero de Yaya, actual Delta Amacuro.

Desmantelamiento del Fortín de San Carlos de Rionegro o de San Felipe

En el año 1834 fue desmantelado el Fortín de San Carlos de Rionegro. Gobernaba en Venezuela el General José Antonio Páez. No es, lamentablemente, la primera decisión desacertada y fatal para Amazonas y Venezuela de este magnífico guerrero, pero pésimo gobernante al demostrar en su ejercicio que simplemente no estaba preparado  para  la  primera  magistratura,  al  menos  a  nivel  de  nuestros  vecinos colombianos de esos tiempos, como Francisco de Paula Santander y otros. Entre sus múltiples desaciertos reprobables, durante sus 3 gobiernos en épocas diferentes en que mandó en Venezuela, hay 3 actos administrativos que perjudicaron grandemente, primero a Amazonas, luego a toda la actual Venezuela. 

El primero fue durante la separación de la gran Colombia, proceso doloroso, pero inevitable. Habíamos permanecido unidos gracias al liderazgo fuerte de Bolívar, pero una vez desaparecido éste, vino la debacle, hecho que persiste aun en nuestros días: su origen comienza precisamente ahí. En  el  inicio  de  Venezuela,  en 1830, para  legitimar el proceso separatista, Páez convocó  un  congreso  constituyente  en  Valencia,  con el fin de elegirse presidente de Venezuela. Acudieron las Provincias que conformaban la Venezuela de ese entonces. Casanare, en la actual Colombia, pidió formalmente dentro de la división quedar del lado venezolano y hasta eligió sus diputados para ser representado formalmente en el Congreso separatista y… ¡Páez los rechazó! Imagínense Uds. los inmensos problemas que después trajo esta desacertada decisión: todo el Casanare sería venezolano y jamás hubiésemos pasado por el trauma de perder aún más territorio y no solo el Casanare. Esta insensata decisión perjudicó enormemente al actual Amazonas, pues Casanare es el actual Puerto Carreño, Casuarito, Meseta, Maipures y toda la zona de los ríos Vichada y Guaviare, incluidos los ríos Ariari, Guayabero y hasta el Putumayo; como 150.000 Kms2. El río Orinoco, a ambos lados, sería venezolano y toda esa zona sería de Amazonas

Debido a decisiones como esta, Venezuela se redujo tanto y por una simple razón: los gobernantes colombianos han sido mejores que los venezolanos desde el comienzo de nuestra Historia Republicana y actualmente esa realidad se mantiene. ¿Por qué lo hizo Páez? Quizás en nombre de un criterio político que no existe ni nunca ha existido en las relaciones internacionales. En ese momento nos asistía la razón jurídica y militar, pues Venezuela poseía la fuerza para, en todo caso, imponerse. Páez temía que el vecino fuera a disgustarse; también pasó en un mandato posterior, esta vez con la Guyana inglesa: fue blandengue, para no decir ingenuo. Así lo confiesa en sus memorias.

Un contraejemplo de lo que se expone: 90 años más tarde, en la época en que Tomás Funes gobernaba en Amazonas, en vista de que Juan Vicente Gómez, que en ese momento era dictador, no quería reconocerlo como gobernador; los colombianos le propusieron que lo reconocerían con todos los derechos. Todo Amazonas habría pasado a Colombia. ¡Menos mal que Funes era anti colombiano! Si no, hubiesen llegado hasta el Casiquiare, como siempre era su aspiración, porque ya estaban a la orilla del Orinoco Esto da una idea de la moral política, traducida en el derecho internacional- La falta de preparación de nuestros presidentes, salvo una o dos excepciones, la sufrimos los amazonenses en carne propia, al encogerse nuestro territorio.

Así veremos a través de esta Historia múltiples ejemplos de la incapacidad e incoherencia de éste y otros mandatarios. Ahora, 4 años después de la separación y luego de la primera gran metida de pata, vuelve Páez en su miopía política a perjudicarnos en lo que más nos duele: nuestro territorio. Al ordenar la eliminación del fortín de San Carlos o San Felipe entregó, literalmente, toda esa parte del río Guainía a Colombia.

Con mucha tristeza debió recibir el Corregidor Teodoro Pereira esta noticia. Pero era un soldado disciplinado y cumpliría el mandato superior.

Escribe al Gobernador con fecha 1° de agosto de ese año la comunicación Nº 35 donde manifiesta que:

“…Queda impuesto este Juzgado de lo resuelto por S. E. el P. Ejecutivo a virtud de lo representado por U. sobre la conveniencia de trasladar a esa Capital los efectos de guerra existentes en el depósito de este Canton…”.

El desmantelamiento oficial ocurrió el 12 de septiembre cuando Pereira hizo el acta correspondiente y dio cuenta a los superiores del acto:

“…de la nota oficial de U. de 7 de Marzo último bajo el nº 167, remitiéndome inserta la comunicación a ese Gobrno la Secretaría de E. los Despachos de Grra y Marina que contiene lo ordenado pr. S. E. el P. del E a consecuencia de la Ley de 27 de Abril último q arregla la fuerza permanente, quedando pr. ella  suprimido el piquete q custodiaba el depósito de armas de Rio - Negro…).

Se hace un inventario de documentos, equipos y armas presentes en el fortín.

Dada la importancia para nuestra Historia se reproduce el documento de rendición de cuenta al gobernador. Del inventario se hacen algunas acotaciones:

Pereira dio el triste adiós de despedida a los soldados del fortín de una decisión nefasta para Amazonas y Venezuela:

“…y después de una brebe alocución q hise a los individuos q formaban la guarnición análoga a los deberes del Ciudno. se disiparon a emprehender los diversos trabajos q se practican en este Cantón, pa. ganar pr. medio de ellos la precisa subsistencia…”.  no hay mas armas q garrotes

Bien lo dice: no quedaban más que garrotes, para defender nuestras fronteras de 2 vecinos terrófagos y voraces: Brasil y Colombia. De todas las épocas de desidia para Amazonas esta ha sido la peor, porque quedamos completamente desguarnecidos, divididos y entregado nuestro territorio a Colombia.  Años después, este país reclamaría toda esa zona como suya, con tradición de posesión, debido al abandono de nuestras fronteras. Páez colaboró en gran medida a este hecho, porque en el fondo, estaba cediendo, una vez más, terrenos pertenecientes al entonces Cantón de Rionegro al vecino país.

Es que ahora Páez había cambiado los llanos por Caracas. Si cuando estaba cerca en Apure, no nos veía, desde tan lejos, menos. Es muy cuestionable que haya sido él, como lo afirma en su autobiografía, quien nos mandó a libertar de propia iniciativa. Daría, en todo caso, la autorización a la iniciativa de De La Cueva, que sí sentía el Rionegro como parte integrante de Guayana.

El fuerte San Felipe (frente a San Carlos de Rionegro, actual Colombia), había sido construido por la Comisión de Límites 75 años antes. Hasta entonces resguardaba nuestras fronteras. Al parecer, toda esa zona se la estábamos guardando a los colombianos.

El Comandante del fuerte cuando fue desmantelado, era Juan José Méndez; el siempre consecuente Tomás García había cedido el puesto. Méndez estaba al mando desde hacía 2 años e hizo formal entrega a Pereira con fecha 1º de julio de 1833. La decisión se había tomado en 1832, aunque se hizo efectiva al año siguiente. Está en inventario incluía (entre otros elementos):

- Primeramente    Un legajo compuesto de 32 oficios una circular una proclama, y dos decretos de la Comanda. de armas de la Prova. en el año 1832 marcado con la letra A.

Elementos de guerra (entre otros):

- Primeramente Veinte y cinco fusiles con sus bayonetas, todo útil y en buen estado. Cuatro id. inútiles con dos bayonetas...(ilegible)...dos que se encuentran en las parroquias Atures y Maipures y dos carabinas inútiles en las parroquías Atures y Santa Bárbara.

Artillería

- Dos cañones de a ocho útiles.

- Seis id. de a seis útiles.

- Cinco pedreros de a dos útiles.

- Tres de a uno útiles.

- Doscientos treinta y cuatro balas de cañón calibres de a acho.

- Doscientas id. de pedreros.

- Dos quintales de metralla de fierro.

Total: 15 cañones. Estos son los que todas las generaciones de amazonenses de antes de los años 70 conocimos. Quedaron para juguetes y adornos, regados y abandonados, en toda la geografía amazonense, después que costó tanto a Don José Solano y Bote traerlos desde España hasta San Carlos de Río Negro: unos 10.000 Kms., incluido el paso del Atlántico, de toda Venezuela y de los temibles raudales de Atures y Maipures. Toda una hazaña en bien de nuestras fronteras, para que los disuasivos cañones terminaran abandonados, como una manifestación de nuestro atraso y subdesarrollo, en vez de descansar en un museo, que valorara nuestra Historia.

 Se tiene noticias de uno que se usaba en San Carlos de Rio Negro, en las festividades decembrinas, para disparar las salvas de año nuevo; ahí estuvo hasta los años 40 del siglo pasado, hasta que por viejo o por demasiada carga explotó.  Otro estuvo en Maroa, con los mismos fines; también fue utilizado para dispararlo para la orientación, mientras el Prefecto Tobías Angulo abría la pica Yavita-Maroa, en los años 40. Otros 2 estuvieron en la puerta del cuartel de la Guardia Nacional en Puerto Ayacucho hasta los años 70. De ahí, en una remodelación, fueron mudados al interior del edificio del cuartel, donde aún están, sin saber qué hacer con ellos. Otro, según la historia, fue utilizado en San Fernando de Atabapo por Arévalo Cedeño contra Funes en 1921; lo cargó y se disponía a dispararlo si no se rendía, a lo cual accedió. Debe ser el mismo que actualmente está en su Plaza Bolívar.

El último de que se tenga noticia fue visto en una de las crecientes y posterior bajada de aguas por César López (+) en la Playa de Bagre en Puerto Ayacucho. Había quedado expuesto a la vista y con signos de haber sido abandonado ahí en épocas remotas. Hubo órdenes de trasladarlos todos a Caicara, con la intensión de llevarlos a Ciudad Bolívar cosa que, a lo mejor, no se cumplió a cabalidad. Quedaron regados por el camino, al igual que las balas; algunas reposan en manos de coleccionistas privados.

Cañón del Fuerte San Felipe en la Plaza de San Fernando de Atabapo.


Al parecer, a Solano le fue más fácil llevarlos hasta San Carlos de Rionegro durante la colonia, que desmantelarlos y bajarlos en la era Republicana. La ignorancia en el ejercicio del poder no tiene límites ni trabas que valgan

Esta Historia de Amazonas está hecha en base al desempeño de sus gobernantes nacionales y regionales. Serán evaluados en su ejercicio según el testimonio de los documentos que se logren encontrar porque, quiérase o no, nuestro destino estuvo muy ligado a ellos y refleja la época que vivió Venezuela.

Bartolomé Tavera Acosta, indudablemente nuestro mejor historiador de la antigua Amazonas y acucioso investigador, nos dice, respecto a los cañones, al contarnos el desempeño de nuestros gobernantes:

“…Y otro que por puro pasatiempo destruyó a cañonazos eI pueblo de San Felipe. Nunca supuso el tercer jefe de la Expedición de Límites que los cañones que llevó en 1759, y a cuyo amparo se fundó ese pueblo, fueran a servir, después de ciento treinta y cuatro años, para su misma destrucción…”

Esto refleja de manera exacta lo que queremos decir en este artículo. Más adelante daremos el nombre del gobernante.

NOTA: Este es un extracto del Libro II: HISTORIA GENERAL DEL ESTADO AMAZONAS de Miguel Guape. Los documentos soportes de lo escrito es parte de su contenido.

CONFERENCIA DEL DR. RAMÓN J. VELÁSQUEZ “INTRODUCCIÓN A LA ÉPOCA DE FUNES” Y “EN TIEMPOS DE FUNES

CONFERENCIA DEL DR. RAMÓN J. VELÁSQUEZ “INTRODUCCIÓN A LA ÉPOCA DE FUNES”

Y

 “EN TIEMPOS DE FUNES

Por: Miguel Guape

 

 

NOTA DEL TRANSCRIPTOR: La presente alocución del historiador Dr. Ramón J. Velásquez fue presentada en 1974, durante las festividades del cincuentenario de la ciudad.

Representa 100 años de historia amazonense, resumidos y analizados por un historiador de primera y mente brillante como lo fue el Dr. Velásquez

Se recomienda a los amazonenses, viejos y jóvenes, leerla con detenimiento, bajarla y guardarla, pues es una joya de nuestra Historia Regional.

La Presentación

Palabras de presentación por el Periodista

Oswaldo Calderón

José Martí, ese apóstol de la revolución cubana y gran poeta y prosista, sintetizó una de sus frases más luminosas: honrar honra. Séame permitido manifestar la distinción que siento por la grata oportunidad que se me presenta de darle la bienvenida al doctor Ramón J. Velásquez, uno de los venezolanos más eminentes de la República, quien hoy utiliza la tribuna de la Casa de la Cultura para dictar una conferencia intitulada “introducción a la época de Tomás Funes” y “En tiempos de Funes”.

El doctor Ramón J. Velásquez es un estudioso de la historia del Territorio Amazonas. Afirma el distinguido hombre de letras que para hablar de Funes, es necesario conocer una serie de antecedentes históricos, políticos, económicos y sociales y que ver a Funes con el saldo de unos cuantos asaltos, asesinatos y crímenes no es más que una historia del Oeste americano. Esto nos da una idea de la interpretación histórica que le ha dado el conferencista a este episodio en la vida política del Amazonas.

Qué venezolano no ha conocido al doctor Ramón J. Velásquez. Sus cualidades humanas son un relieve de admiración: destacan su modestia; su extraordinario dominio de la historia de nuestro país del siglo pasado y el contemporáneo; estudioso de las ciencias sociales coinciden en señalar que es uno de los hombres más documentados. El doctor Domingo Alberto Rangel, afirma que el doctor Velásquez es una de los intelectuales de agudo olfato político.

Una de las cosas que yo más admiro de este escritor, es que en la época en que le tocara ejercer la Secretaría General de la Presidencia de la República, en el período del señor Rómulo Betancourt, en los días de asueto, se ocupó de Organizar el Archivo Histórico de la Nación, portentosa fuente de documentación histórica, que es savia vital para conocer la historia de nuestro pueblo y fijar derroteros para nuevas concepciones de la vida democrática.

El doctor Velásquez viene desarrollando una labor silenciosa y admirable por su tierra natal como es la publicación de la colección de libros de autores tachirenses. Empresa extraordinaria y fecunda que día a día le permite al Táchira acrecentarse como una tierra culta y donde sus hombres tienen conciencia del estudio y del saber.

El doctor Velásquez es Miembro de la Academia Nacional de la Historia, su última producción como historiador es la “Caída del Liberalismo Amarillo”. Allí recoge una interpretación histórica de los últimos años del siglo pasado, donde analiza el lapso de gobierno de Andueza Palacios hasta el triunfo de la revolución restauradora de Cipriano Castro y concluye con Juan Vicente Gómez. En esa misma obra analiza la vida y el drama de uno de los personajes de mayor personalidad caudillesca: Antonio Paredes.

Ha dirigido importantes medios de comunicación social y la acertada conducción de esos órganos periodísticos, le ha permitido ganarse premios internacionales como el María Moors Cabott, otorgado por la Universidad de Columbia, Estados Unidos. En la oportunidad en que estuviera al frente del Diario “El Nacional”, “Últimas Noticias”, “La Esfera” y la Revista “Elite”, conocieron de su densidad intelectual y tino en las épocas en que estuvo al frente de su dirección.

En el orden de la administración pública, el doctor Ramón J. Velásquez, ha cumplido relevantes funciones: fue Ministro y por segunda vez es electo Senador principal por su tierra natal el Estado Táchira. Actualmente es Presidente de la Comisión de Política Exterior del Senado de la República.

Estas breves palabras que a grandes rasgos nos da una idea del conferencista es, sin lugar a dudas, innecesarios, porque como decía antes, qué compatriota, qué amazonense, no ha oído hablar de este hombre del foro, amigo del Amazonas que hoy nos prestigia con su presencia.

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El Discurso

Señoras y Señores:

Esta conferencia o este largo recorrido por la historia política del Amazonas o del Rio Negro, era una deuda que tenía Monseñor García, esa figura extraordinaria a quien tanto debe el país, me estimuló en mi interés por el conocimiento del pasado político de la región, y llevó su interés hasta el de hacer grabar testimonios muy vivos de ese pasado turbulento y esa voluntad y ese empeño de servir de Oswaldo Calderón, de servir a las mejores causas de esta tierra, lo lleva siempre que nos visita en Caracas a estar hablando de estos temas y a estar invitándonos al estudio de la realidad del Amazonas.

Preside hoy los destinos de esta región, un hombre que tiene ya un nombre entre las figuras más ilustres de la ciencia venezolana y que por añadidura es Gobernador de la región, Pablo Anduze, porque en los círculos científicos de Venezuela y de Latinoamérica el nombre de Anduze está ya consagrado como uno de los grandes estudiosos de la naturaleza venezolana. Etnólogo, Ecólogo, es un hombre cuya obra lo lleva a figurar en ese escaso catálogo de los venezolanos que como Maldonado, que como Toro y Alvarado han dedicado toda su devoción al estudio de esa naturaleza y del hombre venezolano.

Esta charla o este recorrido por la historia política del turbulento Amazonas, he querido llamarla “Funes no es un nombre”. La frase no es mía, porque para hablar de Funes es importante conocer los antecedentes políticos, sociales y económicos del Amazonas, porque de lo contrario, comenzar contando los tremendos sucesos del 8 de mayo de 1913 en San Fernando de Atabapo y terminar con la historia del fusilamiento de Funes a mano del General Arévalo Cedeño, simplemente es una historia de Oeste Americano con unos cuantos asesinatos y unos cuantos asaltos, pero aquí hay algo más que eso, aquí hay una situación.

He querido dividir esta historia que muchos de ustedes conocen pero que, estoy seguro, que las nuevas generaciones del Amazonas no conocen, porque somos frutos de la historia, no podemos deshacernos de nuestras raíces y lo que un grupo muy escaso y reducido conoce mejor que yo, no lo conoce la mayoría de quienes integran hoy la Comunidad del Amazonas.

A mediados de 1920 el novelista, jurista y poeta colombiano José Eustasio Rivera, recibió de su gobierno el nombramiento de Miembro de la Comisión de Límites entre Venezuela y Colombia. En cumplimiento de la misión que le fue encomendada José Eustasio Rivera navegó por los grandes ríos y se internó en la selva amazónica; oyó mil historias, dialogó con sus protagonistas, pudo valorar la tremenda pasión deformante de la selva y la soledad sobre el hombre y encontró la explicación a trágicos acontecimientos ocurridos en esta tierra de Rio Negro, que son inexplicables y absurdos si se van a medir con el metro de la vida civilizada, de las normas de la convivencia de las grandes ciudades. Fruto de aquella extraordinaria experiencia, José Eustasio Rivera escribió una obra maestra de la literatura hispanoamericana cono es “La Vorágine”, considerada como la novela de la selva y consagrada como una de los textos clásicos de la literatura hispanoamericana. José Eustasio Rivera habló con muchos de los autores del drama del 8 de mayo de 1913, conoció y vio actuar a Tomás Funes, oyó las revelaciones hechas en voz muy baja y con mucho miedo acerca de los centenares de crímenes ordenados o atribuidos al tirano de Rio Negro y para referirse a los acontecimientos del 8 de mayo, que forman el capítulo inicial de la aparición de Tomás Funes en la historia política de Amazonas, escribió este claro diagnóstico: “Al decir Funes, no he nombrado a ninguna persona en particular. Funes es un sistema, Funes es un estado del alma, es la sed del oro y la envidia. Muchos son Funes, aunque uno solo lleve el nombre”.

Para hablar de Tomás Funes, es necesario remontarse a otros tiempos de Rio Negro, de los contrario, contar su historia arrancando del 8 de mayo de 1913, día del asesinato de Roberto Pulido, Gobernador del Territorio Amazonas y concluirla en 1921, en que fue fusilado, no pasaría de ser un relato excitante y el marco trágico de una protesta popular y la historia de unos crímenes cometidos a lo largo de 9 años y de los cuales Funes, llevaba escrito cuenta en su famosa tabla de rayita.

¿Roberto Pulido y Tomás Funes, eran acaso personajes sin antecedentes en la historia de Rio Negro, sus procedimientos y sus vicios, venían acaso a liquidar un pasado de respeto a la Ley? No. Roberto Pulido y Tomás Funes eran la expresión de una época venezolana y en los crímenes que cometieron, son cómplices históricamente hablando tanto Juan Vicente Gómez y los hombres de su gobierno que siguieron mirando a la tierra de Rio Negro como la tierra de nadie, apta para el saqueo, para el enriquecimiento ilícito y el ostracismo y cómplices también son los venezolanos con capacidad y preminencia directiva en el país, que, conociendo la tragedia de Rio Negro, de esta vasta porción del país, no hicieron nada por lograr la modificación de aquel estado calamitoso de cosas. Funes fue un capítulo más, el capítulo final de una larga historia de violencia y soledad, de una historia en la que Venezuela abandonó la defensa del vasto y codiciado Territorio Amazonas y abandonó la población indígena, víctima de todas las explotaciones y abandona sus riquezas naturales en manos de aventureros de todas las nacionalidades.

En su historia de Rio Negro el Dr. Bartolomé Tavera Acosta, después de hacer un recuento de los gobernadores de la era Republicana en el Territorio Amazonas, hace la siguiente observación de los gobernadores del Territorio Federal Amazonas en la etapa comprendida entre 1818 y 1914: seis fueron enjuiciados, nueve mueren trágicamente, diez fallecieron en el ejercicio del mando por enfermedad y veinticuatro fueron derrocados o tuvieron que abandonar el cargo ante el estallido de movimientos revolucionarios, asonadas o motín.

EL RÉGIMEN COLONIAL Y LA ERA REPUBLICANA

Desde el principio de la era republicana la confusión en las funciones entre gobernantes de la provincia y especuladores comerciantes, determinó la aparición y luego el agravamiento de males sociales y de males políticos, que llevaron al Coronel Agustín Codazzi en su informe al Gobernador de Guayana en marzo de 1838, a decir: el Cantón de Rio Negro se puede llamar una república distinta a la de Venezuela. Allí no impera la Ley y solo el capricho del jefe político y de sus subalternos, los Alcaldes que se llaman racionales, criaturas suyas y que son otros tantos satélites que fielmente cumple sus disparatadas órdenes, siempre opresivas para la raza indígena, a fin de favorecer a tres personas que se creen las únicas que allí deben mandar y que aquel territorio es su patrimonio y los indios sus esclavos. 

Durante el régimen colonial español, más o menos hasta 1817, en el territorio que hoy forma el Amazonas, llamado entonces Cantón de Rio Negro, no existía otra forma de relaciones políticas y de acuerdo social, que el establecido por los misioneros observantes que fueron los fundadores de casi todos los pueblos que hoy datan su existencia desde aquella fecha.

Rafael Acevedo apunta: “El indio, que durante la colonia española no podía moverse sin la voluntad del misionero y éste por su parte procuraba satisfacer a su manera y en muy pequeño, las necesidades de los indígenas, era dado a los miserables recursos con que contaba y al estado cultural de aquellos habitantes. Alcanzada la independencia, casi todos los misioneros abandonaron el país rumbo al Brasil, utilizando la vía de Rio Negro. Llegaron entonces las autoridades civiles de la República, nombradas desde Ciudad Bolívar entre los residentes de Rio Negro o escogiendo en el grupo de quienes en la capital de Guayana mostraba interés por hacer fortuna pronta en las remotas soledades. Teóricamente con el Imperio de la República debía mejorar la suerte de Amazonas, terminaba el secuestro en que se le mantuvo en el período colonial por el cual se separaba el indio de todo trato, tráfico y contacto con la población española. La república proclamaba con derecho ciudadano el de la libertad de comercio. Pero la realidad era distinta; la práctica dio otro resultado: primero se introdujo en el Amazonas el régimen de Comisario, dependiente de una Dirección General de Indígenas, pero esta fórmula vino a convertirse en fuente de todos los males. Como al Comisario General ni a los subalternos se les señalaron sueldos, estos empezaron a ser Comisarios y a ejercer el comercio hasta llegar a convertir esta actividad en monopolio de los gobernantes.

Hacia el año 1845, debido al sin número de denuncias y quejas, el régimen de Caracas estableció en el Amazonas un régimen mixto de misioneros y Comisarios de Misiones, pero apenas vino un misionero a Rio Negro que pronto se marchó y el mando volvió a quedar en manos de los Comisarios doblados en comerciantes especuladores, estableciéndose desde entonces una lucha entre los Comisarios de turno y los otros especuladores de comercio, lucha que casi siempre tomaba las características de una guerra a muerte. A esta situación de explotación de los indígenas, de dispersión y extinción de la raza autóctona, por obra y gracia de la actividad ilícita de las autoridades locales, ésta es a la que se refiere en su famoso memorándum de 1838 el Coronel Codazzi. Los indios, reseñaba Codazzi, los indios de Rio Negro, no están seguros ni en sus casas ni en sus labranzas; el día menos pensado les llega un aviso del Alcalde para que se presente al Tribunal. Allí reciben la orden de marchar a la cabecera del Cantón a ponerse a la orden del jefe político. Estos infelices tienen que tomar sus canoas y hacerse de víveres para 10 ó 15 días y al llegar delante del sátrapa son recibidos peor que esclavos y mandados de peones a la misma casa del jefe político o de los demás criollos, los cuales los emplean sea en la pesca, en la caza, en ir a la montaña, a la sarrapia, a buscar zarzas, a cortar madera, para hacerles lanchas u otras embarcaciones y no se les empieza a pagar sino desde el día que comienza a trabajar y ¿de qué manera se les paga? Preguntaba Codazzi, únicamente en mercancías a precios exorbitantes y al fin del mes el hombre que ha ganado un peso y los precios de los artículos que le han sido vendidos están gravados en 4 ó 5 pesos. Inútiles son las quejas de aquellos desgraciados. Dice Codazzi, para volver a sus casas a cuidad de sus conucos y de la subsistencia de sus familiares, se les responde que si no van al servicio, se les manda como vagos a la Capital de Guayana para que sirvan en el ejército.

Tengo rubor, concluye el Coronel Codazzi, pero es preciso decirlo, Jefes políticos de Rio Negro que hacen visita a todos los pueblos y a todos los caseríos con el único fin de tener un comercio exclusivo y a traer cuantos peones quieran. Para colmo de vergüenza, exigen en cada uno de estos poblados la mejor y la más joven india para su uso. Denuncia Codazzi así mismo, el hecho que cuando procedente de Apure o de otros puertos llegan algunos aventureros que traen mercancías fiadas cuyo precio total no sobre pasa los 100 pesos, se ponen de acuerdo con el Comisario y él los manda de Alcalde a tal o cual pueblo para que allí hagan su comercio exclusivo y sean los agentes del jefe político.

La primera medida que toman, al recibir el bastión de Alcalde, es la de convocar a los indios, hacerle abandonar sus conucos y llevarlos al Casiquiare a cortar madera, otros a reunir chiqui chiqui y después a torcer cabuyas, a construir canoas, mientras que a las mujeres las emplean en tejer chinchorros. Si en el ínterin se presenta algún comerciante para vender a precio más barato, no puede hacer comercio porque todos están empeñados en pagar al Alcalde. De manera que en aquel año bajan con sus lanchas y cada Alcalde hace su excelente negocio, por lo tanto hay empeño en ocupar el puesto de Alcalde, los cuales antes de concluir el año salen con sus lanchas cargadas y muchos de ellos no vuelven a Rio Negro, si no tienen esperanzas fundadas de volver a ser Alcaldes.

 Observa Codazzi que bajo un régimen político y social menos injusto, estos indios que habitan los ríos Inírida, Sipapo, Guaviare, Guainía, Ventuari, Cunucunuma, Padamo y Mavaca, estrían en el día reducidos a la civilización y sus brazos acostumbrados desde la infancia a la agricultura, harían florecer el comercio de Rio Negro no tan solo con cabuyas, chinchorros y lanchas, sino con café, añil, cacao y algodón. La abundancia de brazos traería la de las producciones naturales, como la zarza, el puchiri, la juvia, la brea y la goma elástica tan estimada en el comercio local.

La misma preocupación del General Codazzi la comparte el Gobernador de Guayana, quien en el año de 1841 enjuiciaba en forma dramática y severa, la situación de la especulación comercial de la población indígena del Rio Negro. El auge de la especulación comercial y la grave circunstancia de ser autores de dichos hechos.

Grillet se dirigía al gobierno de Caracas para reclamar medidas proporcionadas a la intensidad del mal, denunciaba cómo se disponía arbitrariamente del trabajo de los indígenas, apropiándoselo por lote; cómo se compelía a las mujeres y a los niños al servicio doméstico. Concluía Grillet “este es el bosquejo, aunque muy imperfecto de la suerte de los indios en los 24 años de vida republicana, de 1817 al 1841. No se han experimentado ninguna mejora en su vida, no obstante al título de ciudadanos que ahora ostentan.

Quejas y denuncias caían en el vacío, Rio Negro era un mundo perdido para Venezuela, pero la desesperación provocada por las persecuciones sin tregua, por la violencia instalada en aquellas soledades, decidió a los pobladores de Rio Negro a enviar una delegación indígena a la capital de la República. Como respuesta, el Presidente José Gregorio Monagas decidió en 1855 nombrar a Don Francisco Michelena y Rojas como Visitador General del Cantón de Rio Negro con el fin de imponerse de la realidad de los hechos.

El nombre de Francisco Michelena y Rojas debe inscribirse en el número de los escasos y grandes benefactores del Amazonas. Fue Michelena y Rojas un venezolano excepcional, naturalista, político, diplomático y el más célebre explorador del siglo pasado. Viajero Universal se le llamó pues, en una época caracterizada por las dificultades de las comunicaciones, recorrió cinco veces el mundo. Estuvo cuatro veces en el Territorio que se llamaba entonces Cantón de Rio Negro y luego bajo su gobierno, provincia de Amazonas. La primera vez como visitador y las tres como Gobernador. En su última etapa murió, según la mayoría de las versiones a consecuencia de la caída de un árbol que lo hirió llegando a Pimichín de donde fue trasladado a Yavita en las márgenes de Tuamini, afluente del Atabapo. Sin embargo el doctor Samuel Darío Maldonado, explorador y antropólogo, afirma en su informe de 1911 que en el Amazonas es tradición popular que la muerte del excepcional gobernante Michelena y Rojas al entrar en el Istmo de Pimichín por el Oeste fue fruto exclusivo de una conspiración de los comerciantes de Rio Negro.

El año 67 se publicó en Bruselas con la protección del Gobierno de Venezuela la obra de Michelena y Rojas, titulada “Exploración Oficial” que contiene una de las más interesantes narraciones, rica en datos y observaciones sobre esta privilegiada región del Orinoco, visitada por Michelena y Rojas desde sus bocas, desde donde avanzó aguas arriba por el Meta y el Casiquiare, navegó por el Rio Negro y bajó por el Amazonas hasta el Atlántico. Michelena y Rojas, en su informe señala como causa principal de la ruina de Rio Negro en 1855, la extinción acelerada de la raza indígena y los muchos desórdenes y crímenes que se han cometido por las autoridades y contra las autoridades mismas y el hecho de que las autoridades regionales todas ejercen el comercio de por sí o por medio de segundas personas. En su informe dice Michelena y Rojas: “Los malos gobiernos son peores que la peste”. Esto lo apuntaba en Atures un día de diciembre de 1858 al lamentar la desaparición de la región atemorizada por los blancos y hasta por los mestizos que venían del Brasil, pues cada uno creía, dice Michelena y Rojas, cada uno de estos aventureros creía firmemente que debía vivir del indio.

En 1856 el Cantón de Rio Negro fue elevado a la condición de provincia, bajo el nombre de Provincia de Amazonas y recuerda Michelena y Rojas que fue nombrado como Gobernador de la provincia de Amazonas el Licenciado Francisco Echegarreta quien llegó a San Fernando acompañado de un nutrido grupo de amigos a quienes ya había designado Secretario de Gobierno, Juez de Primera Instancia, Comandante Militar, etc. Pero el Gobernador Echegarreta llegó dispuesto como los anteriores gobernadores de aprovechar la condición oficial para monopolizar las actividades de la provincia. Aquellos empleados y otros que iban a su sombra, llevaron mercancías del Apure y Ciudad Bolívar y, por supuesto, estando seguros de ser pagados de preferencia a los otros especuladores que no tenían la protección del Gobierno; ellos solos podían hacer el comercio. Como es de suponer tal orden de cosas engendró profundo disgusto entre el Gobernador Echegarreta y los comerciantes de Rio Negro.

Pocos meses habían pasado de la toma de posesión del Gobernador Echegarreta cuando murió de una fiebre intermitente y, quien lo creyera, en medio de la selva cuando pudiera pensarse que no debía ser envidiable ni menos disputable el cargo de Gobernador.

Antes de sepultar el cadáver de Francisco Echegarreta hubo una revolución hecha por el antiguo Comisario amparándose de la autoridad. Más al día siguiente los amigos del difunto Gobernador, que también tenían interés de mantenerse en el poder para conservar el comercio y el monopolio del comercio en Rio Negro, lo echaron abajo y colocaron a uno de ellos en el poder. Envió con grillos a Ciudad Bolívar al antiguo Comisario y a sus partidarios.

Michelena y Rojas, que había sido designado como Gobernador de Rio Negro, llegó a San Fernando de Atabapo tres meses después de los sucesos reseñados y pudo comprobar que tanto las autoridades revolucionarias que habían sustituido desde el primer momento al Gobernador Echegarreta, como el gobierno constituido por los amigos del difunto, habían dispuesto de los bienes de Echegarreta, sacando al simulacro un remate y adjudicándoselo contra lo dispuesto en la Ley.

En su recorrido Michelena y Rojas va descubriendo un panorama de desolación, de atraso increíble, de involución social. De todas las misiones que existían 70 años atrás desde Angostura hasta el Atabapo, casi todas han desaparecido y solo quedan en dichos sitios unos cuantos ranchos y unos pobres y atemorizados pobladores. Han desaparecido casi todas las Misiones que existían en el Alto Orinoco y en el Rio Meta. Allí no encontró ni un solo rancho. Encontró un dañino comercio con los indios monteros. Los especuladores cargaban grandes recipientes con el peor aguardiente que cambiaban a los indios por sus chinchorros, cabuyas y otros elementales artefactos, Encontró y denuncia asimismo el caso de unos Alcaldes que establecieron la prohibición de ingresos del aguardiente a sus parroquias para poder ejercer mejor su reprobable monopolio con los indígenas. Son hombres crueles, comenta Michelena y Rojas. Especulan con los indios hasta reducirlos a la miseria y a la desesperación. Encontró Michelena y Rojas que habían desaparecido casi por completo los pueblos de Atures y Maipures y compara la realidad que contempla con los datos que el año 1846 consignó el General Rafael Acevedo después de una visita a Rio Negro.

Acevedo encontró a 40 personas en 1846 en Atures y 30 en Maipures; 10 años después Michelena y Rojas solo encuentra 7 personas en Atures y 4 en Maipures que unidos a algunos indios que viven a unas distancias del poblado, apenas son suficiente para el paso de las embarcaciones y el acarreo de los efectos comerciales o del equipaje de un puesto a otro. Esa notable disminución de la población que se observa en todo Rio Negro para 1855; proviene, según las observaciones de Michelena y Rojas, además del sistema impropio que los rige, de los hombres que administran la región. Está compuesta en su mayoría por prófugos del Brasil, esclavos o desertores de la Guarnición de Maravitana y de venezolanos que ejercen sobre el pobre indio toda clase de extorsiones.

El indio es la presa, sobre la que se ceba la rapacidad de todos los especuladores sin distinción alguna, dice Michelena. Cuando en noviembre de 1858 Michelena y Rojas llega a San Fernando de Atabapo, capital de la Provincia de Amazonas, encuentra que la única autoridad es al mismo tiempo el comerciante del lugar. De monopolio universal, califica su empresa, cuya víctima es el indio al que se paga con mercancías su trabajo. La lista de los precios anotados por Michelena y Rojas es realmente fabulosa, como la califica el Viajero Universal: una vara de coleta 10 reales, una vara de holandilla 16 reales, un pañuelo de color 14 reales, hachas a 8 pesos.

Recuerda Samuel Darío Maldonado que el mismo Michelena y Rojas un día en Maroa; pidió ver los libros de contabilidad de una casa de comercio alarmado por los informes que tenía acerca de la exageración de los precios en que vendían los artículos a los indios y al ver que una vara de zaraza tenía el valor de 8 pesos, arrojó los libros del comerciante a las aguas oscuras del Guainía.

Desde 1846, año de la visita del General Acevedo, la situación general de Rio Negro ha ido en franco proceso de deterioro. Las poblaciones, lejos de haberse fundado nuevas, han disminuido las que habían, no solo en el número de casas, sino de habitantes. Es absoluta la carencia de templo, de letrina, de hospitales, de escuelas. Descubre Michelena y Rojas que no hay bienes de comunidades como se viene asegurando en los informes oficiales, ni hay ninguna siembra agrícola, porque a los indios los ocupan en trabajos forzados de otra naturaleza y no tienen tiempo de hacer conucos. En una palabra: faltan en Rio Negro los elementos necesarios para vivir por si sola la región; es necesario crearlo todo, dice Michelena. Una impresión de desastre se apodera del ánimo de Michelena y Rojas cuando contempla el montón de escombros que en San Fernando de Atabapo se llama templo católico. Desde cualquier punto de vista que se le considere, apunta Michelena, no debiera existir en el seno de una sociedad cristiana y menos de modelo para dar idea a los indígenas del Dios que aquellos adoran y de los Santos que veneran. Algo como esto: un rancho pajizo es el templo de San Fernando, una armadura miserable e inmunda sirve de altar, trozos de madera groseramente trabajados y horriblemente pintados representan a los santos, nuestros medianeros con Dios. Estos se hayan cortejados en el propio templo por algunos ídolos desconocidos e informes, y concluye: “...es el injustificado e inexplicable abandono que hay en la casa de Dios en el Atabapo, única que existe en la selva amazónica”.

Desde las ruinas de San Fernando de Atabapo, desde el escenario desolado del presente, el Gran Viajero, Michelena y Rojas, mira el grandioso futuro a que está llamada la provincia de Rio Negro cuando sus puertas sean abiertas a la civilización, cuando Venezuela adquiera conciencia plena de la importancia continental de estas tierras y la injusticia y las barbaries presentes sean barridas por el impulso de la justicia y la civilización.

La situación de San Fernando de Atabapo en aquel gran centro de la Hoya del Orinoco, cerca del divorcio actual que la separa de la Hoya del Amazonas, es excepcional. Situación envidiable, dice Michelena y Rojas, situación sin rival en ninguna parte del Continente Americano. Por el Sur en 18 días siempre de bajada podrá enviar Rio Negro al gran comercio que se establecerá y que ya existe en el Amazonas los productos que más le convengan y por el Norte recibirá los del Asia los de Europa, los de los Estados Unidos y al mismo tiempo enviará los de sus ricos valles; al Este las poblaciones del Ventuari, como una indispensable necesidad, vendrá a proveer de lo necesario a San Fernando de Atabapo, trayendo al mismo tiempo los frutos de su industria: al Oeste vendrán por el Guaviare los de Nueva Granada y por el mismo rumbo los del Inírida; al Noroeste arriba del Orinoco, los del Cunucunuma, Casiquiare, Esmeralda, Pádamo, Ocamo, Macagua y otra y quien sabe cuántos más arriba, cuando acabe de conocerse el Orinoco, después de que desaparezca ese fantasma que los geógrafos mal informados tienen establecido para no dejar pasar a nadie desde que fue establecido por el Barón de Humboldt, viajero universal, conocedor de la geografía de los Estados Unidos de América. Michelena y Rojas compara la situación de San Fernando de Atabapo con el centro del más extraordinario sistema fluvial del Continente Americano y al comparar la situación de la provincia de Rio Negro o del Amazonas con la de los Estados de Missuri, y Kentucky en los EEUU; pues bien, ninguno de esos florecientes Estados de la Unión Americana se encuentran tan bien situados como Rio Negro, ni creo que hay en el mundo terrenos más feraces que la de esta parte de Venezuela. La navegación por buques de vapor que ha hecho desarrollar los inmensos recursos de los EEUU, hará desarrollar los nuestros cuando se aplique, cuando nuestros Ríos, como aquellos, se hayan cruzado en todo sentido por esas chimeneas andantes, cuando tengamos brazos y paz para descuajar nuestras selvas y entregarlas al cultivo. Entonces tales medios darán los mismos resultados que admiramos hoy en los EEUU, entonces los productores de Amazonas irán en abundancia a las extremidades dela tierra y entonces aquellas regiones muy poco conocidas y muy desdeñadas, ocuparán sus puestos entre las naciones ricas, felices, y poderosas de la tierra.

Esta visión futurista y este programa de audacia tiene una fecha en los apuntes de Michelena y Rojas: noviembre de 1855. Autorizado como estaba Michelena y Rojas, para realizar las reformas administrativas que creyera necesario y urgente, estableció en la provincia del Amazonas un conjunto de sencillas normas que en aquel momento resultaban revolucionarias y que iban a ser desechadas una vez que Michelena y Rojas dejara de ser autoridad. Prohibió, ante todo, bajo la pena más severa, que el Gobernador de la provincia del Amazonas y el Comandante de Armas, bajo ningún pretexto pudiese ejercer el comercio. Simplificó la administración, estableciendo en las tres partes en que se hallaba dividido el Territorio, San Fernando de Atabapo, Maroa y San Carlos de Rio Negro, tres delegaciones y en lugar de los Comisarios que existían en los pueblos desempeñados por racionales o no, designó simples capitanes indígenas por la libre elección del vecindario, gozando de un sueldo mensual de 7 pesos y medio en plata, no pudiendo ser agente en ningún caso de ningún comerciante. Fijó el salario del indio en 2 reales o el equivalente en plata a los precios de Guayana. Estableció la norma de que ninguna persona es responsable de las deudas de sus padres si éstos no dejaban bienes. Estableció como norma que el indio era libre para ir donde quisiera; que nadie tenía derecho para tomar a un indio a su servicio so pretexto de enseñarles la doctrina, ni menos de sacarle fuera de la provincia contra su voluntad; que ningún indio podía ir a la cárcel por el cobro de deudas; que podía pedir el precio que quisiera por sus productos; estableció impuestos tan solo al expendio del aguardiente y a la entrada y salida de las embarcaciones de comercios, siendo el mayor de estos impuestos para los buques de carga de 20 pesos.

Los acontecimientos políticos de Caracas obligaron al Gobernador Michelena y Rojas a renunciar y vino a reemplazarlo quien restableció las viejas normas de ser Gobernador, comerciante y especulador. Apunta Michelena que este Gobernador Ortega que lo sucedió, sin autorización para ello, pues todas sus reformas habían sido aprobadas por el Gobierno Nacional, las revocó todas sin sustituirlas por nada. Quitó a los indígenas las cabezas de ganado que Michelena y Rojas, en nombre del gobierno de Caracas, les había dado para fomentar la cría en Rio Negro; vendió unas cabezas y se comió las otras, las que estaban en San Fernando. La administración de Michelena y Rojas son momentos excepcionales dentro de la lógica política de Rio Negro, un paréntesis de paz y de justicia en ésta trágica y tumultuosa historia de esta tierra.

Con el Gobernador Juan Bautista Ortega que viene a reemplazar a Michelena y Rojas, se reanuda un proceso que continúa monótono con sus características de violencia, de especulación y de crueldad a lo largo de toda esta segunda mitad del siglo XIX. Mientras tanto, Rio Negro sufre los vaivenes de la ordenación político-administrativa, pues de Cantón de Rio Negro de la provincia de Guayana que fue de 1830 a 1856, pasó a ser provincia del Amazonas, condición en que solo permaneció un año para ser convertida en 1864 en Territorio Federal Amazonas. De nada valieron los esfuerzos de la Asamblea Legislativa reunida en San Fernando de Atabapo para tratar de reconstruir la antigua provincia de Amazonas. Diecisiete años permanecería vigente esta organización hasta 1881 cuando la voluntad dictatorial de Guzmán Blanco multiplicó el número de Territorios Federales y dividió el Territorio Federal Amazonas en dos Territorios: el Territorio Amazonas propiamente dicho y el Territorio del Alto Orinoco, capital Maroa. En 1893, raíz del tiempo de la revolución legalista, bajo la presidencia del General Joaquín Crespo se elimina el Territorio del Alto Orinoco y se restablece la unidad del Antiguo Territorio Amazonas, ordenación político-administrativa que ha seguido vigente hasta nuestros días.

Monótona es la historia, pues en la enumeración de Gobernadores arbitrarios, de especuladores inhumanos y de una población indígena diezmada, aterrorizada y en vías de extinción, en 1885 el Presidente de la República, dicta un Decreto el 10 de abril de 1885, que de haberse aplicado, que de no haber quedado simplemente en Decreto como tantas cosas en Venezuela, hubiera significado una transformación esencial en la vida de los Territorios Federales y fundamentalmente del T. F. Amazonas por cuanto se iba a formar la élite directiva de estos territorios a base de sus propios pobladores indígenas. El Presidente Crespo dicta un Decreto por medio del cual crea en Caracas, con asiento en Caracas, el Instituto de los Territorios Federales. Este Instituto tenía como objeto de acuerdo con las Disposiciones del Decreto del General Crespo, formar individuos de los Territorios con conocimientos teóricos y prácticos que les sirva a su tiempo para llevarlo como medios eficaces de civilización a sus respectivas localidades y de fomento y bienestar de los elementos que allí existen. Tres grados abrazaban las enseñanzas de los Institutos de los Territorios Federales. En el primero, cuya duración era de 2 años, se enseñaría lectura y escritura correcta del Castellano, principios de Religión, constitución política de la República, Aritmética práctica, Gramática, Geografía Patria y Geografía Universal. En el segundo, que iba a durar 2 años, Historia de Venezuela, idioma Inglés, Dibujo natural, Química práctica, Higiene pública y privada, Historia natural y elementos de Derecho Constitucional. En el tercero, se cursaría durante 2 años todas las materias relativas a las Artes y nociones generales y teóricas de las materias que se enseñan en las Escuelas de Artes y Oficios. Simultáneamente los alumnos serian internos y tocaría designarlos y dirigirlos al plantel cada 4 años, los Gobernadores de los Territorios Federales, en esta proporción por cada uno del Yuruari, Amazonas y Orinoco, 8; por el de la Goajira 18; 8 por el del Caura. Por cada uno de los del Delta y Armisticio 2 y por el T.F. Colón 1. La designación había de recaer en individuos de 8 a 12 años, nacidos en los respectivos Terrarios e hijos de indígenas de éste, con buen desarrollo físico, prefiriendo los que revelen la más clara inteligencia. El Decreto, lamentablemente quedo en la Gaceta Oficial y los avatares de la política impidieron que se llevase a la práctica.

En esta historia de violencia, hay episodios que cobran extraordinaria importancia dramática, por ejemplo, el asesinato del Gobernador Venancio Pulgar hijo, nativo del Zulia; como su padre, el famoso caudillo federal, llegó el joven Venancio Pulgar a San Fernando de Atabapo con el propósito de sustituir al Gobernador Abelardo Gorrochotegui, cuyo nombre volveremos a encontrar en momentos excepcionalmente grave en la vida del Amazonas. Los cronistas de la época pintan al joven Gobernador Venancio Pulgar como un hombre cordial, afable, de extraordinaria simpatía y que trató desde el primer momento de acercarse a la población indígena ordenando, al iniciar su administración, la construcción de viviendas para los indios. Nos cuenta Rufino Blanco Fombona que a Venancio Pulgar lo asaltó una noche una partida encabezada por su propio Comandante de Armas y por Pedro Mier y Terán. Venancio Pulgar estaba solo en su casa con su querida, una joven andaluza. Reducido a un cuarto donde se encerró armado de 2 revólveres; disparaba con uno contra los asaltantes mientras la chica le cargaba la otra arma. Los asaltantes les desentecharon el cuarto y por ahí le cazaron a él y a la españolita.

El nombre de la Casa Bobalius llena también la historia política y económica del Amazonas. En los últimos años del siglo XIX, la casa Bobalius era una casa comercial de capital inglés, presidida por el Sueco Carlos Bobalius, gran amigo del Presidente Andrade. Un cronista de la época considera esta casa Bobalius, actuando en Rio Negro como una nueva Compañía Guipuzcoana, aquella que en la colonia monopolizó no sólo el comercio sino la vida toda de Venezuela.

La casa Bobalius fue autorizada por el gobierno de Andrade para explotar a su antojo todas las regiones, con facultades tan amplias que hasta podía actuar como autoridad, imponiéndose al propio gobierno regional. En la práctica, el Gobernador del Territorio Amazonas vino a convertirse en un empleado más y de menor categoría a la casa Bobalius y los comerciantes del Territorio no podían tramitar ninguna operación sin la previa aprobación de Carlos Bobalius.

Bobalius logra del Presidente Andrade el nombramiento de Andrés Level Gutiérrez como Gobernador del Territorio, pero la resistencia se encuentra en la región y le impide ejercer el mandato y en su lugar viene el General Vicente Carrasco Meléndez a quien los cronistas de su época califican de hombre honrado, funcionario ejemplar. Condiciones excepcionales y rarísimas en las biografías de aquellos gobernantes.

La situación política y militar del país es confusa, el gobierno del Presidente Andrade ha tenido que enfrentarse a dos peligrosas revoluciones en el término de un año. Primero el alzamiento del General José Manuel Hernández, el Mocho Hernández caudillo del nacionalismo y derrotado por Andrade en las urnas y luego la revolución encabezada por el General Ramón Guerra en tierras del Guárico.

Derrotadas ambas revoluciones, ahora surgen en las fronteras del Táchira, en mayo de 1899, un movimiento revolucionario encabezado por el General Cipriano Castro.

En esos mismos días invade al Territorio Amazonas un grupo revolucionario, compuesto por sesenta hombres y encabezados por los Generales Ramón González y Francisco Mirabal. A estos dos cabecillas ha de unirse el General coriano Silvestre Colina a quien le dan el rango de Jefe del Estado Mayor.

El 24 de octubre el grupo revolucionario del General González llega a Maipures rumbo a San Fernando. González ordena el saqueo y el incendio de la casa Bobalius cuyo asiento principal era Maipures. Las calles del pueblo se alfombran con piezas de seda y los almacenes arden. El 3 de noviembre el grupo revolucionario desembarca en el puerto Tití, que siempre se ha utilizado para cazar por la espalda a San Fernando de Atabapo. Después de un combate de 5 horas, el Gobernador Carrasco Meléndez huye a la selva y el General González se instala y nombra al General Silvestre Colina como Jefe Civil y Militar del Territorio Amazonas.

En la madrugada del 6 de diciembre del mismo año, llaman a la puerta del General Silvestre Colina, Jefe Civil y Militar del Territorio Amazonas y una voz le dice desde la oscuridad:

- General Colina, usted está preso.

- ¿A quién debo entregarme preso? - responde el sorprendido Gobernador.

- No tenga miedo General, es el Coronel Emilio Cadena Briceño quien le habla.  

- No conozco el miedo - responde Colina y agrega - lo que siento es no tener diez hombres para contrarrestar ese alzamiento suyo.

- Usted ha violado la Constitución, General Colina - le dice Cadena Briceño - y yo la haré respetar.

Cadena Briceño y Colina se encaminan hacia la plaza. Van rodeados del grupo de aventureros que ha convocado Cadena Briceño para el asalto de San Fernando de Atabapo. Se trata de un grupo de prófugos que andaban vagando por las soledades del Vichada, huyendo de las Leyes colombianas como autores de muchos crímenes y que se aprovecharon de las ofertas de la casa Bobalius. Carlos Bobalius en su fuga hacia Ciudad Bolívar había tratado con Cadena Briceño para que este vengara los daños que había sufrido la compañía, prometiéndole a su vez cancelarles las deudas que él, Cadena Briceño, tenía contraída con la compañía.

En la plaza central de San Fernando de Atabapo, encontró el General Colina, amarrados a pacíficos ciudadanos que nada tenían que ver con esta clase de luchas, entre otros Sinforiano Orozco, Manuel Ortiz, Enrique Contanti, Pablo Santamaría y otros que completaban el número de 19 prisioneros.

- General Colina está usted en libertad, yo me marcho a Maroa - le dice Cadena Briceño. Colina se niega a abandonar a la suerte a los amigos prisioneros, pero éstos le convencen de la necesidad de que aproveche esa insólita oferta de libertad, con la esperanza de que algo pueda hacer por ellos.

Ultrajados por la tropa mercenaria, los 19 presos son embarcados en el vapor Morganito, propiedad de la Compañía Bobalius, a cuyo abordo va también Cadena Briceño y sus aventureros, hacia otros pueblos del Territorio.

En la selva de Yavita, conocida con el nombre tradicional de Montaña de Yavita, Cadena Briceño dispuso pasar por las armas a 4 de los prisioneros: Enrique Contanti, Carlos Santamaría, Pedro Mier y Terán, el asaltante de Venancio Pulgar y Manuel Francisco Fuentes; en la descarga, cayó herido Fuentes, pero creyéndolo muerto como habían caído los demás, lo dejaron como tal, logrando el herido huir después y refugiarse en una choza de indígenas.

Cuando Cadenas Briceño regresa de su expedición por los pueblos de Maroa, después del fusilamiento de Yavita, se encuentra con que el General Víctor Modesto Aldana se había alzado en su posesión de Isla de Ratón y había marchado en son de pelea en su busca. Lo asaltó en la Barraca denominada Cerro e´ Mono, propiedad de Pedro Hermoso Guardia con tan buen suceso que Cadena Briceño se fugó, quedando de esta manera la suerte del Territorio en manos de Víctor Modesto Aldana, quien se tituló Jefe de la defensa territorial.

Víctor Modesto Aldana era nativo de Coro, en su juventud tomó parte en varios episodios en nuestras guerras civiles y después de la derrota de las mangas cobera, encaminó sus pasos a Rio Negro y empezó a construir su reino en isla de Ratón. Corrió con suerte: fue uno de los primeros comerciantes del caucho y del balatá y en pocos años se hizo una leyenda de hombre tremendo y poderoso. Su influencia se hizo sentir desde La Urbana hasta la piedra del Cocuy y como siempre, se mostraba amigo del gobierno de Caracas y dispuesto a servirle con sus peonadas como soldados. Su influencia política era determinante en el Amazonas.

Los gobernadores en su mayoría recibían órdenes de Aldana; pero él aspiraba a ser Gobernador del Amazonas; ese era su sueño y su deseo. Quería completar su obra: quería ser el rey de Rio Negro. Hasta ahora no era sino el rey de la isla de Ratón.

Por esos mismos, días desde Paris, el escritor César Zumeta le escribe al nuevo Jefe del país, General Cipriano Castro para proponerle un plan de colonización de Guayana. Para su meta, la antigua Guayana, el Estado Bolívar y los Territorios Amazonas y Delta Amacuro constituían la reserva del porvenir de Venezuela y le propone a Castro un ambicioso plan para incorporar definitivamente este vasto e inmensamente rico territorio nacional adoptando para ellos los sistemas empleados por las Naciones colonizadoras. El primer paso del proyecto de apertura de la antigua Guayana a la vida civilizada sería un viaje de exploración científico-industrial por la región explotable, asegurando la colaboración de algunas Sociedades Científicas de Europa y de Sindicatos de Capitalistas Europeos, interesados en la producción del Amazonas.

Agrega Zumeta que era muy importante obtener junto con el resultado de observaciones hechas, el estudio de los trabajos que se requieren para hacer navegables el Alto Orinoco. Esto no es más costoso, decía Zumeta, que los ferrocarriles que Venezuela ha pagado a precios incalificables y debe negociarse la apertura de esa porción del rio del Alto Orinoco a cambio de concesiones de baldíos que las compañías pondrían gran interés en explotar y colonizar.

La llegada del siglo XX trajo para los habitantes del Territorio Amazonas una increíble noticia: un historiador, investigador de las culturas indígenas, además periodista y catedrático, venía a ocupar la gobernación del Territorio Amazonas. Bartolomé Tavera Acosta, que en esta misma historia va a figurar junto con Michelena y Rojas y Samuel Darío Maldonado, la trilogía civilizadora, el triunvirato defensor de los indígenas, el solitario grupo de los amigos de la justicia, llega a San Fernando de Atabapo.

Los sucesos de los años 1898 y 1899, habían sido muy graves y el Gobierno Nacional decidió nombrar una persona ajena a la región, pero conocedora de aquella realidad y al mismo tiempo capaz de inspirar confianza en la colectividad. Tavera Acosta encontró a Rio Negro en desastrosas condiciones; conocedor de la historia de la región y de las fuerzas sociales y económicas actuantes, comprendió que los trágicos acontecimientos sucedidos en el Amazonas no eran sino consecuencia de los procedimientos de quienes, con escasas excepciones, lo habían precedido en el gobierno de aquellos pueblos, aliado a espíritus turbulentos que nunca faltan y a los contratos y privilegios, apoyados y comentados por los propios gobernadores.

Estableció Tavera Acosta un régimen de moralidad administrativa que sorprendió a todos, de franquicia para todo el comercio, de estímulo para los artesanos y protección para la población indígena. Pero un día de inesperado sosiego, el Gobernador se dio a viajar desarmado y sin requisitos por todo el Territorio para conocer mejor los problemas de sus gobernados y para anotar las observaciones sobre etnografía y geografía regionales que irían a formar el material de su obra Rionegro, la más extensa y fiel reseña etnográfica, histórica y geográfica del Territorio Federal Amazonas, publicada hasta la fecha.

Rufino Blanco Fombona es uno de los más destacados pensadores y poeta de la etapa modernista. Múltiples fueron sus talentos: brilló como poeta, tuvo éxito como novelista, escribió cuentos que merecieron los mejores comentarios de la crítica, fue ensayista de originales aciertos y como divulgador de la obra de Simón Bolívar, realizó en el destierro una labor que puede considerarse de monumental.

En el año de 1904 desempeñaba las funciones de Cónsul de Venezuela en Ámsterdam. A su regreso a Venezuela a comienzo, de 1905, el Presidente Cipriano Castro decidió nombrar al joven poeta, Gobernador del Territorio Amazonas. Era la misión menos apropiada para quien se había formado en los medios más civilizados de Europa y de los EE.UU. y aspiraba sólo a una gloria literaria. Pero como era también hombre de riesgo, desafiador del peligro y peligroso contrincante, decidió aceptar la oferta Presidencial como quien acepta un desafío y marchó al Amazonas. Las páginas de su diario en que relata su marcha hacia San Fernando de Atabapo, son excelentes muestras de su estilo y de su imaginación. Revelan el estado de ánimo que lo dominaba en aquella jornada. Iba a descubrir un mundo y a ser dueño y señor de una remota república.

Mientras cruzaba aquellos bravíos parajes del Amazonas, escribe Blanco Fombona, yo iba pensando en los maravillosos conquistadores españoles del siglo XVI, profesores de energías con quienes la historia ha sido mezquina e injusta.

Y al referirse al Territorio y a sus habitantes comenta Blanco Fombona. Es el Territorio Amazonas en pleno siglo XX algo semejante a lo que podría ser América en el tiempo de los conquistadores; socialmente peor, la naturaleza está intocable, la autoridad es puramente moral y carecen de medios coercitivos; por eso es raro el Gobernador que salga con vida, Un impuesto, una providencia, cualquier cosa basta para que se declaren en rebeldía. Cuando no se molesta el uno, se molesta el otro y todos los apoyan entre sí, por espíritu de solidaridad y seguridad.

La Gobernación de Blanco Fombona va a ser muy breve y tendrá un traje de remate. En los primeros días como Gobernador, se dedica a trazar planes; hay un campo infinito para su voluntad de creador. Es la oportunidad más preciosa que puede brindarle la vida a quien aspira a ser un hombre de gobierno. Decide impulsar la vida municipal y constituye el Concejo Municipal de San Fernando de Atabapo que no había funcionado en la vida del Territorio, sino una sola vez, muchos años atrás. Creó por decreto una escuela en cada pueblo; pidió al gobierno de Caracas el envío de maestros, pidió también el envío de todos los holgazanes y desocupados que quisieran hacerse una vida estable y de fortuna, alojándose en el Amazonas, ya que lo que faltaba para su desarrollo eran brazos y más brazos. Pidió también el envío de Curas Párrocos. Se declaró protector de los indios y ratificó la disposición dictada por Michelena y Rojas de que las leyes no pueden esclavizar a los indígenas. Llevó al Atabapo, por primera vez, desde los tiempos de Michelena y Rojas ganado vacuno que no habían y se dispuso a fundar el hato de La Esmeralda. Pero desde el primer día de su gobernación, Blanco Fombona tiene un enemigo a quien no puede descuidar: el General Víctor Modesto Aldana, que considera al patiquín de Caracas, al poeta Gobernador como un intruso. La Gobernación del Amazonas, por derecho de la fuerza, considera Aldana que le corresponde.

Las relaciones entre los dos hombres se hacen cada día más peligrosamente tirantes: Blanco Fombona rechaza una invitación que Aldana le hace para que lo visite en sus dominios de la Isla Ratón, Blanco Fombona alega que quien debe venir a la capital del Territorio a presentarle sus respeto es Aldana y entiende la invitación de Aldana como una trampa, bien para hacerlo preso o asesinarlo; bien para que por toda la extensión del Rio Negro se riegue la especie de que Blanco Fombona fue a rendirle honores a Víctor Modesto Aldana.

Blanco Fombona se siente sitiado, vigilado, cree que su correspondencia hasta Ciudad Bolívar y Caracas son interceptadas en el camino y que quieren aislarlo del resto del mundo.

El relato de Blanco Fombona, dice que estando seguro de las aviesas intenciones de Aldana, organizó un grupo armado en San Fernando y trazó la estrategia para esperar el ataque de Aldana.

Ya antes había decidido invitar a los caucheros de Rio Negro a San Fernando, porque pensaba que la presencia de todos los hombres, sino impedía, al menos dificultaba los planes de Aldana.

El 24 de junio de 1905, divisó el guardia apostado en puerto Titi como 40 curiaras; en la primera, en la que aparecía como puntera de la flota, venía flotando una bandera amarilla; en esa embarcación llegaba el General Víctor Modesto Aldana. A poco entra a San Fernando de Atabapo.

El Gobernador Blanco Fombona, lo invita a un brindis, afirmándole una y otro vez a Aldana que estaba solo, que sus hombres andaban en los cauchales o cumpliendo comisiones por los lejanos pueblos.

Los habitantes del pueblo y los comerciantes, aterrorizados al enterarse de la noticia del alzamiento de Aldana, habían cerrado las puertas de sus casas y de sus comercios, volvían ahora a entre-abrirlas al no oír disparos, sino el diálogo cordial del Gobernador con el peligroso General de la Isla Ratón.

Aldana fue categórico: en pocas frases le dice a Blanco Fombona que venía a que le entregara la Gobernación y que lo vitaba a renunciar. Contra la vida del Gobernador no había amenaza, simplemente debía abandonar el Territorio. Blanco Fombona disimuló aceptar la situación y se encaminaron al galpón que servía de Casa de Gobierno con el propósito de levantar el Acta de trasmisión de Poderes. Se lee el acta que el temeroso Secretario ha redactado, Aldana hace un reparo, pues al final del documento, el redactor ha olvidado la fórmula sacramental Dios y Federación. El Secretario repara su olvido; Blanco Fombona invita al General Aldana a firmar el acta de entrega. Aldana toma la pluma y se inclina para firmar; es el momento escogido por Blanco Fombona para golpearlo por la nuca y acto seguido cerró la cortina de coleta detrás de la cual tenía escondido un grupo de hombres armados.

Blanco Fombona ordena fuego. La confusión es enorme. Varios acompañantes de Aldana mal heridos, mientras que el General Aldana, repuesto de la sorpresa y comprendiendo que ha caído en una trampa mortal, se apodera de un arma y se abre camino en busca de la retirada. Logra embarcarse en una curiara y rema Atabapo abajo, internándose a poco en los vericuetos del Orinoco.

A comienzos del siglo, en 1910, llega al Territorio Amazonas el  joven Coronel Tomás Funes. Venía en compañía de un hombre de negocios y de fama: el General Justo Díaz. Tomás Funes, nació en Cúpira, en las vecindades de San José de Rio Chico. Había sido oficial a las órdenes de su medio hermano Lorenzo Guevara en las guerras de 1892, 98 y 99. Funes había abandonado la fila militar a comienzos de siglo, después del fracaso de la revolución libertadora y, decidido a probar fortuna, se impuso acompañara a Díaz en la empresa comercial que iba a fundar en el Amazonas.

Los planes de don Justo Díaz tuvieron éxito y Funes demostró gran capacidad para el negocio, agudo sentido comercial y su carácter sencillo y popular le permitió conquistar muy pronto la simpatía de la población. Debido a una gran enfermedad de Justo Díaz tuvo que marchar a Europa y antes de emprender el viaje decidió convertir a su empleado Tomás Funes en su socio industrial y presentarlo como tal al alto comercio de Ciudad Bolívar.

El éxito y la fama de Tomás Funes fueron creciendo. Su nombre también era conocido en Trinidad y en Manaos. Fundó al correr de los años nuevas empresas; intervino con éxito en los negocios del caucho y, para 1910, es una de las primeras cifras en el escasísimo número de los empresarios realmente ricos de la región.

En el informe que el Gobernador Samuel Darío Maldonado presenta al Ministro de Relaciones Interiores en agosto de 1911 dice lo siguiente: “En estos últimos días, he conocido al Coronel Tomás Funes, uno de los comerciantes y explotadores de goma más activo y acreditado de la localidad. Le he concedido el primer permiso para establecer una fundación de cría de ganado en las sabanas de Santa Bárbara”. En las listas de explotaciones caucheras se encuentra el Gobernador Maldonado cuando visita las instalaciones del Casiquiare y del Orinoco, el nombre de Tomás Funes; aparece en este año 1911 en el de los más importantes empresarios de Rio Negro al lado de los nombres de Ángel Bustos, Jacinto Gavini, Roque Jordán, Arreaza Escobar, Ángel Abreu y Pérez Franco.

Samuel Darío Maldonado y Tomás Funes se hacen amigos. Samuel Darío Maldonado era tachirense, novelista, poeta, antropólogo, médico, explorador, etnólogo; un talento múltiple. Conoce a Venezuela palmo a palmo; ha recorrido los llanos e investigado la vida de las tribus que habitan en las tierras de Anzoátegui; estuvo en las riberas de los ríos del Estado Apure, exploró la sierra nevada de Mérida, vivió en la Goajira, muchos años. Más tarde, siendo Gobernador del Territorio Delta Amacuro en el año 1919, habrá de escribir su tumultuosa obra, “Tierra Nuestra”, navegando por el Rio Caura y que es un inmenso catálogo de los venezolanos.

Funes oye con atención al Gobernador Samuel Darío Maldonado que le inspira confianza; ambos tienen mucho de indio y le cuenta Funes la historia de sus primeros años, le relata los episodios de sus días de niño; era hijo natural del General Manuel Guevara, hermano natural de los generales Manuel Antonio Guevara y Lorenzo Guevara. Había nacido en Cúpira, pueblecito cercano de San José de Rio Chico. Su madre era una indígena de ascendencia caribe. Apenas pudo ir a la escuela y, adolescente, se unió a las tropas de su medio hermano Guevara para ir a la revolución legalista de 1892. Tomó parte en el asalto de Guatire bajo el mando del bravo General Martín Vegas.

A comienzo de 1899 estalla en las tierras del Guárico la revolución organizada por el General Ramón Guerra, el máximo prestigio militar de la época. El Presidente Andrade designa al General Guevara para que vaya a combatir a Guerra; en las tropas de Guevara, en un rango más alto que el que ocupó seis años atrás, vuelve a la guerra Tomás Funes. Guerra y Guevara se enfrentan en la acción de El Lambedero y el revolucionario tiene que aceptar la derrota y buscar el camino de Colombia para librarse del asalto.

Una nueva revolución estalla y cinco meses más tarde cae el gobierno de Andrade para dar paso a Cipriano Castro como nuevo Jefe del País. En Guayana está gobernando, en nombre del General Andrade, el General Nicolás Rolando, el más sólido y efectivo prestigio del liberalismo amarillo en el Oriente del país.

Rolando acepta la nueva situación del país, reconoce a Cipriano Castro como Jefe del Partido Liberal Amarillo y como Jefe Supremo de la Nación, pero las intrigas florecen en Ciudad Bolívar y es acusado Rolando de estar en trato con la revolución nacionalista de José Manuel Hernández para desconocer a Castro y proclamar la autonomía de Guayana, al mismo tiempo que otros informes dan cuenta de sus contactos con partidarios del derrocado Presidente Andrade que se encuentran exiliados en Trinidad.

El Presidente Castro decido sustituir a Rolando en el gobierno de Guayana y envía al Ministro de Relaciones Interiores, Juan Bautista Castillo en su carácter de Alto Comisionado Presidencial para que asuma el gobierno de Guayana.

Rolando entrega el poder y se exila en Trinidad; por órdenes de Castro y Castillo entrega la Jefatura Civil y Militar al General Lorenzo Guevara guíen también reconoce en la Jefatura Nacional a Castro y ha venido hasta las márgenes del Orinoco en persecución del Mocho Hernández. Las tropas de Guevara están integradas por gente de Barlovento principalmente. Allí viene el joven Coronel Tomás Funes, quien lo acompaña en esas andanzas guerreras desde 1891. Los acontecimientos políticos y militares suceden con inusitada rapidez: Rolando es derrotado en tierras de Cojedes por el General José Antonio Dávila y conducido preso a la Rotunda de Caracas.

Meses más tarde el General Lorenzo Guevara es sustituido en el mando. Entonces decide retirarse a la vida privada; le atrae la leyenda y Funes también decide abandonar la vida militar. A Funes le atrae la leyenda de las fabulosas riquezas de Guayana; fortunas que se fabrican en una o dos cosechas de caucho y el precio increíble que alcanzan las sarrapias y las plumas de garza en los mercados europeos; todo esto es mejor que la guerra. Otorga un poder más estable que el poder militar y que el mando civil sometido en Venezuela a tantas sorpresas. Y diez años mi tarde, en 1911, es el primer comerciante del Territorio Amazona. De sus barracas envía anualmente al comercio de Ciudad Bolívar mil quintales de caucho y concluye su relato hablando con el Gobernador Maldonado, acerca de sus proyectos próximos de fundar ganaderías en aquellas inmensas regiones desiertas, de establecer aserraderos, de mejorar la flota del rio; pero el destino tenía dispuesto otro programa para Tomás Funes.

He sido un estudioso, un investigador de la historia de esta región, de la historia de Rio Negro. Cuanto papel ha caído en mis manos lo he anotado, he buscado en colecciones de periódicos, en documentos oficiales, en cartas de los archivos de Juan Vicente Gómez, en cuanto se refiere a esta región, porque como les decía ayer, Juan Vicente Gómez ordenó silenciar el nombre del Territorio Amazonas desde el año 1913 en que Tomás Funes tomara posesión del gobierno de esta región por el derecho de la fuerza hasta el año de 1921. De tal manera que en la memoria de Relaciones Interiores de todos estos años desaparece el nombre del Territorio Amazonas; es decir, Gómez lo borró de la relación político-administrativa de Venezuela.

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Terminé mi conferencia de ayer refiriéndome a un Gobernador nativo del Estado Táchira que vino a ejercer la suprema autoridad regional en el año de 1911: Samuel Darío Maldonado. Samuel Darío Maldonado nació en Ureña. Siendo un adolescente, Maldonado intervino en la política local del Táchira; escribió en los periodiquitos del pueblo; empezó a mostrar su profundo interés por la naturaleza y la gente de Venezuela. Se graduó de bachiller en Mérida y de Médico en la Universidad de Carabobo. Realizó estudios de especialización en las Universidades de Viena y Berlín; además de médico, profundiza en Francia sus estudios de etnografía y antropología y aprende el alemán, el francés, el italiano y el inglés. Adversario del Presidente Castro, va a la Rotunda de Caracas, de donde una madrugada se fuga.

Al ocurrir el golpe del 19 de diciembre de 1908, colabora con el cabecilla del movimiento que no es otro que el propio Vicepresidente Juan Vicente Gómez. Triunfante Gómez, Maldonado figura en el primer gabinete ministerial del nuevo gobierno como Ministro de Instrucción Pública. En la Memoria y Cuenta que Maldonado presenta al Congreso en 1909 entrega a la consideración de los legisladores un análisis profundo de las causas del atraso educacional venezolano; pero una violenta escena protagonizada en una sesión del Consejo de Ministros entre el Gobernador de Caracas, Carlos León, y el Ministro Maldonado, determina una crisis política y la salida de los dos altos funcionarios del Gabinete.

En el año de 1910 el General Gómez le propone al Dr. Maldonado que acepte la Gobernación del Territorio Amazonas. Maldonado acepta y emprende viaje el 6 de febrero. Llega el Gobernador Maldonado a Puerto Bagre y se entrevista con el General Víctor Modesto Aldana, Jefe Civil del Municipio Atures. El 7 en la mañana llega a Atures y en la casa donde se hospeda, hace izar el Pabellón Nacional; el pueblo de Atures se componía en Febrero de 1911 de 25 casas de bahareque y techo pajizo, 19 en la planicie de Atures y 6 del otro lado del rio Cataniapo. Visitó el espacio escueto que hacía el cementerio de Atures y ordenó que no se sirvieran más de él por la proximidad a las casas habitadas y que se construyera otro cementerio de 40 metros por lado en un lugar adecuado en la sabana Sur de Atures. En seguida trazó la plaza de la futura ciudad de Atures por un perímetro de 80 centímetros por lado, eligió en la cabeza de la futura plaza de Atures el sitio para la Iglesia que también trazó al lado derecho y al lado izquierdo, respectivamente, eligió espacio para la edificación de las escuelas de niños y niñas y Casa Municipal y Casa del Cura, Cuartel de Policía y Cárcel y toda esa manzana la dedicó exclusivamente para edificios públicos y como había demasiada tierra en el futuro de Atures, dispuso que plazas, calles y avenidas fuesen lo suficientemente espacioso como lo requieren la civilización y la higiene.

Encontró muy pocos vecinos en Atures, solamente algunas mujeres ancianas con muchos niños, los hombres moraban lejos en sus trabajos. Los reunió el Gobernador Maldonado para  a decirles que su administración se proponía a toda costa traer a la población indígena que se había remontado a lugares inaccesibles o emigrado a Naciones vecinas por la falta de tacto en las relaciones con ellos, ya fuese de las autoridades, ya fuese de los comerciantes.

Terminada la organización del Municipio Atures, siguió Maldonado a Maipures y de allí partió a San Fernando de Atabapo. En el caño Paré, encontró unos indios Guahibos que le pidieron permiso para cultivar una islita en el raudal de Garcita y el Gobernador Maldonado le repuso que tendrían todas las tierras que quisieran en el caño Paré, y les regaló 10 hachas y 10 machetes.

El 19 de febrero de 1911 tomó posesión de la Gobernación del Territorio Amazonas. Nombró y tomó juramento al tren de empleados que habría de acompañarlo. Tomó notas de las necesidades de San Fernando de Atabapo y se declaró en visita oficial por todos los municipios del Territorio. Pero antes de abandonar a San Fernando de Atabapo y en vista de que toda la extensión del Territorio no existía una sola escuela primaria, dictó un Decreto, creando escuelas mixtas en cada una de las cabeceras de los cuatro municipios del Territorio; ordenó asimismo la plantación de árboles en la plaza de San Fernando de Atabapo, eligiendo la sarrapia por su utilidad y belleza y también la plantación de árboles en un campo alto hacia el Sur de San Fernando de Atabapo, donde existe el mejor puerto para hacer una avenida que bautizó con el nombre de Avenida Solano en memoria de quien fundo San Fernando de Atabapo. Ordenó la mudanza del cementerio y finalmente dispuso el aseo de toda la población y que notificara a los vecinos la limpieza interior de las casas y el alojamiento de los animales domésticos que circulaban por las calles. Las casas de San Fernando de Atabapo, para febrero de 1911, según la minuciosa nota que tomó el Gobernador Maldonado alcanzaba a 57; 50 de bahareque y techos pajizos y 7 techadas de zinc. El balance de su recorrido por el Territorio Amazonas es desolador.

Llevaba Maldonado el censo de las poblaciones fundadas en el Territorio durante la colonia y que continuaban mencionando los textos de Geografías de Venezuela y los informes oficiales editados por el Congreso, como centros activos de población y comercio y de la legendaria prosperidad de los poblados que figuraban en informes oficiales y en la geografía de Venezuela, solo encontró rastros y ruinas. Como iba rumbo a Maroa, pasó por la Isla de Chamuchina, donde existió un pueblo y no hay ni ruinas y solo se distingue el rastro del pueblo en los árboles frutales que quedan. El 26 de febrero llegó el Gobernador Maldonado a Baltazar y solo encontró 12 casas de las cuales solo dos eran habitadas y junto a ella la ruina de una Iglesia; el 28 llegó a Yavita, antiguo pueblo de alguna importancia en una buena y hermosa posición y lo encontró abandonado; de las 17 casas con que cuenta el pueblo, solo 4 eran habitables; la Iglesia caída, conservaba dos campanas de bronce con su fecha de fundición: 1764 y 1789. En Yavita contó 34 habitantes, 13 hombres, 11 mujeres y 10 niños de ambos sexos; siguió viaje a pie por la selva de Yavita a Pimichín. En el embarcadero del antiguo pueblo solo encontró un rancho en pie; llegó a Maroa y encontró el pueblo completamente desierto. Tan solo 3 casas habitadas de las 30 que formaban el conjunto urbano; continuó el viaje y pasó en el descanso por el deshabitado caserío de Guzmán y fue a pernoctar en Tiriquín que, a juzgar por las ruinas, calculó Maldonado que hubo de ser un gran pueblo. Prosiguió el viaje para desembarcar en San Carlos de Rio Negro: de las 42 casas que formaban el poblado, más de la mitad estaban en ruinas y la población la componían 9 hombres, 9 mujeres y 13 niños, con un total de 30 personas. Frente a la desolación presente el Gobernador Samuel Darío Maldonado, recordó que San Carlos de Rio Negro fue una población floreciente, como hasta la hora presente de su visita. Seguían atestiguándolos sus ruinas y la presencia de 4 cañones en la fortaleza que mandó a construir el Gran Marques José de Solano, único benefactor reconocido en estas regiones durante la colonia.

Al Gobernador Maldonado lo alarma y desconsuela la tremenda despoblación del Territorio Amazonas y como médico, sociólogo y político, trata de determinar el terrible fenómeno de la despoblación amazónica. Envía mensajeros a todos los capitanes indígenas que en reducidos números moraban en determinadas caños, invitándolos a que vayan a San Fernando de Atabapo con el fin de proponerles que colaboren en la fundación de pueblos donde ninguna autoridad local ni nacional los moleste o les produzca daños o perjuicios y donde no se permitirá tampoco que los comerciantes lo hagan.

Anota en sus apuntes Samuel Darío Maldonado, que sus antecesores como gobernadores del Territorio, salvo raras excepciones, no vinieron a este Territorio en plan de garantizar la vida a la propiedad criolla o indígena, sino todo lo contrario, a exterminar, a depredar de uno o del otro extremo de las fronteras sin límites.

Las comisiones enviadas por los Gobernadores anteriores a Maldonado, no llevaban otro objeto que cazar a mano armada a los pacíficos o infelices indios y traerlos maniatados a las llamadas poblaciones y entregarlos a los dueños de barracas o a los explotadores de goma a cambio de dinero, víveres y mercancías secas. Los precios de los indios variaban entre 50 ó 100 pesos, según los haberes del comprador. Con tan bárbaros atropellos el pánico se difundió en todas las direcciones.

Agrega Maldonado: y los naturales se internaron en la fragosidad de la selva o huyeron y traspasaron las fronteras; las familias desamparadas del brazo que los alimentara, la redujeron a muerte cierta y los indios presos y entregados a una ruda labor y mal alimentados, sucumbieron o se fugaron para ponerse a salvo, sin tornar jamás a sus primitivas y miserables chozas.

Por otra parte, añade Maldonado, los comerciantes sin autorización alguna, se daban a la tarea de cazar indios con iguales o peores manejos que los usados por los osados mandatarios regionales, ya para tripular embarcaciones o para otros empleos agrícolas o domésticos.

Las comparaciones entre las cifras y el censo, mandado a ejecutar en 1842 por el Director de Reducciones de Indígenas de la Provincia de Guayana, Don Florentino Grillet, y la tremenda desolación que para 1911 presentaba el Territorio, lleva a Maldonado a afirmar que ya no existen pueblos en el Territorio Amazonas.

La escasa población que aún queda es nada y ambulante. Señala como fecha del comienzo de esa tremenda crisis amazónica el año de 1892, coincidiendo con el auge de las explotaciones y del comercio exportador de goma y de plumas de garzas; en síntesis, que esta situación se ha agravado en los primeros 10 años del siglo XX. La emigración de la población indígena, especialmente hacia el Brasil, nunca ha sido espontánea, dice Maldonado, y tiene tres causas fundamentales: 1) denegación de justicia por parte de las autoridades nacionales y regionales con atropello a la población y por obligarlos a trabajar sin el consentimiento voluntario; 2) los explotadores de goma y los vendedores ambulantes y 3) los mañoqueros que los obligan a ceder su pan a trueque de baratija.

Asegura el Gobernador Maldonado al Ministro de Relaciones Interiores, General Francisco Linares Alcántara, que no hay pueblos en el Alto Amazonas, sino barracas. De acuerdo con el censo levantado en 1842 por Florentino Grillet, hubo en el Territorio Amazonas 27 pueblos y caseríos. Las barracas son habitadas según los recursos con que cuenta el explotador de goma. Después de la cosecha regresaban a los lugares donde tenían sus casas, pero de allí se seguía casi inmediatamente, para conducir el producto al mercado, de donde traían mercancías, principalmente desde Ciudad Bolívar y luego se reanudaba la tarea. A las causas reseñadas como determinantes, de la despoblación del Territorio Amazonas, agrega el Gobernador Maldonado, la resultante de la negativa obstinada del indígena, cuando no del temor supersticioso para curarse, con las medicinas apropiadas, enfermedades que como el paludismo, no tienen otra curación; asimismo la tuberculosis, el alcoholismo, la sífilis y el mal venéreo que la diezmaba del mal implacable, constituyeron otras causas de extinción de toda una comunidad.

A estas causas unía Maldonado otras que había observado y apuntado en una de sus numerosos estudios sobre las razas indígenas, el aborto provocado, el estado de evolución incipiente y por consecuencia la falta de un criterio moral, lleva a la mujer indígena, acogotada por la miseria, a no creer que es una maniobra animal la que origina la muerte del feto y recurren a las plantas de efectos verdaderamente activos para deshacerse de una boca que en el futuro no tendrá cómo alimentarse.

Entre los planes que propone el Gobernador Maldonado para luchar contra la despoblación del Amazonas y en su empeño de fijar en sitio definitivo a las errantes comunidades indígenas, decidió establecer un centro que sirviera de base a los pobladores de la ribera de los ríos Casiquiare, Pasimoni y Siapa y dicto un Decreto del 14 de marzo de 1911 por el cual ordenó la fundación de una ciudad que se debía denominar San Juan de Pasimoni, en las inmediaciones de la desembocadura del rio Pasimoni, a la margen izquierda en su parte más alta y en los cerros Cacheni y Orore. Dichos puntos reunían las condiciones de topografía e higiene necesaria para la conservación de sus habitantes así como para el desarrollo de la población.

 Designó capitanes fundadores de la ciudad a los indígenas Ventura Cordero y Pedro Mapurero y encargó al Jefe Civil de San Carlos de Rio Negro de la ejecución del Decreto de la fundación de la ciudad, entregándole el plano de la población que el mismo Gobernador Maldonado elaboró al efecto.

Cuando el Gobernador Maldonado llegó al rio Cunucunuma, recordó que casi todos los relatos de los viajeros de los siglos anteriores, hablaban siempre de la numerosa población Makiritare que vivía y trabajaba en sus riberas. Apenas pudo constatar 60 hombres en todo su recorrido.

En 1870 el Cacique Aramare iba de visitar al Gobernador Maldonado a San Fernando: de Atabapo con 400 hombres de su tribu; había el pueblo de San Ramón, abajo del raudal deTaberazama y por encima 2 poblaciones más. Todo había desaparecido para el año de 1911. Encontró en Chivacamoni al capitan Antonio Cachirulo, indio makiritare y le ordenó que buscara algunos de sus parientes y amigos que vivian en las profundidades de los caños, para que volvieran a establecerse en los antiguos sitios que ocuparan y nombró comisario del Cunucunuma al Coronel Luciano López, cuyo nombre volveremos a encontrar en momentos verdaderamente trágicos de esta historia.

Maldonado califica al Coronel Luciano López para 1911, de hombre laborioso y probo. Para el Gobernador Maldonado las relaciones entre el gobierno y la población indígena constituyó el problema fundamental de la región. Entendió que era difícil cortar de raíz males tan profundos pero se decidió a iniciar un cambio fundamental en la situación y entonces escribió: “Nada me arredra, nada me pasa inadvertido, ningún temor inmovilizará mi brazo, haré todo lo humanamente posible, y en este camino, Maldonado en el arreglo de cuenta o al examinar las cuentas de los comerciantes con los indígenas, imitó al Gobernador Michelena Rojas y mandó que numerosas explotaciones caucheras y en muchos establecimientos de comercios que hacían negocios con los indios le trajeran los libros mayores para ver sus asientos y encontró partidas que consideró como verdaderos delitos contra los triviales deberes de conciencia, cuando no un verdadero escándalo; en los libros examinados puso el Gobernador Maldonado los precios corrientes, suprimiendo los excesos.

Al hacer el examen de estos libros de los comerciantes del Territorio Amazonas, Maldonado llegó a la conclusión de que los llamados dueños de personal, verdaderamente explotan al indio y no a la goma; los precios de los artículos que suministraban a los trabajadores, tenían un recargo de 300 y 400 por ciento, o los obligaban a tomar otros artículos que no les eran menester, sobre todo máquinas de coser que no sabían manejar y que luego dejaban abandonadas.

En el Casiquiare, en un rancho de una familia indígena encontró el Gobernador Maldonado tres máquinas de coser, nuevas y descompuestas y varios sombreros de terciopelo tirados en el suelo.

Suprimió Maldonado durante el año de su gobierno la trata de indios y de indias, persiguió las nefastas caserías humanas; a los individuos que por mezquinos intereses de tener un esclavo arrebataban por las fuerzas los hijos a las madres, los obligó a la devolución inmediata de las criaturas.

A los que por violencia apaleaban o daban cinturonazos a los indios desvalidos, los hizo multar fuese quien fuese el autor de la violencia y sin perjuicio del arresto y del juicio.

Afirma Maldonado que procediendo de esa manera quería borrar con la esponja de la buena voluntad, uno de los borrones que aún existen en Venezuela, en uno de los ángulos de su feraz naturaleza. De la misma manera que Maldonado se alarma ante la despoblación del Amazonas y reclama medidas contra los procedimientos utilizados por las autoridades y los empresarios de las grandes explotaciones, se alarma y denuncia el desastre de la naturaleza, de que es víctima el Territorio; la despiadada destrucción de sus riquezas naturales; se preocupa por la tala de los bosques amazónicos, por la sistemática destrucción del hevea y la forma como tratan los árboles, es muy distinta a los métodos que se utilizan al pasar la raya de la frontera del Brasil en donde sí se preocupan explotadores y autoridades por el futuro de la riqueza natural y su conservación. En los gomales de Atacavi se descubrió una especie de hevea guayanesa que producían látex espeso que no corría ni circulaba hacia abajo, como la otra que debía extraerse a pique y sin fumigaciones de procedimientos.

Un individuo le propuso al Gobernador Maldonado la concesión de un permiso para explotar, igual que se hacía en el Caura, es decir, derribando el árbol; el Gobernador Maldonado le repuso que le estaba exigiendo permiso o libertad para asesinar los árboles, pues no otra cosa era el sistema de cortar y tumbar árboles para beneficiarse del látex. Que era absurdo y que jamás en ninguna parte del mundo se les arrancaban las ubres a una vaca para ordeñarles y que los árboles que producen leches son vacas vegetales, digan lo que digan los balateros y comerciantes de Ciudad Bolívar y tampoco quiso expedir permiso a ciertos nativos del Brasil que concurrían en las temporadas de cosechas, pues consideró que estos brasileros se manejaban en los cauchales del Amazonas venezolano como una verdadera peste bubónica de los árboles, destruían en Venezuela lo que allá, al pasar la raya fronteriza del Brasil sabían conservar y respetar.

En su informe al Ministro de Relaciones Interiores, advertía el Gobernador Maldonado que no se trata de una actitud de xenofobia, de prevención absurda contra los extranjeros, pues, en las explotaciones del Amazonas hay trabajadores de las más diversas nacionalidades, desde turcos hasta franceses, de quien no se escucha quejas en este sentido, pero aventureros de la calaña de esos brasileros no se le debe permitir ni como peones, no les duele la destrucción de lo que no les pertenece, termina comentando.

El problema de la educación primaria cobraba en el Amazonas para 1911, características esencialmente distinta a la del resto de Venezuela; por una parte no se encontraba en toda la extensión del Territorio una sola persona idónea para regentar una escuela primaria. Pero por otra la disminuida población de los lugares propiamente habitados: abandonaban a los caseríos y se marchaban a los gomales en la época de cosecha con sus petates, sus enseres y los animales domésticos. Con los padres se marchaban los hijos y frente a esta circunstancia común en todo el Territorio, la escuela colocada en algún lugar fijo, carecía del alumnado o era ínfimo el número de concurrentes. Pensó entonces el Dr. Maldonado en Alaska, pues la situación del Casiquiare era en un aspecto similar a la de la lejana península nórdica, pues, en la época de la pesca toda la población de Alaska se trasladaba a las playas y entonces allí funcionaban las escuelas que vuelven a ser trasladadas a los pueblos una vez que terminan la cosecha; son escuelas andantes, escuelas móviles y ordenó el Gobernador Maldonado al Coronel José Rodrigo Franco, cuyo nombre volveremos a encontrar, que adoptara el sistema de las escuelas ambulantes o móviles para el Territorio y que la maestra eligiera en cada caso el punto más central y concurrido del Casiquiare para establecerse.

Para Maldonado la única fórmula de vencer el tremendo aislamiento en que vivía el Territorio Amazonas en el año de 1911, era el telégrafo inalámbrico o sin hilos como entonces se decía. Descartaba la posibilidad de un correo regular y enumeraba las infinitas e invencibles dificultades de la extensión de una línea telegráfica de poste por selvas o ríos caudalosos, ya que no habría manera de evitar interrupciones.

Consideraba el telégrafo inalámbrico o telégrafo sin hilos, radiotelégrafo como un factor apreciabilísimo de civilización y señalaba las instalaciones que ya para 1911 tenían en la selva amazónica el Perú y el Brasil, así como los sistemas de radiotelégrafo establecido por las naciones colonizadoras en el África y proponía al Gobierno de Caracas la fundación de una oficina central de radiotelégrafo en San Fernando de Atabapo con tres oficinas subalternas.

Un hecho interesante reseñó Maldonado en su año de gobierno, no obstante la mala fama del Territorio y la vastedad de las comarcas para vigilar y ejercer la autoridad civil: la criminalidad en el Amazonas era para el año de 1911 la menor del país, solo tres hechos de sangre pudo reseñar.

Igual que el Gobernador Tavera Acosta, el Gobernador Maldonado recorrió la frontera con el Brasil, sin armas, sin Custodia y pagó los servicios que en el curso de su viaje prestaron peones y marineros, atravesó la selva de Yavita a pie y no en chinchorros como lo habían hechos gobernadores anteriores.

No se hizo anunciar en ningún pueblo para que no festejaran su arribo, acampó en las mismas playas, a las puertas de las barracas para abivaquear o preparar los alimentos y cuando los dueños de las casas lo invitaban a visitarlas, procuró no ser oneroso y no detenerse más de una noche.

En su recorrido entre Maroa y San Carlos de Rio Negro, fue victima el Gobernador Maldonado del primer ataque de fiebre intermitente; el estado de su salud se deterioró y se vio obligado a regresar a Caracas.

A comienzos de 1911 el Gobernador Maldonado regresó a Caracas. El deterioro de su salud no le permitió pensar en regresar al Amazonas. La noticia se extendió en los corrillos caraqueños y la posibilidad de sustituir en el lejano Territorio al médico tachirense, encendió en muchos la esperanza.

Desde Puerto Cabello, el 15 de setiembre de 1911, el General Roberto Pulido le escribe al General Juan Vicente Gómez lo siguiente: “Hace un año precisamente le pedí a usted la Gobernación del Territorio Federal Amazonas. Cuando le hice la exigencia fue muy tarde, pues usted se lo había ofrecido al Dr. Samuel Darío Maldonado. Hoy el Dr. Maldonado se encuentra en Caracas muy enfermo y supongo que no regresará, pero en el caso de que él lo quiera, él es hombre para desempeñar cualquier cargo nacional, lo cual no puedo decir yo, y ya como no puedo estar a su lado deseo irme lejos, muy lejos, donde ni los ojos ni los oídos me mortifiquen y usted sabe mi general que yo soy amigo de usted, no desde ahora, amigo de verdad, que le da lo único que tiene: la vida. Es por todo esto General que le pido la Gobernación del Amazonas. Sé que voy a luchar con las privaciones y a luchar con la muerte, pero lo prefiero que luchar en Caracas por la vida; por lo menos allá veo el resultado. Ya me estoy poniendo viejo y como estoy solo, veo agotar esperanzas y horizontes, pues no veo nada efectivo para mi porvenir”.

Ciertamente como el General Roberto Pulido lo afirmaba en su carta del 15 de setiembre de 1911, la amistad con Juan Vicente Gómez era muy vieja; su padre, el General Manuel Antonio Pulido, hombre de valor probado, acompañó al General Cipriano Castro en su empresa revolucionaria del 23 de enero de 1899 y cayó muerto en la Batalla de Tocuyito el 14 de setiembre de 1899.

El General Roberto Pulido había recibido la más esmerada educación, nació y creció en el medio más refinado de los Andes; torció su rumbo cuando iba a iniciar su carrera universitaria, porque era en Venezuela día de violencia y la guerra atraía a la juventud y le prometía victoria y poder.

En los primeros meses de gobierno del General Castro, protagonizó un altercado que determinó la ojeriza del dictador y durante 9 años permaneció dedicado a sus actividades privadas.

Roberto Pulido en el 1908 fue el más fervoroso partidario del golpe de estado que el 19 de diciembre realizó el General Juan Vicente Gómez. La caída de Cipriano Castro significaba para Pulido su retorno a la política. El Presidente Gómez lo recomendó al Ministro de Hacienda, Antonio Pimentel, quien lo designó Administrador de la Aduana de Cristóbal Colón; la designación disgustó a Pulido, pero acató la orden por creer que era Gómez a quien iba a desobedecer.

A comienzos de 1911 Pimentel destituye a Pulido, quien es víctima de un anónimo. Pulido entrega su cargo y va a establecerse en Puerto Cabello y desde allí le escribe a Gómez para pedirle la Gobernación del Territorio Amazonas. Pulido le habla claro a Gómez: los años avanzan, la vida pasa, se está poniendo viejo y quiere hacer fortuna; sabe que va a desafiar la muerte, comenta en la carta a Gómez: “...siquiera en el Amazona veo el resultado”.

Gómez complace a Pulido y lo nombra Gobernador del Territorio Amazonas. En octubre de 1912 llega a San Fernando de Atabapo. No viene solo el Gobernador, lo acompaña una verdadera corte compuesta por sus hermanos, cuñados, familiares, amigos y aspirantes.

Las palabras de su alocución son las de siempre: viene a laborar por la felicidad del Amazonas, trae una misión “de paz, de progreso y de unión” y Pulido está dispuesto a hacer cumplir las consignas del Jefe Supremo de la Rehabilitación, en el inmenso dominio que le ha sido entregado por su mando y capricho. Pero muy pronto empiezan a enterarse los pobladores del Territorio Amazonas que Pulido no va a seguir la línea trazada por su antecesor y coterráneo el Gobernador Maldonado, sino que va a restaurar la tradición de los gobernadores comerciantes y especuladores y que viene dispuesto a forjar una fortuna en poco tiempo y en cualquier forma.

Muy pronto aparece entre las casas comerciales de San Fernando de Atabapo una nueva asociación comercial, la casa comercial Pulido Hermanos y a fines del año 12, el Gobernador Roberto Pulido en su condición de socio principal de la casa Pulido Hermanos de San Fernando de Atabapo, se compromete por documento público a administrar como propio los intereses y los bienes raíces de la sociedad comercial Belga, Sindicato de Rio Negro con sede en Trinidad y una en el caño Casiquiare. El llamado Sindicato de Rio Negro, significaba en la práctica el monopolio y la explotación de todos los recursos naturales del caño Casiquiare.

Es interesantísimo el texto de la carta que el Gobernador Roberto Pulido le escribe a su hermano Pablo Emilio Pulido el 1° de diciembre de 1912, como testimonio y muestra de la manera de entender y de la forma de confundir las funciones de gobernantes con sus intereses de comerciante, monopolista y especulador.

Ha recibido el Gobernador Roberto Pulido en Atures una gran remesa de artículos que envía a su almacén de San Fernando de Atabapo y en la carta le da consejo a su hermano Pablo Emilio, Administrador del negocio, de la manera cómo va a ir aumentando los artículos de acuerdo con la escasez de los mismos y le va fijando el precio al detal de los fósforos, de las alpargatas, de las velas, de las telas de dril, de los cigarrillos y de las conservas alimenticias. Le envía unos dados de marfil, mandados a hacer especialmente en Caracas y le da consejos a fin de que no se lo roben o no se lo desajusten, lo que son para jugar dados corridos. De paso le da una orden para que le diga al Juez de San Fernando, el viejito Becerra que se acoja a su causa.

Los monopolios tomaron forma increíble bajo la Gobernación de Pulido sin antecedentes en estas tierras que habían sido tierras de especulación y de agiotismo.

A comienzos de 1912 el Gobernador Pulido y su cuñado Manuel María Baldó, se convierten en los únicos contratistas de las empresas de carro de buey y de embarcaciones en las zonas comprendidas entre los raudales de Atures y Maipures, y pocos meses después se prohíbe en toda la extensión del Territorio el tráfico de carros de bueyes, pues el Gobernador Pulido ha adquirido a precios vil de don Plácido Palacios, todo un tren de carros de bueyes y es necesario liquidar cualquier asomo de competencia comercial. Y a quienes traficaban con el comercio de mañoco por los ríos Guaviare, Ventuari, Cunucunuma, Vichada y Orinoco, los obliga el Gobernador a firmar una fianza y a depositar en la Tesorería General del Territorio la suma de dos mil bolívares para poder entrar a dichos ríos a ejercer el comercio mañoquero.

Era tradición cobrar en el Territorio cinco bolívares por el permiso expedido a cada persona que entrara a recolectar cauchos, pero el Gobernador Pulido decidió eliminar dicho impuesto y quiso establecer una norma insólita con la cual, de cada 4 quintales, que lograra el cosechero; debía entregar 2 quintales a la Gobernación del Territorio como colaboración para el mantenimiento de los gastos de gobierno y administración y obligaba asimismo que los dos quintales restantes fueran vendidos en San Fernando de Atabapo a la firma Pulido Hermanos, para evitar así a los comerciantes los viajes de transporte hasta Ciudad Bolívar.

El mismo año 12 estableció un impuesto en el rio Cataniapo por el cual se cobraba por cada bulto o persona que pasara de un lado a otro del rio, de tal manera que debía pagarse separadamente por cada uno de los objetos que formaba el equipaje del viajero. El Dr. Rafael Cabrera Malo en su defensa de Tomas Funes en el año de 1913 señala los impuestos que bajo la administración de Roberto Pulido se cobraba en el Territorio Amazonas.

1°) Un impuesto conocido con el nombre de impuesto de introducción, que gravaba las mercancías procedentes del centro del país con una suma que fluctuaba entre los 100 y 600 bolívares.

2°) Un derecho de regatón, o sea una patente sobre el comercio fluvial que montaba 400 bolívares por permiso.

3°) Un derecho llamado de barraca que ascendía a 40 bolívares.

4°) Un impuesto sobre el cobro de acreencias que vinieran a hacerse efectiva en el Territorio, por apoderados del resto del comercio del país.

5°) Un derecho de 100 bolívares por el registro de cada carro de buey.

6°) Un derecho de guía de la sarrapia que alcanzaba a 15 bolívares.

7°) Un derecho sobre la goma que alcanzaba a 12 bolívares por quintal.

8°) Un impuesto especial de papel sellado.

9°) Un impuesto de 10 bolívares que debía pagar cada peón explotador de la goma.

10°) Un impuesto de 20 bolívares que debía satisfacer cada peón u obrero que se dedicara a la explotación de la sarrapia.

11°) Un impuesto llamado fagina consistente del servicio personal de un jornalero o en su efecto 25 bolívares de multa.

12°) Un impuesto de peaje de un bolívar por persona que atravesara el rio Cataniapo y de 50 céntimos por cada objeto que pasara.

13°) Un derecho de 5 bolívares por el reconocimiento de las cuentas llevadas a los peones o a los obreros.

14°) Un derecho de revisión de carga, o sea un resguardo de aduana fluvial que alcanzara a 10 bolívares.

Pero la medida que iba a colmar la paciencia de los caucheros y a provocar una crisis de violencia sin precedentes en la turbulenta historia del Amazonas, fue la relacionada con el pago del impuesto que gravaba la conducción de goma y demás frutos a Ciudad Bolívar.

Era costumbre satisfacer este impuesto por los tenedores del producto mediante guías a la vista contra las casas de comercio más acreditadas en aquella plaza.

Pero a comienzos de 1913 el Gobernador Pulido dispuso que desde ese año en adelante, el citado impuesto debía pagarse en oro, prescindiendo de otra especie bajo pena de prohibición de embarques y salidas del Territorio.

No pudiendo los comerciantes realizar de manera inmediata el pago del gravamen, en moneda de oro, tenían que vender el producto en San Fernando de Atabapo a los agentes del Gobernador Pulido, quienes ofrecían comprar la goma a 50 pesos el quintal, cuando su precio normal era de 80 a 100 pesos.

Los representantes de las principales casas de comercio de Ciudad Bolívar se dirigieron al Gobernador Pulido con el propósito de pedirle que modificara la medida dictada, pero la respuesta fue negativa, las gestiones de los caucheros encabezada por Tomas Funes también fracasaron.

Ante esta situación y frente a la obstinada negativa del Gobernador Pulido, empezó a propagarse entre los comerciantes del Amazonas el propósito de derrocar al Gobernador Pulido.

El 8 de mayo de 1913, como el Gobernador Tomas Funes era el más importante de los comerciantes de Amazonas y era, además, veterano en guerra, guerrilla y asaltos y que había tomado parte en las revoluciones Venezolanas de 1892, 1898 y 1899. El descontento en el Amazonas se núcleo a su alrededor; los otros comerciantes carecían de la experiencia bélica que permite trasformar el descontento en motín.

 Tomas Funes traza los planes, los demás le obedecen; fijan la fecha, el estallido tendrá lugar al finalizar la cosecha, cuando todos los peones estén concentrados en las casuchas y en los toldos que en esa época rodea a San Fernando de Atabapo.

Como primera medida Tomas Funes ordena la recolección de las armas que están en manos de amigos y conocidos y nombra a sus fieles seguidores Jacinto Gaviní y José Vicente Rodríguez Franco como agentes de la conspiración en barracas y caseríos; su papel era preparar los ánimos, hablar mal del Gobierno, avivar la propuesta, encender el odio contra el Gobernador Pulido sin revelar naturalmente los planes, ni mucho menos el nombre del Jefe de la rebelión.

Y como la Casa de Tomas Funes en San Fernando de Atabapo era la más visitada, pues unos eran sus amigos, otros iban a pedirle favores, prohibió reuniones en su residencia, así como también las visitas. Allí solo entraban en altas horas de la noche quienes habían recogido un revolver, una escopeta o un fusil que iban a componer el parque de la revolución.

El episodio de la noche terrible del 8 de mayo de 1913 es el más conocido en esta larga historia. Se ha contado en reportajes, en novelas, en crónicas y en ensayos. Es una de las escenas más crueles en la historia de asonadas y de conspiraciones. Pero es curioso, en el informe que el 31 de mayo de 1913 le envían desde Ciudad Bolívar al Presidente Gómez el General Luis Varela, Presidente del estado Bolívar, al relatarle estos sucesos, los califica de pobladas. Y uno de los últimos sobrevivientes, Octaviano Chirino en San Fernando de Atabapo, al hacerle el relato a Monseñor García, hace apenas dos años, también espontáneamente con 50 años de distancia, califica los sucesos de aquella noche de poblada y otros testigos, como don Manuel Urbano Villegas que dejo unos apuntes, escribió lo siguiente: “Los conspiradores de aquella noche eran insospechables, porque eran trabajadores del caucho, completamente limpio de toda mancha y que por muchos años habían trabajado en difíciles circunstancia para ganarse el pan en medio de los peligros de la selva”.

Desde el mediodía del 8 de mayo la gente convocada empezó a reunirse en la casa de Funes. Allí iban a ser armados e iban a recibir instrucciones pues era una experiencia totalmente nueva en sus vidas. El alcohol comenzó desde temprano su tarea de taladro; en horas de la tarde regreso a San Fernando el Gobernador Pulido del Casiquiare en una lancha llamada “Yatala”. Venía con un ataque palúdico y se acostó en un chinchorro en un cuarto que tenía una ventana para la calle. Desde la oscuridad de la calle vigilaban al enfermo. A las 8 de la noche, las oscuras calles de San Fernando se poblaron de gritos y de disparos, se adivinaban unos bultos entre destellos de machetes y disparos de revólveres y fusiles. Desde la ventana del Gobernador dispararon sobre el chinchorro. El gobernador ha sido asesinado; ahora comienza en la noche la furia desatada. Caen asesinados los funcionarios del gobierno, caen asesinados los amigos de Pulido, caen asesinados los familiares del gobernador, pero también cae asesinado el Dr. Baldomero Benítez que a ninguna vinculación política tenía con el gobierno de Roberto Pulido y cae así mismo, asesinado, Enrique Delepiani hombre pacífico correcto y amigo de los alzados.

Funes designa a su amigo incondicional el General caraqueño Manuel Gonzáles para que asuma la segunda jefatura del movimiento. El crimen va a tener su abanderado, la muerte va y viene por las oscuras callejuelas, abre las puertas de las casas y traslada del sueño a la muerte quienes dormían en sueño de los justos. Gonzáles organiza en medio del tumulto, una cuadrilla de jóvenes que va a continuar el juicio infame hasta la hora del fusilamiento de Funes, el año 21.

 Novelistas y Cronistas recordaran siempre la frase sacramental pronunciada por “avispa” o por “picure” a lo largo de los años de aquella dominación: “Buenos días, hoy los macheticos no han comido, tienen hambre”.

 En el amanecer del 9 de mayo, una fosa común cavada a prisa, de seis metros de largo por dos de ancho y dos de profundidad, recibían en su seno a los cadáveres de todos los asesinados en la noche horrible.

El Presidente del estado Bolívar en su informe al General Gómez, sobre los sucesos del 8 de mayo le dice en su carta: “Todos los individuos victimados en la noche fueron enterrados en la madrugada de suerte que a las 6 de la mañana del día 9 de mayo no había un solo cadáver en la población”.

En la mañana del 9 de mayo partió de San Fernando de Atabapo una comisión al mando del General caraqueño Manuel Gonzáles, rumbo a Atures, con el propósito de hacer preso a los funcionarios del Gobierno y los miembros de las familias del asesinado Gobernador que estaban en aquel sitio. Llegan a Atures el 13 de mayo en horas de la madrugada, asaltan la casa en donde estaba Manuel María Baldo, cuñado del Gobernador Pulido y quien era administrador de las rentas y Jefe de la seguridad Territorial y donde también vivía doña Mercedes Baldo de Pulido, esposa del Gobernador. En la casa de Baldo encuentra Gonzales, 50 máuseres que Gómez había enviado a Pulido. Gonzáles ordena la prisión de la señora Pulido y de su hijo de 6 años, Roberto Pulido Baldo y de José Dolores Ramírez, a quien ejecuta en el trayecto entre Salvajito y Maipures. En el camino entre Maipures y San Fernando de Atabapo el 18 de mayo, el General Manuel Gonzáles viola a doña Mercedes Baldo de Pulido y poniéndole un revolver en el pecho la obliga a tomarse una dosis de estricnina; pero como la dama se resiste a apurar el veneno, da muerte al niño en presencia de la madre; doña Mercedes apura el veneno y padece cruel agonía, en medio de la salvaje soledad.

Cuando regresa el General Gonzáles a San Fernando, tiene otra misión que cumplir. Se ha decretado la muerte del General Antonio Varela, administrador de la aduana de Santa Rosa de Amanadona y hermano del General Luis Varela, presidente del estado Bolívar. Gonzáles comandaba a 32 hombres, Varela contaba con 10 y al oír los primeros disparos del asalto en Santa Rosa, Varela organiza la resistencia dentro de la casa de la aduana y resiste durante varias horas pero al final se rinde. Gonzáles toma posesión de Santa Rosa de Amanadona, Varela trata de escapar pero fracasa en sus intentos y perseguido por el capitán Gertrudis Alfaro, cae rendido. Gonzáles lo remata con una puñalada en la ingle.

En su regreso a San Fernando de Atabapo el mismo 22 de mayo, el General González llega a Maroa y reduce a prisión a los hermanos Federico y Juan Espinosa y dispone que sean ejecutados quienes no tienen otro delito que ser hermanos de Antonio y Ernesto Espinosa caídos en la noche del 8 de mayo en San Fernando.

Al regresar a San Fernando, Funes ordena al General González que vaya a ocupar a Maipures con 100 hombres; dispone que Manuel Maestrachi vaya con 50 hombres a situarse en los raudales de Atures y Salvajito y el propio Funes con 300 hombres armados ocupa el sitio del Mamey donde fija su cuartel general.

A Enríquez Odreman y al Br. Salvador Perdomo lo deja con 15 hombres en San Fernando. Colocó otro destacamento en Maroa al mando del Coronel Ventura Gutiérrez y uno en San Carlos de Rio Negro bajo el comando de Eliseo Henríquez.

Los preparativos militares de Tomas Funes respondían a la convicción que tenia de que el Presidente Gómez, al conocer la noticia de los sucesos de Rio Negro, ordenaría el envió de una expedición armada que fuera a someterlos. Cerca de Maipures, en la Isla de Ratón, quedaba un enemigo peligroso, el General Víctor Modesto Aldana, representante del poder antiguo y que había sido durante largos años el Gobernador de hecho del Territorio, con alto valimiento en el comercio de Ciudad Bolívar y con gran predicamento en el ánimo de Juan Vicente Gómez, que lo consideraba como un hombre muy útil.

Para la nueva situación que se fundaba en el Amazonas, la presencia de Víctor Modesto Aldana en la Isla de Ratón, era una amenaza; el General Manuel González destacó una comisión a la Isla con la orden de que hicieran preso al todopoderoso General Aldana; traído a su presencia, Gonzales ordenó su inmediato fusilamiento; los soldados lo condujeron a la orilla del rio y allí lo decapitaron.

Gómez recibió las primeras noticias; el Presidente del Estado Bolívar, General Luis Varela, le comunica por telégrafo las primeras noticias de los sucesos: desde el 8 de mayo el Territorio Amazonas había quedado definitivamente aislado del resto del mundo. Es a fínales del mes, el 28 de mayo, cuando comienzan a llegar a Ciudad Bolívar los primeros viajeros de San Fernando de Atabapo. Ninguno puede explicar al General Varela como empezaron los sucesos de la noche del 8 de mayo, pero todos habían asegurado a Varela que los moradores y los comerciantes del Amazonas se mostraban profundamente desagradados con los procedimientos de Roberto Pulido y agrega el general Varela: “Cuando menos se pensaba se alzó una poblada que ataco el Gobernador a quien dio muerte, así como a sus empleados y relacionados y también a unos comerciantes inofensivos” y les envía la nómina de los muertos de San Fernando la noche del 8 de mayo de 1913, la encabeza el General Roberto Pulido, el Gobernador, y los sigue el General Antonio Espinoza, secretario general, Pablo Enrique Pulido, jefe Civil de San Fernando; Heriberto Mayer, recaudador de Rentas; Reyes Carvajal, Juez; Eliodoro Linares, Jefe d la policía; Domingo Martínez, Comisario; Pedro Varela, amigo del gobernador; Antonio Espinosa, hermano del secretario general; Rafael Mayor, hermano del recaudador; José Capeche, amigo de Pulido, Nicanor Martínez, amigo de Pulido; el Dr. Baldomero Benítez, ajeno a los sucesos.

Según los informes de los comerciantes que llegaban a Ciudad Bolívar, la tropa que Funes había organizado unos 500 hombres. Con respecto a Tomas Funes, le decía el General Luis Varela el 28 de mayo al General Juan Vicente Gómez lo siguiente: “El Coronel Funes, uno de los primeros comerciantes de aquellas localidades sino fuere el primero, aunque de escasos alcances intelectuales, es un hombre de valor inmoderado, como por sus extensas negociaciones tiene muchos relacionados y amigos en todo el Territorio que están pendiente de él. Juzgo General Gómez que sacándolo usted del Territorio con un pretexto cualquiera u ostensiblemente justificado sería más fácil la tarea del nuevo Gobernador. Funes tiene hombres, tiene armas, tiene parques y en estas regiones goza de simpatía. Acaso pudiera ser el llamado suyo el medio de sacarlo temporalmente de su campo de acción”.

Los comerciantes de Rio Negro que llegaban a Ciudad Bolívar, le aseguraban al Presidente General Varela que en ánimo de Funes y de todos los dirigentes de aquel movimiento local, nunca había duda acerca del reconocimiento del General Gómez como Jefe del País y que esperaba que le designara un nuevo gobernador para ponerse a sus órdenes. Le advertía, eso sí, que rechazaría cualquier autoridad que llegara al Territorio con una tropa armada; en cambio respaldaría y acatarían las ordenes de quienes representaban en el Amazonas el General Gómez, así se tratara de un anciano inerme, siempre que llegara solo.

De todas maneras el presidente del estado Bolívar, advierte a Gómez que si está dispuesto a enviar desde Maracay una fuerza armada con el fin de someter a Funes, debe organizar una gran expedición armada que, indudablemente, tendrá que ir ocupando a sangre y fuego las primeras poblaciones de los raudales de Atures y Maipures y así sucesivamente todos los puestos y barracas. La expedición, lo dice el General Varela al General Gómez, tendrá que traer muchas previsiones y lanchas de transportes, pues, Funes se ha apoderado de todas las que estaban en los raudales como medida de precaución que corrobora su propósito de que no se envíen tropas al Territorio y además posee 4 lanchas de motor.

Al lado de Tomas Funes surge el 8 de mayo la figura del consejero, la eminencia gris de la nueva tiranía Amazónica. Se trata del bachiller yaracuyano, Salvador González Perdomo, quien se hace llamar unas veces doctor y otras General. Es escritor y su estilo literario es excesivamente retorico, alambicado, recargado de frases, que requiere ser elocuente y solo son confusas. La admiración mayor de González Perdomo entre los valores literarios del mundo es el colombiano José María Vila. González Perdomo estimula las ambiciones de poder de Tomas Funes, de poder económico, de poder político, de poder militar, pero en medio de sus alabanzas inmedidas le da a Tomas Funes dos consejos para asegurar la estabilidad del nuevo poder militar y político: primero, que reconozca sin tardanza la jefatura nacional de Juan Vicente Gómez y segundo, que inicie la defensa judicial de los sucesos del 8 de mayo.

En el camino de paralizar los propósitos de Gómez, de liquidar esa insurrección que no tiene antecedentes bajo su gobierno, Funes empieza a enviarles cartas, telegramas y mensajeros que vayan a proclamar en Maracay la fe Gomecista de Tomas Funes, su admiración por el caudillo, su deseo de servirle. Una y otra vez le pide Juan Vicente Gómez, que asigne un Gobernador del Territorio para acatar sus órdenes, para laborar en el propósito de asegurar la paz y el progreso bajo el signo de Gómez único.

El 28 de mayo responde el General Gómez a la extensa exposición que firmada por los coroneles Tomas Funes, Salvador González Perdomo, J.V. Rodríguez Franco y Jacinto Gaviní entre otro, le han dirigido para darle una explicación de los acontecimientos de San Fernando de Atabapo. Gómez comenta los sucesos y le anuncia el nombramiento de una gobernación del Territorio que cumplirá finalmente con los deberes oficiales, garantizara los derechos de los ciudadanos.

Con su estilo retorico y resonante, Salvador González Perdomo redacta la respuesta de Funes al telegrama de Gómez y dice. “Su telegrama, dice Funes en la redacción de González Perdomo, ha tenido grata resonancia en el alma Territorial, su palabra en la voz de la justicia, serena y brillante, recta como la vida y el derecho, y concluye en una frase que aclara los alcances de sus intenciones y reclama el reconocimiento de su condición de cabecilla de la nueva situación. Soy representante legítimo de esta situación, le dice Funes en su respuesta a Gómez, situación exclusivamente local, garantizándole a usted seguridad pública, me pongo completamente a su disposición”.

El primer candidato que piensa el General Gómez para ocupar la Gobernación del Territorio Amazonas es en el apureño doctor José Rafael Núñez, amigo del dictador, político y abogado de larga experiencia y quien fue durante la segunda presidencia del General Joaquín Crespo, Secretario general de la presidencia de la República. Pero el doctor Núñez declina respetuosamente la oferta, el peligroso honor.

El general Doroteo Flores propone su propia candidatura desde Puerto Cabello, alegando sus razones de amistad con Funes y la posibilidad que tenían de arreglar las diferencias, pero Gómez le da el silencio por respuesta.

Pero al final se decide Gómez por nombrar al General Abelardo Gorrochotegui, conocedor del Territorio Amazonas, que había sido su gobernador en el 1896. Gorrochotegui había hecho una excelente labor administrativa en el Territorio. No fue agente comercial de nadie, no especuló, no persiguió a la población indígena, era militar de verdad y excelente poeta nativista. Gorrochotegui estaba retirado de la vida pública, manifestó su interés por el cargo. Por su parte el doctor Samuel Darío Maldonado, le recomendó al presidente Gómez como el único político capaz de viajar a Rio Negro y tratar con Funes a Abelardo Gorrochotegui, inerte como lo había pedido los delegados de Funes. Llegó el General Abelardo Gorrochotegui a San Fernando de Atabapo.  Durante el tiempo que transcurre entre el 8 de mayo y el 2 de agosto de 1913, Salvador Perdomo que ahora ostenta el título de general y no de doctor, ejerce las funciones de jefe civil militar del Territorio Amazona, mientras que el Coronel Tomas Funes figura como jefe del ejército territorial.

González Perdomo decreta como día de júbilo el de la llegada del gobernador Gorrochotegui a San Fernando de Atabapo. Para demostrar su acatamiento al General Gómez, Funes viaja a los Raudales de Atures a esperar a Gorrochotegui y a presentarle los saludos del Amazonas. Y González Perdomo, que no olvida detalle ninguno, dispone en el decreto de honores a Gorrochotegui, que tan pronto como pise tierra en San Fernando de Atabapo la guarnición del ejército revolucionario territorial, le rendirá el honor digno a su jerarquía.

La alocución de Gorrochotegui, naturalmente la redacto González Perdomo, en ella califica a Venezuela de una democracia compulsiva y afirma esta curiosa frase: programa de gobierno no traigo, porque, el hombre es hijo de una circunstancia y cuando quiera hacer el bien y alcanzar el éxito le basta con colocar, por encima de los intereses personales, el honor y la responsabilidad del cargo público. Tampoco traigo programa administrativo porque son los pueblos los que deben de marcar al magistrado los derroteros de su obra.

Pero Funes no olvidó el consejo de Gonzales Perdomo de arreglar judicialmente la situación del 8 de mayo, obtener cuanto antes una sentencia de juez al precio que fuera y que lo absolviera de responsabilidad personal y de responsabilidades directivas de la noche del crimen. González Perdomo que había vivido en Caracas y conocía de cerca el mundo jurídico y político de la capital, le recomienda como defensor suyo al joven Jurista doctor Rafael Cabrera Malo para que asuma la defensa.

Cabrera Malo era abogado de nota, poeta y novelista que había desempeñado la cartera de Relaciones Internacionales en el gobierno de Castro. Un incidente con el General Ramón Dorta, “Piquijuye”, en las puertas del despacho del ministerio, le obligo a presentar su renuncia. Desde entonces se dedicó a ejercer su profesión con extraordinario éxito, con su capacidad jurídica y la astucia de sus recursos.

Cabrera Malo se enteró en los sucesos y considero muy fácil la defensa de Funes. El 8 de mayo de 1913, era Fuenteovejuna, todos contra uno, el pueblo innumerable e infinito contra el tirano, era la sanción colectiva, la furia del común, la sanción de la multitud; imposible precisar en un crimen colectivo. El crimen era de todos y no era de ninguno. Es la obra de una multitud heterogénea, puesta fuera de sí, escribe Cabrera. Fue la explosión de una misma furia que de tanto tiempo atrás venia acumulando en el alma regional del Amazonas, los barbaros y codiciosos procedimiento en todas las autoridades. Pulido pago por todos.

Todos estos eran los argumentos de la defensa de Cabrera Malo, es lógico y humano pensar, escribía el jurista, que semejante estado de ánimo esa noche se produjeran también explosiones de odios individuales, manifestaciones particulares de venganza largamente aplazadas, deplorables excesos que en mano de las autoridades autorizadas, débiles por la razón de su reciente origen, no podían prevenir ni menos reprimir.

En virtud de todas las razones alegadas, pidió Funes el 12 de agosto de 1913 al juez de primera instancia del Territorio Amazonas, en su carácter de juez del crimen que abriera el sumario respectivo. Solícito el juez Pedro Hermoso Guardia abrió el proceso, acogió los argumentos del doctor Cabrera Malo, oyó los testigos, recibió la exposición del fiscal y, después de llenar todas las formalidades que pauta la ley Venezolana, sentencio en mayo de 1914, sobreseyendo la causa en observancia a los establecido en el caso 8 del artículo 178 del código de enjuiciamiento criminal.

Realizó prodigios de habilidad política Gorrochotegui, pero según la aseveración que él pudo obtener de los amigos de Funes, el verdadero objetivo de Funes era hacerse fuerte en el Amazonas y aguardar la ocasión propicia, bajar al Orinoco y apoderarse de Ciudad Bolívar. Gorrochotegui pudo contar 700 hombres de tropas y 400 fusiles y se enteró además de que Funes había vendido en 1914, un cargamento de goma por el valor de 100.000,00 bolívares; que el dinero lo había invertido en la compra de armas en Manaos, donde el comercio de armas es normal. Contaba para el momento de partida de Gorrochotegui con 4 lanchas de vapor que podían remolcar cada una tres canoas, con una capacidad total de 400 hombres.

Observo Gorrochotegui que en Funes su ambición era emular la gloria militar de Cipriano Castro y que era un decidido anticolombiano. Advirtió así mismo la poderosa influencia que había logrado Salvador Gonzáles Perdomo en ánimo de Tomas Funes, quien firmaba los escritos que el bachiller yaracuyano presentaba y que acataba la mayor parte de sus consejos políticos.

Gonzáles Perdomo era el consejero de Funes, decía el ministro Zumeta, y el que lo ha adelantado para cometer sus peores hechos de sangre. La negra fama de González Perdomo va alcanzando contornos nacionales.

En la denuncia de sus crímenes que hace el historiador Bartolomé Tavera Acosta en la prensa de Ciudad Bolívar, lo llama el tigelino de Rio Negro, para recordar al favorito de Nerón, célebres por sus crueldades y por sus infamias y a quien se le acusa en la historia de ser el verdadero autor de incendio de Roma.  

Al viajar Gorrochotegui a Caracas, Tomas Funes, se encarga de la Gobernación del Territorio y empieza a realizar gestiones para que Gómez lo nombre definitivamente en el cargo. Pero Juan Vicente Gómez no responde; envía entonces Funes a Maracay al Coronel Ernesto Pérez Briceño, uno de los colaboradores más cercanos para que agregue argumento a los que ya se han presentado en favor de sus aspiraciones; pero Gómez entonces decide nombrar Gobernador del Territorio al Coronel Pérez Briceño.  Ninguno de estos sucesos será registrado en los documentos oficiales de la época.

Funes acepta la decisión de Gómez, promete su obediencia y su colaboración al nuevo gobernador y participa que el tiempo en que ha desempeñado interinamente la gobernación, construyo con su propio personal de peones caucheros, una casa de gobierno, donde pensaba tener asiento cómodo los poderes del Territorio, había levantado una Iglesia en San Carlos de Rio Negro y dio comienzo, a la carretera de Yavita.

A medida que los días pasan, Funes consolida su poder en el Amazonas y entonces su empeño es mayor en lograr la confianza total de Juan Vicente Gómez, en destruir en el ánimo del dictador de Maracay, la prevención que lo aísla; quiere que Gómez no olvide el origen de su poder y comprende que para un hombre como Juan Vicente Gómez, el haber asesinado a su amigo Roberto Pulido y obligarlo a él, el dictador de Venezuela, a aceptar por primera vez en su gobierno el hecho cumplido a una situación ajena a su cálculo y control, ha cometido una falta imperdonable. Las manifestaciones del gomecismo de Funes son todos los días más desacerbadas. En un día reúne en asamblea a los vecinos de San Fernando de Atabapo para constituir la junta pro-candidatura del general Juan Vicente Gómez, para el periodo presidencial que comienza el año 14 y se hace elegir presidente de comité pro-candidatura. Dice Funes con la pluma de González Perdomo que Gómez es un predestinado en la historia del mundo y es una estrella guía sus pasos hacia un destino superior y enumera los hechos que, en sus conceptos, son esenciales dentro de lo que califica la obra extraordinaria de Juan Vicente Gómez. Le dice Funes a Gómez: “usted liquidó el gobierno ridículo y trágico de Cipriano Castro, harto de crímenes y hambrientos de tragedia, única música que arrulla la imaginación de los tiranos. Usted invito a gobernar a los mejores Venezolanos, usted reanudo la vida internacional, usted organizo la hacienda pública”.

Los revolucionarios que conspiran en la frontera de Colombia, en el Meta y Arauca, preparan una nueva invasión y en 1915, le escriben a Tomas Funes, invitándolos a tomar parte en la nueva revolución de Venezuela. 

El doctor Carmelo Paris y general Roberto Vargas, jefes antigomecistas en tierra del Meta, envían comisionados ante Funes. Le ratifican por escrito su interés que se una a ellos en la empresa de derrocar a Gómez, se comprometen a reconocerlo como un alto jefe en los cuadros de le revolución y luego en la organización del gobierno que nazca del derrocamiento de Gómez. Funes por respuesta le enviaba las cartas de Carmelo Paris y Roberto Vargas a Gómez y le ratifica su adhesión. Soy un hombre para quien su palabra es cuestión de vida o muerte, le dice Funes a Gómez.

En la frontera con el Brasil tenia Tomas Funes, una posesión denominada San Rafael. A raíz de los acontecimientos del 8 de mayo, se la entregó a su compañero de aventura el general Manuel González, para su explotación en sociedad y como pago a sus servicios en la noche crítica de 1913.

González marchó a San Rafael en agosto. El personal que había escogido en San Fernando, para que trabajara a su lado tenía el carácter de peones y de soldados y dentro de las barracas de San Rafael se vivía un régimen estrictamente militar, con servicios de vigilancia, ronda y centinelas.

Pero a Funes le preocupaba la presencia de Manuel González en el Territorio Amazonas, lo sabía de qué era capaz y además era el mejor testigo de su matanza y en cualquier momento cualquiera lo puede utilizar para procesarlo. González estaba sentenciado a muerte y una expedición comandada por el coronel Rodríguez Franco, fue en su búsqueda. Las introducciones era precisas: no me lo traigan, ni me lo dejen.

Funes le participo a Gómez, la muerte del General Manuel González en la siguiente forma: “quiero participarle que el general Manuel González, le dice  Funes a Gómez, hombre de ideas levantiscas y perversas, desanchando su palabra conmigo y mi palabra comprometida con usted; hizo precipitar a los habitantes del Territorio en una revuelta civil, sin objeto decidido ni ideal determinado, e ignorando que es muy peligroso mover los pueblos cuando no hay una causa justificada” y concluye así Funes en su mensaje a Maracay: “el General Manuel González fracaso ruidosamente, concluyendo de manera trágica una vida de desorden y tropelías, decorada en el caso por las más absurdas de las traiciones”.

Cuando Salvador González Perdomo escribía las líneas de este telégrafo, no sabía que su sentencia de muerte también estaba dictada. Funes era hombre admirador ciego de Vargas Vila. Era el único autor que leía y volvía a leer, le gustaba sus novelas, le gustaba la música verbal de sus páginas y aspiró, una cosa extraña, a escribir un libro, mejor dicho, había infundido en Gonzáles Perdomo la tarea de escribir un libro, que iba a publicarse con la firma de Funes; era su debilidad, pero González Perdomo revelo el secreto y Funes lo supo y se sintió defraudado, traicionando en su mejor sueño y decidió cobrar al indiscreto su falta. Lo invito a leer en grupo de amigos una página del libro y lo obligo a decir que el autor de esas páginas era el propio González Perdomo y no Funes. González Perdomo se sentía perdido, apenas podían gesticular palabras. En medio de la lectura un disparo ocasiona su muerte. Unos dicen que de un arma que había recostado a una pared y se cayó, salió el tiro. Otros, que desde un hueco hecho en la pared del cuarto. Lo cierto es que una bala cegó la vida de su eminencia gris Salvador Gómez Perdomo.

Cuando perece el Gobernador Pérez Briceño, víctima de una inyección misteriosa, ya no quedan testigos ni compañeros de las andanzas iniciales de Funes. Los que se han salvado es porque han huido a Ciudad Bolívar, Caracas, Colombia, al Brasil, el Llano. Tomás Funes reina sobre una inmensa soledad, reina el miedo, todo es silencio, pasan los años y Funes no cambia, su cuenta aumenta en proporción directa a la soledad en que se va quedando Amazonas. Tal vez por su origen indígena, a los únicos que respeta y contra los cuales prohíbe sanciones es a la población indígena. Sus relaciones y persecuciones es con la población que entonces se llamaba, creo que ya no se llama así, de “racionales”.

Pérez Soto está gobernando en el Apure y le escribe: “usted allá en San Fernando de Atabapo, yo aquí en Apure y el General Eustoquio en el Táchira, somos los tres vanguardias del gomecismo”.

A la media noche muchas veces Funes abandona su casa y se va por las calles del pueblo; el rumor del ojo de esas horas es sospechoso, no hay día que no se trame una conspiración, cuando se habla a media voz en el silencio de la noche, y como quien pega primero pega dos veces, a la mañana siguiente el develado conversador, que estaba esperando la hora del alba para marcharse a los lejanos cauchales, recibe la inesperada gesticular visita de “avispa” o de “picure”, quienes lo conducen al viaje sin regreso.

El terror de Funes pesa sobre la tierra de los grandes bosques y los grandes ríos, con la fuerza simple de las cosas eternas. La leyenda de su tiranía se esparce como sombra por todos los rumbos, es el doctor Francia del Amazonas salvaje.

No hay poder humano ni divino que pueda acabar con este hombre, piensan los caucheros explotados y los comerciantes temerosos. Ser empleado suyo o espaldero, no es tampoco seguridad. González Perdomo su cómplice, su secretario, su eminencia durante años, un día cae asesinado.

Pero el General Emilio Arévalo Cedeño, en la soledad de los llanos orientales de Colombia, ha estado organizando la tercera invasión contra Gómez; marcha ya sobre los dominios de Funes. El líder revolucionario parte la media noche el 31 de diciembre de 1921, en la confluencia del Casanare y busca del Meta, río de bastante chubasco. Con 190 hombres; sin provisiones y armados con viejos fusiles (no tiene la esperanza de ningún refuerzo) la flotilla para remontar el río está compuesta de falcas rionegreras, de viejos bongos y débiles canoas.

Al llegar al Meta los riesgos aumentan, los vientos de verano son contrarios a la navegación y pone en peligro la vida de los hombres; una de las embarcaciones choca con las piedras de un raudal y los soldados caen al agua, perdiendo la vida. Ahora empiezan las tropas de Arévalo Cedeño a remontar el Orinoco, comienza la campaña de Rio Negro. En muchas noches pasan por rumbos desconocidos buscando algún paso del Orinoco para pasar las embarcaciones y pasan al otro lado, continuando hasta el encuentro de otros raudales. Así quedan atrás los saltos de Atures, Garcita y Zamuro.

Aquellos, más que un ejército, es una tropa de enfermos, de hambrientos que marchan febriles en busca de San Fernando de Atabapo. Por fin llegan a la confluencia de los tres grandes ríos del Amazonas, el Orinoco, el Atabapo y el Guaviare; en aquel lugar de citas de las tumultuosas corrientes fluviales, se levanta la fortaleza de pesadilla de Tomás Funes.

Arévalo Cedeño frente a la capital del Amazonas toma sus medidas estratégicas; él no considera prudente atacar de frente a San Fernando de Atabapo, remonta el Orinoco y desembarca en la pica de Tití; aparecerá atacando al pueblo por la espalda, como viniendo de la bifurcación del Orinoco; la expedición llega a su destino para su plan de combate. Arévalo dirige sus tropas en dos columnas; una, rebajando el poblado hasta acabar con el fortín del gobernador por delante; la otra, donde vaya la corriente por el flanco que va al río.

Ha llegado la hora de las cuentas para Tomás Funes. Son las 4 de la madrugada del 27 de enero de 1921. De pronto Funes oye gritos y disparos; no entiende lo que está pasando; solo sus disparos se han oído allí en los últimos tiempos, cuando él grita o cuando él dispara. El resto solo es silencio; el silencio del miedo.

Una descarga de fusilería dirigida contra la puerta de su casa lo saca de duda; se trata de un asalto; deben ser los caucheros, piensa. De inmediato se dispone a defenderse como un valiente, a resistir como lo ha hecho siempre. Sus órdenes se multiplican, su energía y sus amenazas lo acompañan, pero los primeros en huir de su lado, en abandonar el barco, son sus espalderos “avispa” y “picure”. Funes refuerza las entradas del caserón, el tiroteo arrecia; a machete la pelea debe ser violenta y rápida, no de tantas horas. Los expedicionarios empiezan a recibir la ayuda de la población, en un comienzo remisa, indiferente, miedosa. La resistencia del gobernador será inevitable. De pronto ve Funes como los revolucionarios van a prender fuego a su casa. No hay posibilidad de continuar la resistencia y ya está oscureciendo, después de tantas horas. Funes enarbola como bandera de rendición un trapo blanco. Su reino ha terminado.

Un delegado de la triunfante revolución se acerca a la casa de Funes y éste le manifiesta su interés en mantener conferencia con el General Arévalo Cedeño: le dice que él también es enemigo de Gómez; le recuerda sus comienzos, cuando representando la justicia popular, contra los excesos del representante de Juan Vicente Gómez, el Gobernador Roberto Pulido, se apoderó del Territorio el 8 de mayo de 1913. Podríamos llegar a un acuerdo le dice Funes y añade amenazante y tentador: general Arévalo yo tengo dinero en el banco y armas en el Territorio y concluye para discutir sobre estos temas, es esencial que venga aquí el General Arévalo Cedeño a hablar conmigo.

El delegado de la triunfante revolución se ofrece de servir de intermediario y le expondrá al victorioso guerrillero del Guárico, las proposiciones que acaba de oír. Arévalo Cedeño escucha al delegado y le responde: ir al cuartel de Funes jamás, nunca el vencedor visita al vencido y delega en uno de sus oficiales las discusiones de la rendición de Funes.

Funes se compromete a entregar a la revolución de Arévalo Cedeño todos los armamentos y dinero que aquí tiene, en cambio se le respetará la vida y ya como se han arreglado los términos de la entrega y el vencido marcha hacia la plaza a firmar el pacto, cuando ha extendido su firma, le extiende la mano a Arévalo, pero éste se la deja en el aire diciéndole: si todos los ríos de la tierra se juntaran, sus aguas no serían capaces de lavar sus manos.

De inmediato el vencedor establece en el Territorio Amazonas el más estricto régimen militar, hay que aprovechar el tiempo, las comunicaciones con el resto del país, con Brasil, Colombia, son interrumpidas, los caminos son establecidos y vigilados. Mientras tanto, se discute la segunda etapa de la campaña.

Pero un acontecimiento inesperado trae al campamento revolucionario la zozobra. Funes no ha obrado lealmente, ha dicho que ha entregado todas sus armas y la oculta en su casa. Bajo un tablado se han encontrado pistolas, revólveres, fusiles, municiones; él había mentido y su engaño amenazaba la reciente victoria; tenía planeado la traición y desconocía su propia capitulación.

Arévalo Cedeño ordena su arresto inmediato y convoca un tribunal militar para el 30 de enero de 1921, se va a juzgar a Tomás Funes y a su oficial el Coronel Luciano López. Los crímenes cometidos a lo largo de 9 años de mando, constituye la parte central de la acusación; hace las veces de defensor el Coronel Eliseo Henríquez; son 460 los muertos que acusan a aquel hombre. El defensor solo alega a su favor el sentimiento humano de clemencia. El consejo acordó por unanimidad condena a muerte a los coroneles Tomás Funes y Luciano López. A las 10 de la mañana está reunida la tropa en la Plaza de San Fernando de Atabapo. Se lee el acta de condenación y el Coronel Marcos Porras da al pelotón de fusilamiento la voz de fuego.

Pero antes ha ocurrido un episodio: cuando se quiere vendar a Funes, éste rechaza la venda y dice, “a los hombres no se vendan para matarlos” y da al unísono con el jefe del pelotón la orden de fuego. Cae Funes, Luciano López es actor de una lamentable escena. En el acta que firman los jefes de la revolución, declaran de manera formal que somos los responsables directos de este acto de justicia llevado a cabo en nombre de la revolución. Firman como comandante en jefe de la revolución Emilio Arévalo Cedeño, como jefe del cuerpo militar, Pío Gil, Ricardo Arria Ruiz y como jefe del cuerpo Horacio Ducharne y Napoleó Manuit. 25 días más tarde Arévalo Cedeño, ya establecido un gobierno revolucionario en el Territorio Amazonas, abandona a San Fernando de Atabapo y bajando por el Orinoco va en busca del Apure con el propósito de asaltar la fortaleza de Vicencio Pérez Soto en el otro San Fernando, pero las desavenencias y los recelos personales entre Arévalo Cedeño y Roberto Vargas, pronto han de liquidar le empresa que comenzó con tantas fortunas. Arévalo Cedeño abandona otra vez la lucha pero muy pronto volverá a tomar a San Fernando de Atabapo.

En el año 24 las líneas fronterizas son casi borradas y la gente de Colombia vive el drama venezolano con la intensidad de un problema propio. Como en el tiempo en que ellos han elegido seis (6) presidentes de la república de Colombia, en Venezuela ha reinado un solo hombre cuya voluntad es ley.

Arévalo Cedeño ha regresado a Colombia, entrega sus escasas armas al médico zuliano Carmelo París, para que la guarde en custodia y logra colocar la mayor parte de los soldados de su tropa como peones en hatos vecinos en la línea fronteriza y el guerrillero marcha a Panamá en busca de contacto con los grandes caudillos de la revolución antigomecista.

En los primeros meses del año 1924, se decide Arévalo Cedeño volver a invadir a Venezuela. 85 hombres se incorporan en esta quinta empresa de Arévalo Cedeño contra la dictadura de Juan Vente Gómez.

Es la última expedición de Arévalo Cedeño, concluye el historiador Velásquez. Arévalo abandona las armas y toma el camino que lo conduce al Brasil.

 

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