Cuando en Puerto Ayacucho no había mangos (1)

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El origen del Ánima de la piedra


En los años 30 había una sola mata de mango en la ciudad: la que quedaba por los lados del actual Bar “Mi Madrecita”, el antiguo establecimiento del Sr. Ventura Salillo, junto al Río Orinoco en el entonces  Barrio Perico, el primer Barrio que se formó en Puerto Ayacucho. Era el sitio del Sr. Pedro Caribán (apellido jivi) donde estaba la primera mata. Actualmente existe el hijo de esa mata. Sí, parece imposible, dada la gran abundancia actual, tanto es así que desde la cima del Cerro Perico casi no se ve la ciudad. El mango, de procedencia asiática, vino en los albores de la Venezuela actual. Tan es así que el libertador Simón Bolívar no comió mango, porque no existía.
En esos años los niños de entonces (Pascual Silva, Pedro Navas, César Alayón y José Antonio Pereira) utilizaban el verbo “manguear”, para significar que se iban de wayumi hasta el actual Atures, que está a la margen izquierda del Río Cataniapo, donde existían otras matas de mango.
La carretera estaba recién inaugurada y los habitantes eran pocos. Juan Ramón Chacín y su hermano Horacio fueron los primeros criollos que se establecieron a la orilla del Orinoco, en el actual Puerto Ayacucho, en el Barrio Aguao. Posteriormente estos hermanos, hacia el año 40, se mudaron para el Barrio Las Guacharacas, que fundaron, junto con la familia Villegas.
La venida de los Salesianos a Puerto Ayacucho contribuyó grandemente en la proliferación de estas matas, al traer nuevos especímenes. Cuando llegaron, en el año 1933 gobernaba el Territorio Federal Amazonas Jesús Canelón Garmendia. Las Crónicas Salesianas recogen sus desafueros. La gobernación quedaba donde actualmente está el Hotel Orinoco. El muro antiguo que rodea el hotel  quizás lo hizo el Gobernador Tomás De Gregorio, quien mudó la Capital en 1928 desde San Fernando de Atabapo hasta la recién fundada Puerto Ayacucho y estableció la Gobernación en las construcciones que dejó Aguerrevere ahí. 
Pedro Navas me cuenta, rememorando esos tiempos: “Canelón Garmendia era un asesino. Entre los muchos muertos mató a mi primo hermano Mario Navas. Él era policía, junto con Anilo Paminare, recientemente fallecido más que centenario, Alberto Montiel  y el comandante era José Baldallo, quien dejó descendencia en Amazonas. Mario fue muerto por la misma policía de Canelón Garmendia. Todo vino por un chisme. El Gobernador tenía una lancha llamada “El Atraco”. El capitán se llamaba Rafael López y su motorista era uno que le decían Cayayo. Éste tenía una mujer de Ciudad Bolívar. Se la jugaba con Canelón y Mario se lo dijo, porque era policía y lo sabía todo. Cayayo en una rasca le reclamó y le cayó a golpes. Al otro día lo supo Canelón y le preguntó: “¿quién te dijo?”.   “Pues fue Mario Navas” - le contó. Entonces Canelón lo encadenó y lo puso en el cepo en la mitad del patio. Al otro día lo desencadenó solo para ponerle los grillos, momento que aprovecho Mario para salir corriendo, al grito de advertencia de la prima Alejandrina que estaba presente: “¡Corre Mario, que vienen a matarte!”. Venía un piquete de policía a ponerle los grillos. Mario atravesó la quebrada de la calle Bermúdez, antiguo Barrio Perico y le dispararon, primero al aire para que se parara, y luego al aire de los pulmones. Lo mató Alberto Montiel a la orden dada por Baldallo. “Así se dispara a un hombre” – le dijo a los presentes. Lo apuntó y apretó el gatillo. Mi primo cayó en la esquina donde estaba la casa de la prima Alejandrina, al atravesar el caño, donde actualmente está el puente. Cuando se fue Canelón y vino el general Alfredo Franco como Gobernador, se extendió el rumor que no quería entregar y la ciudadanía decidió tomar las armas para apoyar al nuevo Gobernador sin saber quién era. Así sería de malo ese bicho. Un tío mío ya estaba preparado para matarlo y le dijo a los otros: “A mí a Canelón me lo dejan”. Pero entregó pacíficamente y se fue. Murió en su ley, al ser muerto en Maracay por un ahijado, porque había matado a su papá. No podía morir tranquilamente en su cama, quien hizo tanto mal. Por cierto, el Ánima de la Piedra es de esos tiempos. Mi mamá se estableció al lado de la piedra. Ahí tenía un ranchito y yo tenía como 8 años. La vecina era Doña Emma Blanco y hacían arepas para venderles a los trabajadores. Ahí había una gran mata de cañafístola. Recogió unas topias de piedras para cocinar. Ahí mismo dejaba los peroles. De noche eso era un bullicio que no se podía dormir. A la mañana siguiente mi mamá fue a averiguar el origen de tanto escándalo, registró entre las piedras y encontró unas osamentas humanas sin enterrar. Se dijo: “ese muerto quiere vela” y se las prendió y más nunca molestó. Esa ánima se hizo milagrosa debido a la misma lancha “El Atraco”. Al capitán López se le cayó al agua el arranque del motor de la lancha. Sabía lo terrible que era Canelón y si se enteraba, su ración de palos y cepo lo esperaba o respondería ante el pelotón de fusilamientos. Comenzó a bucear en la búsqueda de la pieza sin resultado alguno. Desalentado se acostó a dormir en la misma lancha, que era su hogar. Entonces soñó que alguien venía en su ayuda y le indicaba, en su desesperación, dónde estaba el dinamo.  Al despertarse se acordó del Ánima de la Piedra y le prometió que si lo encontraba le haría un altar como sede propia. Se tiró de nuevo al agua y -¡gol!- ahí estaba el dinamo. Pero no lo podía sacar del agua porque era muy pesado. Entonces contrató los servicios de un pariente para que con un mecate buceara y se lo amarrara. Así fue como pescó la pieza y solucionó el problema. Al otro día el Ánima de la Piedra estaba de fiesta, porque habían comenzado a construirle una sede digna de ella.”

El centro de Puerto Ayacucho de 1940. Las construcciones principales son: La Gobernación, la casa de habitación del Gobernador (donde actualmente está la Gobernación), el Asilo Pio XI, la Plaza Bolívar y nuestro primer Hospital, llamado Simón Bolívar (actual Casa Sindical). La actual Av. Aguerrevere era un camino. La Avenida Orinoco, en el medio de la foto, era la misma carretera que construyó Aguerrevere hacia Samariapo y llevaba su nombre. Se observa que no había matas de mangos-

El Puerto Ayacucho actual. Se puede observar las matas de mango.
Este árbol deberían ser declarado patrimonio de la ciudad.



Nota: Así me lo contó el Sr. Pedro Navas, recién fallecido a los 94 años; vio cuando Santiago Aguerrevere pasó por Provincial, donde vivía, a hacer la carretera.
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