Cuentos del Alto Orinoco

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¡MIJAMA! ¡MIJAMA! ¡KUIMAN IRA!
(En Yanomami: ¡CUIDADO! ¡CUIDADO! ¡VIENE EL TIGRE!)


En los años 90´s, mi vida en el Alto Orinoco transcurría plácidamente, mientras construíamos la sede de la Alcaldía por administración directa (con obreros y equipo de La Alcaldía, sin contratistas de por medio). A veces nuestra paz era alterada por hechos intrascendentes.
Entre ellos estaba el hecho de que un niño Yanomami, muy travieso y como de 8 años, se metía en nuestra casa y revolvía y desaparecía nuestras cosas una y otra vez, mientras estábamos trabajando.
No era robo, porque el Yanomami no cree en el robo, cuando de un NAPE (el que no es Yanomami) se trata.
Según su mitología, cuando OMAWE (su dios) creó la tierra, los hombres y las cosas, primero creó a los Yanomami, luego a los animales y plantas y por último a los NAPE. De ahí su complejo de superioridad hacia nosotros, por el orden de importancia en la aparición.  
Cuando OMAWE iba a crear los bienes materiales, se disgustó con los Yanomami y se fue desde  el Alto Orinoco hacia Puerto Ayacucho. Ahí creó los bienes materiales y los repartió todos entre los NAPE: los motores fuera de borda, los carros, las neveras, los aviones, etc, etc.
Pero OMAWE pronto se cansó de vivir entre los NAPE y regresó al Alto Orinoco. Entonces los Yanomami le reclamaron: porqué repartió todo entre los NAPE y no les dejó nada. OMAWE, arrepentido, les dijo:
-Es verdad. No les dejé nada a Uds. Pero de ahora en adelante, con mi permiso, pueden cogerle esos bienes a los NAPE.
Por eso para los Yanomami el robo no existe. Solamente sustraen de los NAPE lo que en justicia les corresponde. Por lo tanto a ese niño no podemos catalogarlo de ladrón.
Sin embrago hablé con su papá que estaba en La Esmeralda. Me llamó la atención que vivía solo con su hijo y alejado de su comunidad y le pregunté el porqué. Entonces me contó este cuento asombroso:
“Mi nombre es Miramawe que quiere decir en mi lengua el de los ojos bonitos. Entre nosotros es difícil conseguir mujer. Por esto hay guerras y matanzas. Yo tuve que emigrar a otro Shabono para poderla conseguir. Al cabo de un tiempo nació este niño que los molesta.
Nuestra vida en comunidad era la de un Yanomami normal. Un día íbamos para el conuco mi mujer, este niño  entonces recién nacido y yo. En la mitad del camino se nos apareció un feroz tigre hambriento y yo, sin pensarlo, salí corriendo, dejando a mi mujer y a mi hijo a merced de la fiera. El tigre mató a mi mujer que defendió a su criatura hasta la muerte.
Entre nosotros los Yanomami no se acepta la cobardía. Es el peor pecado. Y el que debió sacrificarse fui yo. No sé por qué nací cobarde. Pero así soy. Debí nacer WAITERI (valiente) como mis otros compañeros. Son los que consiguen mujeres y yo tuve suerte al conseguir una. Los WAITERI tienen más de 10. Vivo con remordimientos por este hecho.
La comunidad se reunió y me condenaron a muerte por cobarde y con razón. Aun así me dieron la oportunidad de irme para siempre, con la condición de nunca más volver. Por eso me encuentro aquí con mi hijo, pagando mi cobardía por el resto de vida que me queda, en un mundo que no es el mío”
“No te preocupes Miramawe – traté de consolarlo – muchos, entre ellos yo, no sé qué habría hecho. En estos casos extremos se decide en un instante y por instinto. De lo que si estoy seguro es que hubiera dicho – ¡si la sangre es amarilla estoy herido! – Ahora vamos a comer y mañana comenzarás a trabajar con nosotros en la sede de la Alcaldía. Compartiremos contigo nuestra comida y tu ostracismo.”


Así iba a ser La Sede más bella de Amazonas. El sitio, una loma con una vista espectacular hacia el Cerro Duida, la escogió, previa consulta, el Kajichana Manuel Velásquez (Dawaschuwa). Año 1994.


La comenzamos y estas son las bases y columnas de la planta baja. Esto lo hicimos en 2 meses. Posteriormente contratistas ladrones con alcaldes bandidos cobraron lo que nosotros hicimos por 450 millones de la época. Ahorita serían alrededor de 100 millones de Bs. Año 1994



*Cronista de Atures
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