Cuando el Orinoco era El Pauto

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AMAZONAS: NUESTRA HISTORIA  Nº6

Daniel de Barandiarán dice: “El Orinoco de ayer no era el Orinoco de hoy, acurrucado vergonzosamente en su Escudo Guayanés, sino el Orinoco Amazónico, así visualizado en una cosmovisión generalizada durante más de dos largos siglos: desde 1556 hasta 1800.” Absolutamente, toda la Cartografía mundial dibujó y consideró, durante dos siglos, al Río Orinoco como gemelo del Río Amazonas y naciendo en los Andes Quiteños. Los mapas de Manuel Román y de Bernardo Rotella, Jesuitas ambos, se deberán considerar como los primeros que hicieron enderezar y revolucionar al Orinoco, sustrayéndolo de su filiación amazónica en los Andes Quiteños.
En esos tiempos se pensaba que el Orinoco nacía en Los Andes y era hermano del Amazonas. Para los primeros españoles que nos visitaron y escribieron nuestra historia (Diego de Ordaz en 1531 y Antonio de Berrío, luego), no pudieron imaginar que un gran río se despeñara antes de su nacimiento, era imposible que después de los Raudales de Atures existiera, ya casi en su desembocadura, un río importante. Por eso tomaron el derrotero del Río Meta como el Orinoco verdadero, con su denominación local indígena de Pauto.
El primer “dueño”, por equivocación,  del actual Orinoco fue Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de la Nueva Granada y de su Capital  Santa Fe de Bogotá. El 25 de julio de 1.569, el rey Felipe II le otorgó mediante una capitulación 400 “leguas en cuadra” (unos  5 millones de kilómetros cuadrados actuales) la Provincia – Gobernación de las tierras comprendidas entre “los ríos Pauto y Papamene.” En esa región debería estar El Dorado de sus ilusiones.
El Pauto actual es un escuálido afluente del río Meta. El Papamene actualmente no existe. Se suponía un afluente del Guaviare y luego del Yapurá – Caquetá y por lo tanto un afluente del Río Amazonas.
 El Orinoco de ayer no es el de hoy, ni en su onomástica ni en su visualización. En efecto: para Jiménez de Quesada y para el resto de españoles el río Candelaria, Beta o Meta y Orinoco era la misma cosa;  para los indígenas era según la etnia que atravesaba. Así tenemos que:
  • Orinoko (“allí donde se navega”) era le denominación exclusiva de los indios Tiwi Tiwi de Walter Raleigh y Güaraos o Güaraunos para los demás. Fue la denominación que perduró.
  • “Río Paria” para los Caribes
  • "Río Huyapari o Aruacay” para los Arawacos.
  • “Río Barraguán” para Otomacos y Sálivas.
  • "Río Pauto” era el actual río Orinoco para los indígenas de la región del Meta, en los valles de Casanare de la actual Colombia y los primeros pobladores españoles que bajaban de la entonces Nueva Granada. Bajaban de las montañas andinas por el páramo de Pisba, el mismo que utilizaría nuestro Libertador 150 años después con sus llaneros en una gesta heroica y sobrehumana. Provenían del Congreso de Angostura y tomaron la misma vía, pero al revés.
  • Ayrico en su final, hacia el nacimiento del río Amazonas, su entonces gemelo.
Pero Quesada murió antes de cumplir su sueño y dejó como heredero a Antonio de Berrío que enseguida se dedicó a buscar el inmortal Dorado en sus posesiones. No lo encontró a pesar de que sí encontró a otro que también lo andaba buscando: Sir Walter Raleigh.
El verdadero artífice de la Guayana podría considerarse a Quesada y luego a Berrío, quien se encerró a buscar su Dorado en el Bajo Orinoco y perder allí la ilación de la verdadera herencia dejada por Quesada. Debido a estos malabarismos históricos la Nación Venezolana perdió la mitad de su territorio actual.
De esta eterna búsqueda al menos nació la Guayana y por ende nosotros, los amazonenses. Somos, entonces, los hijos de una ilusión: el Dorado, que aún hoy buscamos.

Este era el Orinoco para los primeros españoles que lo visitaron en siglo xvI

     Nota: Todo lo aquí escrito ya ha sido escrito. Solamente hago las Crónicas.

   *Cronista de la Ciudad.

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