Páginas de historia amazonense

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NOTA DE LA EDICIÓN: No solamente los nativos de Amazonas estamos interesados en nuestra Historia Regional. Hay otros venezolanos que también quieren participar en la reconstrucción de nuestro pasado. En el caso de Oldman Botello, de recia raigambre de nuestra tierra, en un buen ejemplo. Además tiene años en una paciente y fructífera investigación  que lo ha llevado a escribir un libro aún inédito sobre nuestra Historia. Los que profesamos y estudiamos el tema, esperamos con ansiedad tal publicación pues, estamos seguros, marcará un hito dentro de nuestra existencia, porque Oldman ha dedicado gran parte de su vida al trabajo de investigación, recopilación y sistematiación de nuestra Historia Regional. Los amazonenses que tratamos de sacar a flote el interés de los coterráneos por el tema, creemos que el actual año BICENTENARIO de nuestra independencia, es una muy buena fecha para publicar tan interesante libro. Los integrantes de la GENERACIÓN AEA, organismo de luchas reivindicativas próximo a aparecer, hará todo lo que esté a su alcance para la edición del presente libro en el presente año.

Precisamente, Oldman Botello nos adelanta en un inédito artículo, una mínima parte de su libro, correspondiente a Hipólito de la Cueva, el desconocido Libertador de Amazonas.  

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HIPÒLITO CUEVAS Y LA INDEPENDENCIA DE AMAZONAS

                                                                                                                   
Por Oldman Botello*
    Completamente aislado siguió el territorio desde los primeros tiempos de la guerra hasta 1817, cuando por instrucciones del general José Antonio Páez, el comandante guayanés Hipólito Cuevas se dirigió al Atabapo a liberarlos, para lo cual se valió de una estratagema al atraer a una guerrilla de más de 80 hombres que defendían a la corona;  Cuevas logró su vinculación al partido de la Independencia. El mismo Páez lo explica en su Autobiografía: “De las fuerzas que destiné a operar a diversos puntos fue una guerrilla al mando del capitán Correa y después la del comandante Hipólito Cuevas, para que se apoderaran del distrito de Río Negro, en Guayana, lo cual se consiguió con ochenta hombres que hicieron prisioneros a los realistas que guarnecían aquellos puntos”. 

Una carta interceptada, suscrita por el jefe realista del Alto Orinoco Francisco Orozco, al de San José de Marabitanos, don Pedro Miguel Ferrera Barreto y fechada el 28 de marzo de 1818, arroja luz sobre la situación en aquellos parajes. Dice Orozco que llegó a San Carlos de Río Negro y se aseguró de que los habitantes de esa población y 8 portugueses, más los justicias mayores de los pueblos cercanos, prestaran su juramento de fidelidad al rey don Fernando VII; también informa que organizó aprestos de defensa por si era atacado “[...] por los pérfidos, reverdes (sic), ateístas, ladrones de un derecho que no les corresponde...” y que en el transcurso de la semana partía [...] para los pueblos de Guainía asegurarme (sic) de algunas noticias y tal vez llego a San Fernando, pues he sabido que la carne salada que estaba asiendo (sic) Cuevas traidor (subrayado en el original), era para atacar a San Fernando de Apure y a mi segundo jefe Benito López...”. Añade el furibundo realista –hasta ahora- Francisco Orozco que le dio alegría ver como los indios “...se ofrecieron a defender nuestro Rey y señor...”. 

El 8 de junio de 1818 el sacerdote observante Juan Santiago Márquez, desde Solano denuncia ante el capitán Hipólito Cuevas, que Orozco leyó una carta supuestamente del clérigo, dirigida a los indígenas Agustín Davi y Marcelino Daridara, solicitándoles entregaran a Orozco varios enseres, efectos y libros por un monto de 350 pesos; los utensilios pertenecían a los indígenas y los libros al sacerdote. El padre exigía a Cuevas se los devolviera. Por supuesto que la carta del padre Márquez fue forjada por Orozco, todo un vagabundo. Pero no los pudo disfrutar por la llegada de las fuerzas al mando de Hipólito Cuevas.

    Tavera Acosta, basado en una carta que publicó, dirigida por Cuevas al general Tomás Montilla, gobernador revolucionario de la provincia de Guayana, explica que sin auxilio de nadie formó su guerrilla y consiguió armas “...supliendo de mi peculio la mayor parte de los gastos que me fueron indispensables para la empresa...”.  Pero en el Correo del Orinoco, una nota expresa que Cuevas fue “...por disposición del general Páez a libertar aquellos pueblos y los del Alto Orinoco, reuniéndolos a la República”.  Cuevas se dedicó a llamar la atención de los indígenas acerca de las bondades de la liberación, pues éstos, aleccionados por las autoridades realistas del Amazonas, huyeron a los montes temerosos de una supuesta reacción negativa de las autoridades revolucionarias y la posibilidad de ser pasados por las armas. El mismo Cuevas escribió al jefe de la frontera portuguesa expresándole que sus intenciones eran “pacíficas y amigables”. En 1817 hubo reacciones de hostigamiento por parte de las autoridades monárquicas de la zona, entre cuyos jefes se hallaban Francisco Orozco y José Benito López a quienes, según Cuevas, los indígenas [...] detestan y abominan y máxime cuando recuerdan la tiranía con que los gobernó en tiempo del Gobierno español y otros motivos que ahora no expongo y que tal vez habrán llegado a continuación (sic por comunicación) de usted...”.  Orozco huyó al Brasil y allá fue capturado por las autoridades portuguesas. A fines de 1817, el general Páez recibió una carta de Orozco “...en la que me pedía reclamase su persona como venezolano...”. Agrega el jefe patriota [...] aunque dicho Comandante había servido en las filas realistas, no lo desairé en su pretensión y logré que el año siguiente me enviase una satisfactoria respuesta el gobierno de Brasil cuando yo me hallaba con Bolívar en los Potreritos Marrereños. Orozco se unió a mis tropas en el invierno de 1818”. En efecto, en una carta a Bolívar el 2 de marzo de 1818, Páez le dice: 

“El comandante de las fronteras de Portugal ha contestado el oficio que se le remitió por el jefe de la expedición que dirigí sobre el Alto Orinoco y Río Negro y que antes manifesté a V. E. La contestación honra demasiado a los americanos y ofrece una inmutable neutralidad por parte de su Nación...”.   

     Debe haber algún error en la fecha porque en la comunicación del jefe brasileño don Cristóbal García para Cuevas desde San José de Marabitanos, le acusa recibo de su carta del 14 de agosto de 1818 y la respuesta está fechada el 31 del mismo mes. Allí, el jefe portugués tiene palabras de encomio hacia el general José Antonio Páez a quien conocía por la vía epistolar. Le informa haber recibido a Orozco en su territorio. Agrega en la correspondencia la posibilidad de establecer con Cuevas relaciones comerciales como éste se lo había solicitado, específicamente en rubros como la carne, sebo y quesos, lo que no podía efectuarse por estar cortos de esos víveres en su almacén; en ese lado del Brasil no se comerciaba con el sebo de manatí que ofrecía Cuevas porque usaban el de tortuga, abundante en la zona. Sí ofreció García adquirir “chica”, cabuyas, brea, chichi (¿chiquichique?) y cacao a cambio de lo cual  recibirían ropa, plata, tabaco y sal. Solicita el portugués que le envíe carne y queso para probar su calidad.

No obstante sus antecedentes, Francisco Orozco dio un giro de 180 grados y se pasó al bando patriota, como expresó el general Páez en su Autobiografía, con tan buena estrella que el general Sedeño lo designó comandante del departamento Alto Orinoco, lo cual notificó a Hipólito Cuevas el 21 de septiembre de 1818; por supuesto que la reacción del jefe patriota no se hizo esperar. Refiere a la superioridad que los indígenas profesaban a Orozco “odio y enemistad”; que el jefe realista se fue a Portugal (al Brasil), regresó a San Carlos, “hizo jurar la Constitución española y luego escapó a Brasil con las campanas de la iglesia, las imágenes, la metralla y cuanto encontró”. De su segundo, Benito López, dice que es un “godo consumado” a quien los indios detestaban y luego de ser designado comisionado de secuestros por el gobierno de Guayana, escapó al Brasil con el dinero recolectado y soliviantó los pueblos indígenas a su paso. Afirma Cuevas que él ha sido “...el libertador de estos lugares del Alto Orinoco y Río Negro a costa de mis expensas y sin auxilio del gobierno”. La carta de Cuevas a Sedeño es enérgica y resuelta. Advierte que no entregará el cargo hasta tanto no se reconsidere la medida, si es posible hasta por el Libertador Simón Bolívar, por la salud de la Patria y los sacrificios hechos por él. Está fechada el 31 de octubre de 1818 en San Fernando de Atabapo. Empero, Orozco, ante tantas evidencias incluidas las cartas en contra suya y la apócrifa del padre Márquez, fue llamado a la presencia de la autoridad en Angostura y las reconoció frente al general Miguel Valdez en noviembre siguiente, pero se excusó diciendo que había sido un engaño estratégico al jefe de la frontera brasileña para evitar su detención y la incautación de las embarcaciones por parte de aquel gobierno. Luego se fue a San Fernando de Apure a ponerse a las órdenes del general José Antonio Páez y de su segundo jefe el coronel Guerrero, como había constancia de que lo había hecho. 

El nombramiento quedó en suspenso, pero llegó la situación a conocimiento de los indígenas que en una curiosa carta, cándidamente remitida al “gobernador de Patria” en Angostura, el 11 de agosto de 1820, le manifiestan:

 [...] nosotros sabiendo biene Orozco de Comandante nosotros no queriendo. Ese dice a nosotros trae cazabe no pagando a nosotros; trae mañoco, no pagando, bueno, píde los monito no pagando nosotros no queremos a ese Orozco ece maluco. Otro bueno si como Comandante Cuevas ci recibiendo bueno nosotros, ese si pagando bueno a nosotros toitos. Comandante Cuevas ci bueno para nosotros. ese paga la casabe a nosotros ese paga toito nosotros no queremos a ese Orozco ece engañando  nosotros indios otro Comandante bueno si recibiendo bueno nosotros...”. 

      La correspondencia está firmada  por los capitanes indígenas Miguel Yorja, Lorenzo Taimada, Francisco Yacai, teniente José Paragua; alcalde Francisco Sigua y Francisco Yaví y “todo gente pueblero”. No tenemos conocimiento de que se haya ratificado el nombramiento del realista converso Orozco después de toda esa irrefutable descarga.

Cuevas dejó instalado como primera autoridad revolucionaria del Alto Orinoco al vecino José Izquierdo mientras él se dirigió al Apure en busca del general Páez. Se queja el Correo del Orinoco de que España no permitía siquiera el contacto de los indígenas de una misión a otra, lo que califica de “egoísta indolencia”. Informa que varias poblaciones indígenas entraron en comunicación con los jefes revolucionarios manifestándoles su solidaridad y podían efectuar intercambios comerciales libremente [...] lo que sin duda comenzará a tomar vigor luego que se reciban las mercancías europeas conducidas de Angostura por algunos particulares del mismo Río Negro en retorno de varios frutos y productos estimables...”. La falta de embarcaciones para el comercio perjudicaba la fluidez en el comercio con el Orinoco y Río Negro. No obstante, la emancipación del territorio guayanés permitió el libre comercio con el exterior a partir del 3 de septiembre de 1817: “... los puertos y aguas del Orinoco, caños y vertientes fueron abiertos a los buques de todas las naciones y con ello al comercio internacional...”.  En 1819 una epidemia de viruela asoló los pueblos amazonenses y con la prontitud del caso se hicieron llegar a Cuevas las vacunas en número tan suficiente que remitió por su cuenta al comandante portugués una porción para aquel territorio, convirtiéndose el oficial venezolano en un pionero de la integración con el Brasil. El gesto de Cuevas, al decir del Correo del Orinoco recomienda “...la exactitud de aquel oficial en el desempeño de este importante deber...”. ; además de las seis flecheras enviadas a Apure en 1819, Cuevas remitió a Angostura dos más, armadas y elaboradas por la gente de Río Negro. Por otra parte, elaboró un censo de población que permitió conocer el número de habitantes. Los resultados son los siguientes: en el distrito Alto Orinoco (integrado por Atures, Maipures, San Fernando de Atabapo, Santa Bárbara, La Esmeralda, Baltazar y Yavita) la población era de 293 hombres, 276 mujeres y 150 niños. Es significativo que había una persona en la relación de habitantes entre 91 y 100 años; 1 de 107; 1 de 109 y uno de 125 años de edad, todos del sexo masculino. Por su parte, en el distrito de Río Negro (San Carlos, Tiriquín, San Felipe, San Miguel, San Antonio de Tomo y Maroa) y el de Casiquiare (Casiquiare y Quirabuena), la población era de 740 habitantes, siendo hombres 433 y hembras 324, más 134 niños. Había dos hombres con edades entre 91 y 100 años.  Como puede apreciarse, fue fructífera la labor desarrollada por el comandante Cuevas en el tiempo en que permaneció en esos lugares. La posteridad amazonense le debe un justo reconocimiento.

En agosto de 1820 Cuevas remite al gobernador de Guayana las alhajas de las iglesias de San Fernando de Atabapo y de San Carlos de Río Negro así como algunas que probablemente pertenecieron a la iglesia del pueblo cojedeño de El Baúl y que llevaba consigo el padre Clemente Pérez, enviado por el gobernador de Guayana, pero quien murió en agosto de 1819. Dichas alhajas se enviaban para ser custodiadas e incluían cálices, patenas, vinajeras, copones, hisopos, custodias, navetas con sus cucharillas, crismeros, coronas doradas y un reloj grande de campana. El mismo Hipólito Cuevas da por recibidos 4 barriles de sal y 100 quintales de hierro que trajo “el ciudadano Ventura Alfaro”; añade que pronto remitiría a Angostura dos flecheras y una piragua de la serie que estaban fabricando en los territorios del Atabapo.  Amazonas fue la primera entidad venezolana liberada completamente, pues desde 1817 cuando el comandante Hipólito Cuevas la declaró independiente desalojando a las autoridades realistas, nunca más un representante de la monarquía española puso sus plantas en ese territorio. La presencia revolucionaria a partir de 1817 en Guayana, donde se hallaba en funciones el gobierno de facto, aseguraba la emancipación del Alto Orinoco y Río Negro. Es una gloria que le cabe al silencioso Amazonas venezolano.

   En abril de 1820, Cuevas ejercía aun el cargo de Comandante del departamento de Río Negro. El seis de dicho mes, el ministro de Estado y Relaciones Exteriores, licenciado José Rafael Revenga, oficia a Cuevas desde Angostura, manifestándole  […] las reglas que conviene observar en sus relaciones con el nuevo Comandante de las fronteras portuguesas, por tener noticias de la conducta distinta a la de su antecesor que está observando” y le remite igualmente un pliego destinado al Secretario de Estado en la Corte del Brasil para que lo enviase con el representante portugués en la frontera. 

   El 14 de enero del mismo año, Cuevas comunica al Director General de Rentas que se había encargado de las rentas de esa región el 3 de agosto de 1819, de acuerdo con las instrucciones que recibió e informa que los españoles jamás impusieron a los habitantes derecho alguno, no se pagaba tributo, diezmo ni alcabala […] sufriendo los indios el despotismo frailesco, ocupándolos por turnos en el servicio de sus personas, familias y negocios; y como la recaudación sería de tan poca entidad, comparada con el resultado más bien sería perjudicial”, lo cual participaba a la superioridad para que obrase en consecuencia. El recaudador Antonio González había colectado 85 pesos que enviaba a la Tesorería, cuyas cuentas se reservaba Cuevas para cuando viajase a Angostura.  Es una de las pocas acusaciones directas que se conocen contra los frailes que evangelizaron el Amazonas en aquellos tiempos, denunciando que los sacerdotes explotaban para su beneficio personal a los indígenas.

En cuanto al comandante Hipólito Cuevas Afanador, libertador del Amazonas, podemos agregar que nació en Angostura hacia la novena década del siglo XVIII y muy joven se incorporó a las tropas del general Páez en Apure. Luego de meritorios servicios, al finalizar la guerra se le ascendió al grado de coronel del ejército. Se desempeñó como ayudante del gobernador de la provincia de Apure general José Cornelio Muñoz, radicándose alternativamente en Achaguas y en San Fernando; donde estuviese la capital provincial. Luchó contra los Farfán en Apure; entre 1858 y enero de 1859 fue representante de Barinas –donde residía- a la Convención de Valencia, previa al comienzo de la guerra federal. Posteriormente fue designado gobernador de la provincia de Barinas, cuya capital defendió tenazmente acompañado del general Ramón Escovar, del asedio a que fue sometida por el general Ezequiel Zamora. Su hermana Dolores Cuevas Afanador fue casada con el prócer guariqueño de San Francisco de Tiznados Dr. Juan Germán Roscio. En una Gaceta de Venezuela de 1844 se hace referencia a un Hipólito Cuevas asesinado alevosamente en el Alto Apure en 1843 por un tal Ramón Colmenares, en complicidad con la esposa del Cuevas, Bárbara Camacho. Es posible que sea un hijo del prócer o un homónimo, pues el Libertador de Amazonas aún vivía en Barinas en 1859, como dijimos en líneas antecedentes.





*Cronista Oficial del Municipio Girardot


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