Comienzo de la guerra entre los jesuitas y los caribes

DEJANOS UN COMENTARIO
AMAZONAS: NUESTRA HISTORIA     Nº 16

Comienzo de la guerra entre los jesuitas y los caribes

          Por: Miguel Guape * 

Agustín de Vega, S. J. es un personaje clave para la descripción de esta guerra que, como la de Troya, duró 10 años entre 1733-1744. Sus personajes, acciones bélicas, escenarios y heroísmo derrochado  de ambas partes son descritos en su obra “Noticias del Principio y Progresos del establecimiento de las Missiones de Gentiles en el Río Orinoco, por la Compañía de Jesús”. A diferencia de Homero que contó los hechos 300 años después, el Hermano Vega los vivió durante sus 20 años de permanencia en las  misiones jesuíticas del Orinoco entre 1730-1750 y como él mismo dice es “un testigo de vista que lo ha andado todo por sí mismo”. Hay otros hechos importantes de esta etapa dentro de nuestra Historia Amazonense y es que el relator vivió en Carichana y en Atures en su tercera fundación; también parte de las acciones, movimientos  y estrategias se llevaron a efecto en nuestro territorio y participaron en esta guerra los amazonenses de entonces.

De una parte estaban los jesuitas empeñados en el logro de los asentamientos, apoyados por los españoles. El jesuita poseía una extensa formación cultural, religiosa y humanística, acorde con la empresa que debía acometer. Los jesuitas no solamente fueron formados como modelo de vida, sino también como fuente de inspiración ética. Se adaptaban perfectamente a la sociedad a la cual se integraban, la estudiaba, aprendían su idioma y costumbres. La lengua es la única clave para una correcta y completa comprensión de la vida y el pensamiento de un pueblo. Las misiones ignacianas fueron una especie de prehistoria de la que hoy designamos como “Historia Local” y lo que la filosofía actual conceptúa como “lugarización – globalización”.

Las etnias orinoquenses eran ágrafas. Beatriz Fernández explica la tesis de la presencia y ausencia de escritura: “se constituye en un factor determinante en el modo de entender la historia y encarar el destino”. “Cuanto mayor sea la tradición oral de una cultura más se apoyará en la repetición de los acontecimientos y, por lo tanto, mayor será su anclaje al pasado y su inmovilismo”. El mundo indígena fue un mundo marginal al menos hasta mediados del siglo XVII. Los indígenas del Orinoco entran a la historia como tal con la llegada de los jesuitas.

En 1731 el P. Francisco Antonio González era el Provincial de los jesuitas establecidos en la Nueva Granada y de los cuales dependían los demás jesuitas establecidos en el Casanare y el Orinoco. Los Caribes eran incontenibles y la muerte y destrucción de los Padres y las reducciones eran apreciables. Decidió plantear en la corte de España que se militarizara la Provincia de Guayana y se uniera a la de Cumaná, comandada por un militar con grado de Coronel. De esta manera podía socorrer a las misiones que estaban en situación muy endeble. Enviaron  entonces el Coronel Carlos Sucre con instrucciones de meter a los Caribes en cintura y ayudar a los Padres en su labor misionera. El P. González envió desde Casanare a los Padres  José Gumilla y Bernardo Rotella para coordinar todo con el nuevo Gobernador Sucre. Pero tardaba mucho (cuatro años en llegar a su puesto de trabajo) y decidieron ocurrir a Agustín de Arredondo, Gobernador de Trinidad, quien les prometió ayuda. En 1733 salen los Padres Gumilla y Rotella de Guayana de regreso al Orinoco arriba. El centro Caribe era el río Caura y a su pasaje por allí, a la invitación de éstos,  los Padres parlamentaron sobre la posibilidad de todos trabajar en paz. Como buenos diplomáticos los Caribes buscaron en un principio la amistad con los misioneros, como lo eran con los de Guayana. En expresión de Agustín de Vega le “hicieron muchos agasajos que para ello tienen los Caribes, buena maña y labia, más que ningún otra Nación del Orinoco”. Los Padres expusieron sus pretensiones: hacer poblaciones con ellos y convertirlos a la fe cristiana. Los Caribes les respondieron que serían amigos, pero se negaban a convivir con ellos. Que había otros pueblos que si los aceptarían, como los Guayqueríes, Sálivas, Otomacos, etc. Malogrado el encuentro, siguieron su ruta los Padres. Con indios Guayqueríes fundaron Nuestra Señora de la Concepción de Uyape,  donde quedó el Padre Rotella encargado. El Padre Gumilla continuó y fundó con indios Otomacos y Abaricotos por primera vez a San José de Urbana y con indios Salivas al Pueblo Nuestra Señora de los Ángeles de Pararuma, ambos en el río Orinoco y sitios ya cercanos al actual Puerto Ayacucho.

Pero los Caribes no dormían. Estos tres asentamientos en el Orinoco con que recomenzaron la reconstrucción los misioneros era una espina clavada en el corazón del orgulloso pueblo. Había que aceptar el desafío y vengar tan gran afrenta. Estaba en juego su honor y preponderancia sobre las otras tribus, además de su comercio de esclavos indios con los franceses y holandeses. Sobre todo cuando ya habían destruido otros asentamientos, como Atures en 1683. Su grito de guerra retumbó hasta los más recónditos espacios: ¡ANA KARINA ROTE! ¡AMUKON PAPORO ITOTO NANTO!



*Cronista de la Ciudad.

     Nota: Todo lo aquí escrito ya ha sido escrito. Solamente hago las Crónicas.

Con la tecnología de Blogger.