Manuel Román S.J. Un sabio que nos legó un territorio....

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NUESTRA HISTORIA Nº 18

 Por: Miguel Guape *


Manuel Román S.J.
Un sabio que nos legó un territorio que no supimos mantener

      El P. Manuel Román S.J.  es más conocido en la Historia amazonense, venezolana y universal  como el descubridor  del brazo Casiquiare, único fenómeno en el mundo en el cual un río más pequeño no es tributario de uno más grande, sino todo lo contrario. Llegó a las misiones jesuitas del Orinoco hacia 1734 desde Bogotá, en el entonces Virreinato de la Nueva Granada. Era una época muy crítica para las misiones y se planteaba seriamente el abandono del Orinoco ante el acoso de los caribes. En 1735 se hizo un cónclave en Pararuma entre  los P. Gumilla, quien era el Superior en la región del Orinoco, el P. Bernardo Rotella, el P. Agustín de Salazar, el P. Ernesto Estemmiller, el P. Neahus  y el P. Manuel Román. Ahí se debía tomarse la decisión. El Superior y los otros estaban de acuerdo en abandonar las misiones del Orinoco y retirarse hasta el Casanare-Meta, donde ya estaban asentados. El P. Román se opuso rotundamente y expuso que los otros podían irse, pero él se quedaría, y sólo abandonaría las misiones si así lo decidían sus Supriores en Bogotá, a quienes obedecería. Ante tanta insistencia, decidieron quedarse todos, aún a costa de sus vidas. Y ahí cambió la Historia, porque si no, ahorita yo estaría escribiendo este articulo en portugués y orgulloso de ser de la Amazonía, pero brasilera.

         En 1744, un 4 de febrero, 10 años después de su llegada, el P. Román salió de Carichana, misión que fundó, subió al Atabapo para entrevistarse con el jefe Guaipunavi Macapu, antecesor a Crucero. Ya era el Padre Superior de los jesuitas en el Orinoco y había decidido poner fin al dominio Caribe. Para ello, como buen estratega, se asoció con los feroces Guaipuinavi que eran recién llegados del Amazonas brasilero, por el pasaje natural y milenario, desde nuestros orígenes polinésicos,  por donde pasamos todos y que ahora transitaban los portugueses, sin saber que estaban en una zona perteneciente a España. Ya se conocía su presencia en el Alto Orinoco. Por esa vía habían llegado Agostinho de Flores y su amigo a convivir en las misiones. Puso en cuenta al P. Román de la presencia portuguesa en el Río Negro-Casiquiare-Orinoco en la caza de esclavos. Vio que el problema era más grande. Total que al Amazonas venezolano lo acosaban por un lado los esclavistas holandeses y franceses, quienes, a través de los Caribe cazaban esclavos para sus cañaverales en las Antillas y las Guyanas; y por el otro lado, los portugueses cazaban los esclavos indios con el mismo fin para las factorías de Belén do Pará. Esto contribuyó grandemente en nuestra despoblación y atraso. En 130 años de caza de esclavos por los Caribe los mismos jesuitas calculan 200.000 entre esclavos y muertos, teniendo en cuenta que para cazar uno, se exterminaban 3. Y por el Brasil en 8 años, los portugueses en sociedad con los Guaipuinabi, desaparecieron  36.000 personas. Todos cambiaban los esclavos por armas de fuego. Con ello se establecía la preeminencia de una etnia sobre la otra, como en toda la historia de la humanidad. Total que los amazonenses de entonces éramos una fábrica de esclavos. El despoblamiento era tal que  Miguel Ángel Perera calcula la población entre 45.00 - 60.000 personas en todo el antiguo TFA para esa época.

     En Atabapo encontró el P. Román a Félix Méndez y su tropa, bandeirante portugués cazador de esclavos (especie de actual garimpeiro, pero no buscaba oro, precisamente). Decidió ir hasta el actual Brasil y encargó a su adjunto Miraminare (Sarrio), de la etnia Maipure,  de realizar la hazaña de trasladar a los Guaipuinabe hasta el Orinoco medio, como se llamaba esa región.

          El P. embarcó con los bandeirantes. Ocho meses duró su viaje, hasta el 15 de  octubre del mismo año. Estableció conjuntamente con los portugueses nuestras fronteras en la antigua Mariwá, actual Barcelos, población sobre el Rio Negro. Hasta ahí llegaba nuestras fronteras, una distancia dentro de Brasil como de Puerto Ayacucho hasta Caracas. Podemos considerar al P. Román como el primer defensor de nuestras fronteras amazonenses.

          Enseguida que regresó de su expedición, puso en cuenta al Rey de España de la situación. Sus informes (conjuntamente con de los jesuitas del Perú y del Río de La Plata) dieron como resultado el tratado de 1750 y la venida de la Comisión de Límites al Amazonas de 1754, con José de  Iturriaga, Eugenio de Alvarado, Antonio de Urrutia  y José Solano y Bote.
    Lamentablemente casi todos los escritos del P. Román desaparecieron. La corte de España le dio carácter de secreto de Estado a estos escritos. Ahí estaba un diario de viajes de esos tiempos y seguro que describía al Amazonas de entonces.

          Amazonas ha sido el ente del estado venezolano que más ha perdido territorio. Antiguamente llegábamos hasta El río Putumayo en Colombia y al Río Amazonas en Brasil. Todo eso lo hemos perdido. Lamentablemente, como ahora, siempre hemos tenido gobernantes militares ineptos que se cobijan en las glorias de Bolívar. Estos autoproclamados “herederos” de las glorias ajenas, nunca han disparado un tiro en defensa de nuestras fronteras. Los colombianos han tenido mejores gobernantes que nosotros y lo demuestra el hecho que nos han quitado territorio a nosotros, a los peruanos, ecuatorianos y nicaragüenses. Han estado más claros que estos supuestos “guerreros”. Eso demuestra también que los civiles son mejores gobernantes que los militares. Colombia dejó de joder hasta que Lusinchi como Presidente enfrentó con valentía la invasión del Caldas. Un civil. Si hubiese sido un gobierno militar, también nos hubiesen quitado todo el golfo. Porque tenemos unos militares no de defensa, sino  de ocupación territorial interna solamente. Una muestra es que un pariente para llevar un litro de gasolina al Alto Orinoco necesita la firma de un general. 

          Pablo Anduze escribió en su libro “Bajo el signo de Máwari” algunos conceptos sobre Amazonas con los cuales no estoy de acuerdo. Sin embargo hay uno muy importante: “Algún día habrá quien reclame y quien acuse”. Los amazonenses de ahora debemos estudiar más que nunca nuestra historia regional para estar claros en nuestro avenir. La situación por la cual estamos pasando lo amerita.

Por eso he decidido escribir una HISTORIA GENERAL de nuestro estado Amazonas. Hasta ahora, lo que he encontrado al respecto, por ejemplo, es que ninguno de los que han contado nuestra Historia cuantifica nuestros antiguos límites y/o los trata de manera muy somera. Ya es hora que los amazonenses hagamos este trabajo y escribamos nuestra PROPIA HISTORIA, prólogo de nuestro protagonismo como tal.
Hasta ahora se me han dado todos los proyectos de vida.

Como dice la canción:
Gracias a la vida
que me da dado tanto

 Este es el último. Ante la limitante de la edad ¿tendré tiempo? ¡Ojalá! Si no, otros continuarán. Estos y otros escritos no son más que un ejercicio  y que dará la pauta para tales fines.  


Nuestros límites en 1843 que nos legó Agustín Codazzi. Teníamos 1.500.000 Km2. Lamentablemente fueron rechazados ¡por nuestros propios gobernantes!



*Cronista de la Ciudad.

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