HISTORIA HEMEROGRÁFICA DE AMAZONAS II LOS CRÍMENES DE RÍO NEGRO El Plan funesto

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HISTORIA HEMEROGRÁFICA DE AMAZONAS II
LOS CRÍMENES DE RÍO NEGRO
El Plan funesto

Tomado de:
EL LUCHADOR
Diario de la tarde
   Ciudad Bolívar, lunes 7 julio de 1913
   Año VIII              NÚMERO 2.858

Relación de Cruz Ramírez

Transcripción de
 Miguel Guape*

NOTA DEL TRANSCRIPTOR: El presente documento hemerográfico forma parte de una relación pormenorizada de los hechos del 8 de mayo de 1913, cuando Tomás Funes tomó el poder en Amazonas a sangre y fuego, eliminando esa noche a toda la camarilla gobernante. Fueron reflejados en la prensa nacional y de Ciudad Bolívar. Esta relación de alguien que participó y fue testigo presencial de los hechos, continuará con otros  que también estaban presentes y los describieron para la posteridad. Nuestro estado Amazonas, siempre a través de la historia, ha sido un emporio de violencia, robo y saqueo que aún continúa. Estos hechos tuvieron una gran resonancia porque Funes mató a gente blanca. Pero hay que remarcar que hubo una tal violencia y crímenes contra el indígena que causó un genocidio silenciado por los historiadores, porque simplemente no nos consideraban algo importante.

LOS CRÍMENES DE RÍO NEGRO
Recuento de los hechos
Un plan funesto

La Urbana: 22 de junio de 1913
SEÑOR director de “El Luchador”.
                                          Ciudad Bolívar.

Muy estimado señor:
En la mañana del ocho de mayo último arribó a San Fernando de Atabapo el Gobernador Roberto Pulido, acompañado de su Secretario Antonio Espinoza y de Alberto y Juan Bautista, hermanos de éste. Llegaron en la lancha vapor de Jacinto Gaviní, quien también venía a bordo. Dado los procedimientos autoritarios puestos en práctica por el Gral. Pulido y su Secretario, resentíanse los comerciantes y gomeros en sus intereses, agobiados por el cúmulo de impuestos creados, y así venía hablándose sigilosamente en el Territorio Amazonas, desde hacía algún tiempo, de que se produciría un movimiento de protesta encabezado por el coronel Tomás Funes, principal  comerciante o negociante del Territorio, sin sospechar jamás que tal protesta asumiera las proporciones de horrible carnicería que hemos presenciado.

Funes y Manuel María González, su segundo, habían llegado antes a San Fernando.

En la tarde del mismo día de la llegada de Pulido, aún no repuesto éste de la grave enfermedad que lo aquejó en su recorrido por el caño Casiquiare, ocurrió a él el señor Salomón Khasen, a despachar la cuestión  de impuestos. Pulido le contestó que él no aceptaba vales sino dinero o gomas. Khasen, que es representante de la casa de Blohm y Ca. de Ciudad Bolívar, viendo que le era materialmente imposible abonar los impuestos como pretendía el Gobernador, le  exigió tiempo para enviar una comisión a Bolívar a buscar el dinero suficiente. Pulido le dijo que le concedía diez días. En ese lapso no era posible tampoco bajar desde San Fernando  de Atabapo a Bolívar y regresar para poder cumplir lo que imponía el General Pulido. Como se comprenderá, tal actitud en momento en que todos se quejaban de la mala cosecha del fruto, al ser conocida de los demás negociantes, inclusive Funes y los suyos, apresuró los acontecimientos que se venían preparando, aunque no con la forma feroz en que se han llevado a cabo.

Serían las ocho de la noche cuando Funes, de acuerdo con su segundo Manuel María González, dieron comienzo a su diabólico plan, El primero, al frente de un grupo de 25 hombres, entró por la calle de Don Horacio Luzardo1, y en la puerta de la casa habitación de éste, le cayeron a tiros a Domingo Martínez, quien cayó redondo en el suelo. Martínez no era de los de Pulido y sí comerciante y gomero. González, con otro grupo de 25 hombres, penetró por la calle de la plaza, ambos convenidos en atacar simultáneamente la Gobernación, situada en la casa que bondadosamente había cedido el señor Jorge Paraquet al General Pulido. Este se hallaba allí acostado en un chinchorro.

Funes continuó por su vía y al llegar al botiquín de los Pulido, dieron muerte a Domingo Zuluaga y a José Miguel Bonalde, relacionados del Gobernador, y continuaron hacia la Gobernación.

Mientras esto ocurría en el citado botiquín proféticamente llamado “Waterloo”, se oyeron los tiros del pelotón que asesinaban al General Pulido, a su hermano Pablo Henrique, que era el Jefe Civil de Atabapo, a Eliodoro Linares, Jefe de la Policía, y a un viejo de apellido Chávez. Consumados estos crímenes, ordenó Funes la muerte de otros individuos. Así salió González, la bestia de presa, a cumplir su cometido, acompañado de unos forajidos, entre quienes se cuentan Balbino Ruiz, Casimiro Hernández Sarra (a) Avispa, Jacinto Pérez (a) Picure, Onofre Medina y Juan Emilio Prieto.

Al primero a quien aprehendieron fue al doctor Baldomero Benítez, a quien no le dieron tiempo ni para acabar de vestirse. Conducido por González, al interrogar a éste, ya en la calle, que por qué se le ponía preso, levantó el asesino un sable aún chorreante de sangre de Pulido y le dió un planazo. Benítez protestó y se resistió al vejamen, increpándolos de “asesinos”! Entonces González ordenó la inmediata ejecución, que tuvo lugar frente a la Iglesia por los consabidos compañeros del segundo de Funes.

Benítez era un joven apreciable, a quien traté en San Fernando de Atabapo; hacía unos ocho años que había llegado al Territorio en ejercicio de su profesión de dentista. Allí se estableció y a costas de muchas penalidades había logrado hacer algunos bienes de fortuna. No tenía nexos con el Gobernador, pero sí era acreedor de Funes; tenía casa propia, establecimiento de víveres y mercancías, una fábrica de aguas gaseosas y 45 quintales de goma para saldar sus créditos en Ciudad Bolívar. Asesinado Benítez, los matadores descerrajaron sus baúles y pillaron cuanto en ellos encontraron.

Siguió González, el hombre fiera, siempre acompañado de sus mencionados esbirros, en su nefasta tarea; y sucesivamente fueron sacados de sus respectivas casas a los señores Henrique Delepiani, amigo y compadre de Funes, pero también su principal acreedor, a Jesús Capecchi, Alberto y Juan Bautista Espinoza, hermanos de Antonio, Humberto y Rafael Maggi, Félix M. Martínez, José Miguel Soublette y Pedro Varela, todos ellos comerciantes y  jóvenes muy apreciables. Conforme iban llegando a la presencia del jefe de los forajidos, así iba ordenando fríamente que fuesen pasados por las armas. El sacrificio del joven Varela fué de lo más odioso que se ha visto. Herido por González corrió despavorido dando gritos de dolor y en el patio de la misma casa de Funes lo destrozaron a machetazos entre Ruiz, Sarra, Medina y Prieto, los cuatro infames asesinos compañeros de Manuel María González.

Después siguió la matanza urgidos por la luz del sol que no dilataría a ver aquella horrible carnicería. Y así cayó también Antonio Rioja, empleado de Pulido, un tal Núñez y el mismo Antonio Espinoza, el Secretario de Gobierno Afablemente habló Funes con éste cuando lo condujeron a su presencia, hízole presente las consecuencias de su conducta y se lamentó hipócritamente de la tanta sangre derramada. Espinoza se consideró en salvo al ver que Funes lo trataba así y sonreído le decía a González: “conduzcan a Espinoza”; sin saber que esa era la frase de la consigna para el fusilamiento.

A todo esto Funes había hecho abrir en las inmediaciones de su casa, dos grandes fosas, en las cuales iban arrojando los cadáveres, no sólo de los que allí eran sacrificados sino también los de los que habían caído sin vida en la calle en los primeros momentos de la noche. Colmadas las fosas, una con diez cuerpos y otra con once, para las seis de la mañana no apareció ninguno sobre la faz del pueblo de San Fernando; y hasta se dice que Antonio Espinoza y Antonio Rioja aún estaban vivos cuando fueron lanzados a la fosa.

Y Funes y González hablaron el otro día con los aterrados supervivientes moradores, con la mayor tranquilidad, como si nada hubiesen hecho en toda esa infausta noche sino dormir el sueño de los inocentes!

En la mañana se constituyó un simulacro de Gobierno, concurriendo a su formación, presidido por Funes, los señores Carlos Enrique Odreman, Don Víctor Aldana, que acababa de llegar, ignorando lo acontecido, Juan Rodríguez, Víctor Manuel Álvarez, Pedro Manrique Vélez, Horacio Luzardo y Carlos Wendehake, quienes nombraron a Justo Vicente Rodríguez Franco como Gobernador provisional y a Odreman de Secretario de Gobierno.

Rodríguez Franco, antiguo negociante del Territorio, natural de Bolívar, inteligente y muy vivo, ha oído sonar su nombre en todas las espantosas emergencias sucedidas  en las regiones del Río Negro, desde quince o veinte años atrás, saliendo siempre duchamente ileso. Justo es decir que Rodríguez Franco no se hallaba en San Fernando de donde se mandó a buscar. Llegado a poco a la capital aceptó el nombramiento. No podía hacer otra cosa, pues debe tenerse en consideración que había sido hasta ese día nada menos que el Jefe Civil de Maroa en la Administración de los Pulido. Su no aceptación hubiese sido su sentencia de muerte.

En la mañana de ese día 9 fueron aprehendidos el doctor Reyes Carvajal y Froilán Valero, relacionados de Pulido, quienes fueron conducidos acto continuo a las inmediaciones del cementerio por orden de Funes. Allí presenciaron horrorizados la excavación de su fosa y fusilados en seguida, ambos fueron arrojados en el mismo hoyo, casi a flor de tierra, como estaban sepultadas las anteriores veintiuna víctimas.

A raíz de estos sucesos y en el mismo día, se despachó una comisión de 25 hombres al mando de Néstor Pérez Briceño2, en la lancha de vapor de Gaviní, con el propósito de aprisionar los deudos del General Pulido, que se hallaban en Atures. Asimismo otra con igual número de individuos al mando de Manuel María González, a participar a Rodríguez Franco  su nombramiento y sorprender y atacar al coronel Antonio Varela, Administrador de la Aduana de Santa Rosa de Amanadona. Esta comisión remontó al Atabapo y atravesando la montaña de Yavita cayó sobre la población de Maroa.

Los procederes del coronel Varela también dejaban mucho que desear y nadie estaba contento ni podía estarlo a consecuencia de la sórdida avaricia de ese empleado ni de la de los demás funcionarios del Territorio.

Funes despachó también otra comisión compuesta del doctor Cruz Lepage y de Víctor Manuel Álvarez para que bajando a Bolívar participaran al Gobierno Nacional lo que había ocurrido. Junto con esta comisión bajó también el señor Khasen. Ignoro cómo rindieron estos comisionados su misión.

A los pocos días era insoportable en San Fernando el hedor de los cadáveres por no haber sido enterrados a la profundidad debida.

Pérez Briceño cumplió su comisión y regresó a San Fernando llevando presos a Manuel María Baldó, hermano de la señora del General Pulido, a Pedro Raldiris llamado Pulido y a Manuel Nesse. Al llegar ordenó Funes fueran conducidos Baldó, Raldiris y Hermán Trujillo, quien hacía dos días había venido del Casiquiare, a la punta Don Diego4, y allí fueron asesinados el mismo día 15.

La comisión de González sorprendió y atacó el 16 a Varela en Amanadona4. Varela junto con sus dos hijos y José Miguel González que era su empleado, se defendieron valientemente, mataron a uno de los asesinos e hirieron a varios; pero agobiados cayeron para siempre todos ellos en el seno de la eternidad. González después de su sangriento triunfo, ocupó la casa de la Aduana y se adueñó de más de cien quintales de caucho que allí había propiedad del infeliz Varela. Concluida esa otra matanza, regresó a Maroa. Allí sacrificó a Federico Espinoza, hermano de los otros tres, a Edmundo Briceño, de los viejos y pacíficos comerciantes del Territorio, y a Miguel Ramírez, empleado comercial del señor Queen. Federico Espinoza era empleado mercantil de Rodríguez Franco.

Siguió González a San Fernando, donde llegó a fines de mayo. Después de celebrar allí las matanzas hechas en Amazonas y en Maroa, continuaron éstas en la misma capital, sacrificándose a Manuel Rodríguez Cordero y a Mariano D´Giulio; ambos propietarios comerciales pacíficos  sin nexos con el Gobernador Pulido; pero Funes y González pretextaron sospechas de ellos por que diz que se les había cogido correspondencia en que aparecían como amigos del General Pulido.

No contenta la horda de bandoleros con estos nuevos crímenes, continuó la pavorosa hecatombe. Funes y González balaron hasta el pueblo de Maipures en los primeros días de este mes. Al pasar por Camisón, desembarcaron, dieron muerte a Don Feliciano Guerrero y continuaron su ruta de sangre y de exterminio y llegaron al antiguo pueblo. Don Feliciano era un anciano de ochenta años, de los viejos moradores del Territorio, elemento pacífico, pero amigo de Don Víctor Aldana y tenía muchos intereses. Funes desde Maipures mandó a llamar a Aldana pidiéndole además algunas provisiones como casabe, plátanos, etc. Aldana marchó inmediatamente a traer lo que le pedía Funes. Él, después de haberlo ayudado en San Fernando de Atabapo a constituir el Gobierno, había regresado a sus posesiones de la Isla de Ratón, donde tiene o tenía sus cuantiosos intereses comerciales, agrícolas y pecuarios. Al llegar a Maipures cayéronle a machetazos González y sus esbirros. Funes había salido antes para Tuparro, donde se le incorporó González.

Ni aún con estas nuevas víctimas se apagó la sed de sangre de estos vampiros humanos. Siguieron luego al pueblo de Atures, y allí mataron alevosamente a José Dolores Ramírez y a sus hijos Eugenio y Esteban así como también a los tres hermanos Leal, Vicente, Pedro y Daniel, todos ellos amigos de Aldana, comerciantes, propietarios y criadores.  En este pueblo tienen un retén de 20 hombres al mando de Manuel Maestracci. Funes antes de regresar a Maipures, dijo: “aún no se ha cerrado la lista de despegados”.

Hasta la señora viuda del General Pulido se llevaron para Maipures, donde la tienen como rehén. Todo el ganado de los Leal se lo llevaron también.

Maipures es hoy el cuartel general de los foragidos, que están sosteniéndose con el ganado e intereses de las víctimas. De estas nada ha quedado. En la boca del Vichada tienen una avanzada de 25 hombres. Pero si el Gobierno logra poner en Atures, lo que se podría hacer fácilmente, un poco de tropa de línea, los malhechores huirían a la desbandada. Están completamente desmoralizados y matándose unos con otros de la misma horda.

Rodríguez Franco, su Secretario de Gobierno Odremán, Pedro Hermoso5, Quintín R. Aguilera. Luciano López, el negro riochiqueño, Luciano Domínguez y otros más funcionan también allí.

Como para comprobar el dicho de Funes en Atures, hace días se viene diciendo que a la ya larga lista  de muertos, hay que añadir ahora los nombres de Juan Mirabal, Gabriel Gallípoli, Rafael Montes Godoy, Leoncio Rivas y cinco peones que se desertaron y fueron capturados en Tuparro.

Funes es un indio como de 40 años, reservado y muy hipócrita, pues nadie sabe a que atenerse con respecto a lo que piensa. Natural de Ríochico. Hace unos catorce años cometió un homicidio en Caucagua y habiendo aprovechado el estado de guerra en que estaba el país para entonces, tomó servicio militar y quedó impune. Llegando en Guayana en 1900 en las tropas de Guevara y siguió después al Territorio acompañando a Justo Díaz. Allí tiene más de diez años de residencia. Si su crimen de Caucagua se hubiese castigado, no habría que lamentar estos pavorosos sucesos de Ríonegro.

Respecto a González, no lo conozco sino de vista; pero me dicen que es nativo de los valles de Aragua, compadre de Pedro Nolasco Muñoz y perro de presa de Panchito Alcántara.

Milagrosamente he escapado de ese infierno que llaman Ríonegro y aquí la estoy contando de casualidad, porque a nadie le falta Dios.  Llevo a su conocimiento todos estos detalles para que usted juzgue por ellos la ferocidad de los crímenes cometidos, no sin pedir que se haga justicia a tanta matazón, que ha llevado el luto y la desolación a hogares muy honorables, aparte de ruina moral y material de los pobladores del desgraciado Territorio Amazonas.

Soy su atento servidor y compatriota,
Cruz Ramírez

NOTAS
1.   Se hace la transcripción y se respetan la redacción y ortografía original.
2.   Las llamadas las hace el transcriptor y son las siguientes:

1 Fue Gobernador interino de Amazonas entre 1907-1908 y Cónsul de Venezuela en Manaus. Su hijo, Lino Luzardo, invadió el Amazonas con Arévalo Cedeño en 1921. (Datos suministrados por el poeta Umberto Amaya Luzardo, descendiente de estos Luzardo).
2 Fue Gobernador accidental de Amazonas en 1909-1910
3 Actual militarizada Punta de Lara, el lugar más hermoso de San Fernando de Atabapo
4 Esta batalla está magníficamente descrita por el antiguo Cronista Don Manuel Henríquez en el desaparecido quincenario “El Autana”, del también antiguo Cronista Don Plácido Barrios. Algún día la reeditaremos.
5 Pedro Hermoso Guardia, de quien descienden todos los Hermoso existentes en Amazonas. Está enterrado en La Guaira.


Periódico “El Luchador” de la época

Histórica casa de Tomás Funes en San Fernando de Atabapo, derrumbada por el
ex alcalde Nepomuceno Patiño. Según el antiguo Cronista Don Manuel Henríquez  era un bodega y se llamaba “La Porfía”. Año 1958.

Tomás Funes y Roberto Pulido, los principales protagonistas de los hechos violentos del 8 de mayo de 1913. Aun estos hechos continúan en Amazonas: recordemos, por ejemplo, la matanza de indios Yanomai en Aximú o la reciente masacre de presos en Puerto Ayacucho. El escritor colombiano es su obra “La Vorágine” sentencia: “en Amazonas hay muchos Funes, aunque solamente uno lleve el nombre”. Esa violencia está vigente por los modernos Funes y Pulido y los amazonenses somos los mismos de siempre, vilipendiados, marginados y exterminados.


Ciudad Bolívar,  septiembre de 2017.

*Cronista de Atures







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