HISTORIA HEMEROGRÁFICA DE AMAZONAS III Los crímenes de río negro Información de José Ramón Veras

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HISTORIA HEMEROGRÁFICA DE AMAZONAS III
Los crímenes de río negro
Información de José Ramón Veras

Tomado de:
EL LUCHADOR
Diario de la tarde
   Ciudad Bolívar, viernes 18 julio de 1913
   Año VIII              NÚMERO 2.858

Transcripción de
 Miguel Guape*

NOTA DEL TRANSCRIPTOR: El presente documento hemerográfico forma parte de una relación pormenorizada de los hechos del 8 de mayo de 1913, cuando Tomás Funes tomó el poder en Amazonas a sangre y fuego, eliminando esa noche a toda la camarilla gobernante. Fueron reflejados en la prensa nacional y de Ciudad Bolívar. Esta relación de alguien que participó y fue testigo presencial de los hechos, continuará con otros  que también estaban presentes y los describieron para la posteridad. Nuestro estado Amazonas, siempre a través de la historia, ha sido un emporio de violencia, robo y saqueo que aún continúa. Estos hechos tuvieron una gran resonancia porque Funes mató a gente blanca. Pero hay que remarcar que hubo una tal violencia y crímenes contra el indígena que causó un genocidio silenciado por los historiadores, porque simplemente no nos consideraban algo importante.

LOS CRÍMENES DE RÍO NEGRO

Información de José Ramón Veras

Yo estaba con otros muchachos en casa de la señora González, cuando así como a 7 y media de la noche reventaron varios tiros en la población y un clamoreo de voces victoreando a Funes. Pedro González, algo asustado nos hizo esconder en su casa, encargándonos silencio.

Una hora después llamaron a la puerta Carlos Wenhake y Emiliano Manrique, quienes entraron y apresaron a Pedro González, y como se disponían a registrar la casa, tuvimos que salir de nuestro escondite; al instante fuimos reclutados y conducidos a la casa de Tomás Funes, convertida en Comandancia de Armas.

Éramos cinco los reclutados y solo a mí y a mi compañero Celestino Guerra nos dejaron arrestados, deduje más tarde que esto sería así ´por ser peones del señor Enrique Delepiani, a quien supe después que habían asesinado. Los otros tres muchachos agregados a la fila dándole sus armas a cada uno.

Estábamos los dos reducidos en un patio y ahí oímos decir que habían matado a Roberto Pulido y a su hermano junto con diez más. También veíamos a Funes entrar y salir, dando órdenes a los verdugos sobre las demás ejecuciones. Como a las 11 de la mañana vimos entrar a Manuel María González acompañado de “Avispa” y Medina, trayendo preso al señor Pedro Varela, conduciéndolo a la sala donde estaba Funes. Este le dijo a González: “sáquenlo para afuera”; esto significaba en el lenguaje de aquellos infames: vayan a matarlo; en efecto, al acto echaron para afuera aquella víctima indefensa, en la esquina de Doña Juana Orozco, le hicieron un tiro en la cabeza dejándolo herido y bañado con su propia sangre corrió desesperado y entró a la casa de Funes,  se le arrojó al cuello y le suplicó por su madre, que lo salvara de esa gente que lo querían asesinar; la contestación de Funes fue, que furiosos le gritó a González que “procediera sobre el hombre”, y como Medina  y  “Avispa” lo arrancaron de los brazos de su miserable y cruel verdugo, él se agarró desesperadamente a la puerta de la calle. Entonces González levantó el machete aún lleno de sangre descargándole un tremando machetazo sobre el hombro de aquel indefenso y desgraciado joven. El brazo derecho se desplomó casi desprendido del tronco y luego los cinco asesinos lo arrastraron hacia afuera y a tiros y machetazos, como quien mata a un animal, lo remataron.

Allí, horrorizados por tan terrible escena y llenos de temor por nuestras vidas, oímos palabras terribles: “¿a quiénes mandaron?” – le preguntaron a “Avispa” que entraba todo lleno de sangre; - “mandamos a los Espinoza, y uno de ellos, Alberto, no quería irse y se levantó del hoyo, pero lo hicimos ir”.

“La ganamos”  - decía con voz cavernosa Manuel María González - ; mientras en la calle victoreaban a Funes. “La ganamos”, esos ladrones nos estaban robando, y luego agregaba “que no querían dejar ni una semilla de andino en Río Negro”.

Al amanecer del día siguiente quise saber de don Enrique, pues me decían que estaba herido; le pregunté por él a Funes, este se manifestó sorprendido y me dijo que fuera a ver por él en su casa.

Yo sabía, por haberlos cobrado personalmente, que Delepiani tenía más de trescientos pesos en su baúl y grande fue mi sorpresa cuando al llegar a la casa la vi toda en desorden; los baúles abiertos y reventados y todos los intereses y los libros habían desaparecido. Regresé casa de Funes y le conté lo que había sucedido y la seguridad que tenía de la muerte del señor Delepiani; él, hipócritamente, me manifestó su sorpresa y me dijo que no sabía nada de su muerte.

A las 4 de la tarde del día 9, junto con seis hombres más, al mando de Rosalino Herrera fui conducido a Atures, desarmado; allí me armaron la tarde del día en que llegué, donde me hacían montar guardia. Pocos días después, una comisión que bajaba para Ciudad Bolívar no tuvo el valor suficiente para llevarse de ese infierno a la señora del General Pulido, haciéndole ver que la falca donde venían era muy pequeña.

 Más tarde bajaron de San Fernando varias embarcaciones cargadas de goma de Salomón Kashen y Paraquet. No dudo que mucha de la goma de Funes viniera allí pues yo había visto unos días antes en la casa de Funes como seiscientos quintales de goma fina y mucha goma también en casa de Gaviní.

Recordé mucho entonces que Funes le había dicho a Delepiani que no se bajara, que lo esperara; y a su regreso del Casiquiare insistió mucho en que esperara unos días; y como él le debía a Delepiani unos $ 30.000 creo firmemente que esos bandidos lo sacrificaron para robarlo y para no pagarle la cuenta.

Los baúles e intereses de las otras víctimas, a las cuales, después de asesinadas, le arrancaban hasta las prendas como le hicieron a los Pulido y Baldó, que llevaban encima, fueron robados; pues el único móvil e esta carnicería humana es el robo.

Lo mismo debe haber sucedido con las otras víctimas, pues Baldomero Benítez tenía 45 quintales de goma, el General Pulido tenía 35 y Capecci, Pedro Varela y todos, tenían sus gomas.

Cuando llegó el vapor “Alianza” y recibieron la correspondencia de Ciudad Bolívar, me llamó Maestracci, y como había una carta para el señor Delepiani de don Virgilio Casalta, me dijeron sarcásticamente que se la llevara a don Enrique. Allí tal vez me hubiera tocado mi turno si las circunstancias no me hubieran favorecido.

Miguel Pulido, llegado en el “Alianza”, había subido a Maipures y estaba ya de regreso a Atures y tenía orden superior de llevarse 7 hombres hasta Caicara, para que lo custodiaran.

Maestracci, Jefe Civil de aquel lugar, se resistió a darle los 7 criollos y solo le dio 6 indios y un criollo: yo fui el escogido, con la condición de regresarme a Caicara. Una vez en Caicara, Pulido mi hizo ver que las cosas aquí en Bolívar estaban muy malas, que me podían prender y que yo debía devolverme.

Así lo hice, pero sólo llegué La Urbana, donde me quedé, no queriendo de ningún modo volver a ese lugar de sangre y de muerte, de donde con seguridad no hubiese salido más. Pocos días después bajaba el amigo Isaías Bazanta en una lancha de un americano y yo me vine con él.
José R. Veras

El Luchador del 18 de julio de 1913

Histórica casa de Tomás Funes en San Fernando de Atabapo, derrumbada por el ex alcalde Nepomuceno Patiño. Según el antiguo Cronista Don Manuel Henríquez  era una bodega y se llamaba 
“La Porfía”. Año 1958.

Tomás Funes y Roberto Pulido, los principales protagonistas de los hechos violentos del 8 de mayo de 1913. Aun estos hechos continúan en Amazonas: recordemos, por ejemplo, la matanza de indios Yanomami en Aximú o la reciente masacre de presos en Puerto Ayacucho. El escritor colombiano José Eustacio Rivera en su obra “La Vorágine” sentencia: “en Amazonas hay muchos Funes, aunque solamente uno lleve el nombre”. Esa violencia está vigente por los modernos Funes y Pulido y los amazonenses somos los mismos de siempre, vilipendiados, marginados y exterminados.
                                                                                                      

Ciudad Bolívar,  septiembre de 2017.

*Cronista de Atures

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