100 AÑOS DEL FUSILAMIENTO DE TOMÁS FUNES - Tomás Funes & Emilio Arévalo Cedeño

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TOMÁS FUNES & EMILIO ARÉVALO CEDEÑO

Miguel Guape

NOTA DEL EDITOR: Sobre Tomás Funes y Emilio Arévalo Cedeño se ha escrito mucho. En este artículo se dará las semblanzas de Tomás Funes que plasmó Sebastián González Perdomo en su escrito publicado en EL LUCHADOR de Ciudad Bolívar el 23 de junio de 1913 y las que trata Oldman Botello, sobre ambos personajes, por internet. De las otras facetas de Funes, el lector puede formársela a través de los artículos anteriores. También en el próximo artículo que aparecerá por este medio del historiador Ramón J. Velásquez, el ponente hace el retrato, sobre todo de Funes.

TOMÁS FUNES & EMILIO ARÉVALO CEDEÑO

EL Artículo

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TOMÁS FUNES

Me hablaron con antelación de él, y no mintieron en un átomo los que me hicieron una suma de detalles escogidos, capaces de conmover al más vanidoso. Serio, grave, con esa gravedad que no trata de economizar modestia, abierta a sol de vida como un símbolo de austeridad, supo regalar mi análisis con impresiones que hacían más precisa la sonoridad del pensamiento. Sencillo sin afectación, con esa sencillez que habla muy alto de ciertos caracteres que reconocen como norma principal de sus deberes, la fuerza de la convicción y la grandeza de la disciplina. Su estudio psicológico dio a mi criterio un conciso movimiento de expresión y a largo de indagar me hizo creer que la rectitud no era utopía, destronada hasta entonces por el interés de ciertos pensadores.

Tomás Funes, por la indiscutible integridad de su carácter, por la profunda rigidez de sus procedimientos y la pulcra austeridad de sus principios, es, sin lugar a discusión, la primera personalidad del Territorio. Su nobleza le ha conquistado el puesto de preferencia en el seno de sus correligionarios. Y es que su prestigio estriba en el corazón, y al contrario de la generalidad, no se ha impuesto por las turbulencias del carácter sino por el brillo de la generosidad. El garantiza el orden, glorifica el trabajo y prestigia la justicia. Su palabra tiene el sello de la probidad. Su criterio es recto y sereno como la de un Cuáquero. Y es de tal modo la influencia de su carácter en la vida de esta tierra, que una sola palabras o un solo gesto suyos, calmarían la más grave borrasca popular o darían margen a la más rápida revuelta social.

Es el apoyo más sólido con que cuenta todo Gobernante, para mantener ileso el imperio de la paz, hacer efectivas las garantías constitucionales y las imposiciones de la Ley.

Samuel Darío Maldonado, tan parco en elogios personales, lo presenta al Territorio como un modelo de rectitud mercantil y de honradez ciudadana; y Roberto Pulido manifiesta públicamente que en vano solicitó un concepto deprimente para la personalidad de Tomás Funes, a efecto de constituir el juicio definitivo que a cerca de su posición moral deseaba realizar; y solo halló claro, radiante, intachable en todas partes un cariño que se parecía a un culto, que un vago sentimiento espiritual nacido al calor de un interés particular.

Funes es el Jefe de la primera casa comercial del Territorio, a donde ha llegado por el esfuerzo de su labor ruda, íntegra y perseverante. Por entre las breñas a veces del fracaso y a raíz de crueles desencantos. Su personal gomero, a diferencia de los otros, se halla constituido únicamente de civilizados, que hablando en honor a la verdad tan solo puede él dominarlos, sometiéndolos a un régimen severamente militar. Su negocio, por la seriedad y disciplina que en todos sus actos se observa, a veces se asemeja más a un cuartel que a una casa mercantil. Y es que él como soldado de otros días, en que presilla tenía una alta significación moral, no puede olvidar las excelencias de una carrera (para la cual posee grandes cualidades) donde prestigió los años más hermosos de la juventud, saboreando las mieles que brinda el alamar y las agitaciones y los cruentos sacrificios de que es objeto el soldado en la vida incierta y fugaz de nuestras guerras interiores. Liberal en el sentido puro, en la acepción nata de la frase, su amplitud espiritual se reviste de una augusta generosidad para constituirse en el oráculo de la amistad o en el refugio de los menesterosos. Sus convicciones en este particular, más que un sistema convencional son el producto de una doctrina en todo el brillo y el esplendor de sus revelaciones. Extraño a toda especulación comercial, fuera de todo interés premeditado, ageno al regateo ignominioso que predomina en el bajo fondo de las pasiones humanas, sus manos como su corazón se hallan abiertos perennemente para todo reclamo imperioso, bien sea moral o material. Y nada ha sido suficiente para turbar la serenidad de aquella alma, de corte socrático y de fondo catoniano, perfilada siempre en un símil de esparciata hacia un misterioso horizonte de conquista.

Separado ya para algunos años de la política militante, ha tenido siempre el orgullo, el valor y la franqueza de sus convicciones. No ha mucho que atacado el partido liberal - en forma azás alevosa - contra su vida imperecedera de merecimientos, rompió el silencio que lo envolvía como en una púrpura gloriosa y en una carta independiente y gallarda combatió por su soberanía, señalando su influencia indiscutible en el periodo evolucionador de la época, sus excelencias como doctrina democrática y su pureza de principios esencialmente moralizadores y altruistas.

Mañana, cuando el elogio lo mismo que el dicterio realicen el concepto que verdaderamente les concierne en el criterio de la moral pública, y la justicia del escritor sea la consecuencia de un juicio meditado e imparcial; cuando la sanción de la palabra escrita revista el carácter y la inflexibilidad que se requiere para destruir los ídolo de arcilla y señalar a los hombres meritorios y honrados el puerto que de hecho les corresponde; cuando la reacción de los cerebros irrumpa como un mar colérico, barra los últimos vestigios de una generación decrépita y malsana y cante el himno de los elegidos al pie de de la roca impasible de la integridad, cuando el espíritu se reanime y la conciencia nacional predomine, y podamos ver de cerca - en proyecto cuando sea - el gran pensamiento de Bolívar: “El areópago de nobles cabezas blancas , ceñidas de laureles, sentadas en el hemiciclo bajo el sereno busto de la República, contemplando a sus pies la juventud coronada de rosas y dictando las leyes que hacen más expléndida y armoniosa la fiesta de la primavera”...Bien merece esta “silueta” ser interpretada como el acto de una profunda justicia y la más alta expresión de sinceridad.

LEOPOLDO DARIO

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Comentarios al artículo:

1.  Se respeta la forma del escrito original.

2. LEOPOLDO DARIO, como habíamos visto, era el seudónimo que utilizaba Sebastián González Perdomo para sus escritos.

3. Algo importante es en el escrito es que, según él, Funes no utilizaba manos de obra indígena. Eso significa que no los explotaba, al menos en esa época.

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Otros comentarios:

1. Así como Funes (y también Emilio Arévalo Cedeño) tiene muchos detractores, también tiene defensores: uno de ellos, que ha estudiado la historia a profundidad es el Cronista Oldman Botello, quien presenta documentos y testimonio de gentes que vivieron este proceso de hace ahora 100 años.

Cuando se cumplieron 90 años del fusilamiento de Funes escribió lo siguiente:

“El 27 de enero de 1921, después de cuarenta minutos de camino por la espesura de la pica de Tití, el general Emilio Arévalo Cedeño entraba a plomo a San Fernando de Atabapo, antigua capital del Territorio Federal Amazonas y asediaba el cuartel del coronel Tomás Funes, gobernador territorial, quien se hallaba con poca gente, habida cuenta de que todos estaban en la cosecha de sarrapia. Por allí no esperaba jamás el taimado Funes el ataque de ninguna fuerza enemiga. Arévalo Cedeño (Valle de la Pascua 1882- 1965) había salido el 31 de diciembre de 1920 del campamento revolucionario de Cravo Norte, en la confluencia de los ríos Casanare y Cravo Norte, República de Colombia y 27 días después ya estaba en las cercanías de la guarida de los leones. El coronel Funes, barloventeño de San José de Río Chico, hijo natural del general Lorenzo Guevara, se desempeñaba como autoridad del Amazonas desde 1913 cuando se hizo del poder luego de atacar con una poblada al muy odiado gobernador, general Roberto Pulido, muerto en la acción junto con sus compinches. Se le odiaba en toda aquella región por las tropelías, especialmente por cobrar impuestos por todo, como lo atestiguó en su momento un pariente y paisano de Funes, don Manuel Rodríguez Batista, a quien conocimos en 1976, residiendo en San Juan de los Morros”...

“En cuanto a la asonada de Funes contra Pulido y su camarilla, tuvo su razón en el despótico y arbitrario gobierno que ejercía en Río Negro o Amazonas (allá nacieron mis tíos y mi padre y por eso siempre hablo con propiedad; el general Aldana era compadre de mi abuelo, padrino de mi tía mayor que murió de 96 años y siempre me contaba los hechos de Funes en 1921)”...

“En mi libro inédito con la auténtica biografía de Arévalo corrijo, aclaro, modifico y apoyo documentalmente algunas cosas que él afirma en sus memorias llamado EL LIBRO DE MIS LUCHAS. Recuerde que todos los que han escrito sobre la materia, como Àlamo, Pablo Anduze, Oscar Yánez y otros más lo han sido siguiendo al dedillo el cuento que les metió Arévalo. Pero la historia se hace con documentos y de mi trabajo resurgirá el auténtico Arévalo, el terrenal y no el mito”...

“El general Gómez dejó a Funes encargado del Territorio, nunca fue juramentado, no se le extendió nombramiento, pero allí quedó. Jamás visitó al Jefe en Maracay, pero le escribía telegramas y cartas dándole las novedades. Cumplía el deber a su manera”...

“Durante el ataque a su cuartel, el coronel Funes, tal cual lo hizo en la guerra desde 1892, se defendía con denuedo con un puñado de oficiales y soldados suyos que vendían cara la vida. Hasta que cansado, Arévalo Cedeño ordenó regar petróleo al inmueble y le iba a dar fuego cuando Funes aceptó parlamentar, pero fue una rendición a discreción donde no se aceptó nada en su favor”...

“Arévalo Cedeño escribió en sus memorias tituladas EL LIBRO DE MIS LUCHAS (los guasones le decían en Caracas El libro de mis lochas, porque lo vendía personalmente en instituciones oficiales y privadas), que Funes habría hecho asesinar a 420 personas desde 1913 y don Manuel Henríquez, Cronista que fue de Puerto Ayacucho nos comentaba que en toda Amazonas no había 400 blancos en ese tiempo... lo cual corroboré consultando el censo de Amazonas de 1926 y calculando el que habría para la fecha”...

“Un remedo de juicio fue realizado por instrucciones de Arévalo, quien colocó como defensor de Funes a su secretario, el coriano don Eliseo Henríquez (padre de don Manuel, ya citado) y por supuesto que la decisión final fue su fusilamiento, lo que se cumplió al pie de un árbol que todavía está en la plaza Bolívar de San Fernando de Atabapo”...

“No es cierto lo que escribió Arévalo en su libro donde incluye muchas inexactitudes ex-profeso y que serán reveladas en mi biografía sobre el personaje, en vías de publicación; no es cierto que la gente gritó de contento cuando se desplomó sin vida el menudo personaje todo vestido de negro. Al contrario, los indios principalmente, con quien se portó tan bien, lloraron a su benefactor como unos niños y de eso hay testimonios”...

“Arévalo... asegura en su libro que unos sádicos, de los hombres de Funes, habrían violado y asesinado a la esposa del gobernador Roberto Pulido en 1913 y es incierto. La señora Pulido no murió violada ni mucho menos. Murió de beriberi en Maipures, si mal no recuerdo, bien lejos de Atabapo. Sus joyas las entregó mediante inventario el Dr. Rafael Cabrera Malo a la criada de los Pulido-Baldó y a otros familiares a quienes se las entregó en Ciudad Bolívar. Todo eso lo tengo documentado en mi libro inédito EL FACCIOSO ARÉVALO CEDEÑO que aspiro a publicar a comienzos del año por Monteavila Editores... el libro inédito y los documentos originales que obran en mi poder”...

“Un guariqueño asimilado, don Tito Sierra Santamaría, tachirense de Rubio, quien a los 21 años se incorporó a las fuerzas de Arévalo y asistió a la toma de Atabapo, nos contó cómo fue el proceso. Cuando iban a vendar al gobernador de Amazonas, este se negó y exclamó en voz alta "¡Hombres de mi temple no se vendan. Quiero ver a mis asesinos!". Luego entregó a uno de los oficiales del pelotón de fusilamiento su anillo de brillantes y le dijo: "Use este anillo en nombre de Tomás Funes" (el anillo causó la muerte violenta de todos quienes lo usaron, tanto en Venezuela como en Colombia, según es fama). Exclamó para que lo oyeran todos "¡¡Malhaya sea Antonio Levanti que me vendió con Arévalo Cedeño!!" Finalmente tomó su sombrero, lo lanzó al público y se despidió: "Adiós, amigos míos". Inmediatamente el coronel Marcos Porras Becerra dio la orden de fuego y el 30 de enero de 1921, a las 9 de la mañana, se cumplió la sentencia del remedo de juicio”...

“El fusilamiento de Funes y sus siete invasiones fallidas en el intento de derrocar al muy sólido régimen del general Juan Vicente Gómez, lo catapultaron a la fama. Lo de Funes fue un vil asesinato porque ninguno de sus jueces tenía revestimiento de autoridad oficial para cometerlo. Lo decimos a contracorriente de lo que se ha venido diciendo desde 1936 para acá, pero es que tenemos muchos documentos a mano que nos ponen en conocimiento de la verdad histórica”...

De los sucesos de Río Negro y el fusilamiento del coronel Tomás Funes se cumplen 90 años. Su tumba en el cementerio de San Fernando de Atabapo fue cercada y cuidada por instrucciones de un gobernador adeco en 1965, don Ramón Narváez Montaño, quien nos lo dijera hace años conversando al lado del doctor Ramón J. Velásquez.

2. En septiembre 1967, en El Universal de Caracas, el cronista Guillermo José Schael publicó en su columna “Brújula” una misiva de un sobrino de Funes, Miguel A. Pérez Mirabal, proporcionando una versión de los sucesos de San Fernando de Atabapo obtenida, a su vez, del testimonio de Santana Veitía, hombre de brega del campo relacionado con ambos protagonistas de estos lances. Citémoslo: “Uno de los hechos que no sólo esclarece sino que confirma el señor Veitía, es el relacionado con la toma de Río Negro (…) Ella no fue cruenta en sí (…) Arévalo Cedeño no tuvo que pelear prácticamente. Y la muerte de Funes fue resuelta en medio de un diálogo más o menos del tenor siguiente:

— ¿Qué hago contigo, Funes?— inquirió Arévalo.

— Lo mismo que haría yo contigo, en situación contraria —respondió Funes—, te fusilaría…

Por lo que su sentencia prácticamente se la dictó el mismo Funes. Consecuente siempre con la crueldad y rudeza que significó su existencia, Funes era hijo de mi abuelo materno José Miguel Guevara”

3. Había un Decreto original sobre educación que fue sustraído por el entonces Secretario General Oswaldo Calderón de los archivos de la Gobernación; fue firmado por Funes justo antes de su fusilamiento. Este valioso documento desapareció, al igual que han desaparecido los archivos de Amazonas. El Secretario nombrado dice que lo regaló; otros aseguran que lo vendió. Ojalá algún día aparezca. El cronista recién desaparecido Pascual Silva poseía una copia.

4. Recientemente la tumba de Funes fue saqueada. Al parecer fue un acto vandálico de santeros, al igual y por los mismos motivos, que Hugo Chávez hizo con la tumba del Libertador Simón Bolívar, para sacar el murraco que ahora es el retrato de bolívar. Ya sabemos su final. Ojalá la maldición de Funes también alcance a estos desgraciados.

5. Ramón J. Velásquez escribe en su disertación sobre Funes que aparecerá el viernes 29:

Tal vez, por su origen indígena, a los únicos que respeta y contra los cuales prohíbe sanciones es a la población indígena, sus relaciones y persecuciones es con la población que entonces se llamaba, creo que ya no se llama así, de “racionales”.

No es el único historiador que hace tal aseveración. También es tradición este gesto, tal vez de origen atávico, que acompañó durante toda su vida al personaje.

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